Crónicas Cinéfagas
SHERLOCK
Les
confesaré algo: jamás he leído una novela de Arthur Conan Doyle y, por tanto,
mi relación con el personaje de SHERLOCK HOLMES no tiene ninguna rémora
sentimental que me hiciera desconfiar a priori de la versión cinematográfica
servida por un recuperado Guy Ritchie (después de casi arruinar su carrera
mientras estuvo compartiendo lecho con Madonna). Debido a las muestras de
(casi) indignación que algunos han mostrado hacia la película, parece que soy
de los únicos que no tienen un Doctorado en “Sherlockholmismo”: de repente ha
surgido de no se sabe dónde una caterva de puristas expertos en Conan Doyle que
no han abierto un libro de este buen señor en su vida, molestos por ver a
Sherlock Holmes haciendo artes marciales, por el poco creíble acento inglés de
Robert Downey Jr. (los que la han visto en versión original, claro) o por el
hecho de que Watson no sea un tipo rechoncho con bombín sino el guaperas de
Jude Law. Pamplinas. En lo del acento, vale, puedo entenderlo, pero mi última
preocupación cuando veo una película es si el acento del protagonista se ajusta
a la realidad geográfica donde se ubica la historia. En cuanto a lo demás, no
hace más que delatar a esos impostores que se las dan de saber mucho de
Sherlock Holmes y no pueden hacer otra cosa que quedar en evidencia a poco que
se investigue (o que hable con alguien que sí que tiene experiencia en la
lectura de los textos de Arthur Conan Doyle): en ‘La aventura de la casa vacía’
(1901), el escritor describía cómo Sherlock Holmes se deshacía de un enemigo
utilizando técnicas del Bartitsu (aunque lo escribió de manera incorrecta, “Baritsu”),
un arte marcial desarrollado en Inglaterra entre 1898 y 1902 por un ingeniero
británico que había pasado tres años viviendo en Japón. En cuanto a Watson, en
las novelas es descrito como un exmilitar, un hombre de acción, y no el acompañante
ñoño que el cine se ha encargado de establecer como imagen canónica del
personaje.
Pero
calibrar el éxito de una película en función del rango de fidelidad con
respecto a su original (una novela, una serie de televisión, un videojuego, lo
que sea) es algo de lo que nadie debería fiarse y, como ya dije, en este caso
mis referencias eran insuficientes. Así que sólo me queda valorar el SHERLOCK
HOLMES de Guy Ritchie por lo que es: una superproducción que no se empeña en
demostrar que lo es, con un guión ágil y poco complicado que nos hace pensar en
DOS HOMBRES Y UN DESTINO tanto como en ARMA LETAL (por mucho que la ambientación
sea radicalmente distinta a la de aquellas), además de una nueva ocasión de
lucimiento para el gigantesco Robert Downey Jr., demostrando otra vez aquí que,
además de derrochar carisma y aptitudes actorales, posee recursos suficientes
para resultar creíble como héroe de acción (no en vano el actor es en realidad
practicante del estilo Wing Chun de Kung-fu). Tiene más virtudes (y algunos
defectos, lógicamente), pero me quedo sin espacio. Quizá el mejor resumen que
puedo hacer es que espero que haya más Sherlock Holmes en el futuro.
Les
confesaré algo: jamás he leído una novela de Arthur Conan Doyle y, por tanto,
mi relación con el personaje de SHERLOCK HOLMES no tiene ninguna rémora
sentimental que me hiciera desconfiar a priori de la versión cinematográfica
servida por un recuperado Guy Ritchie (después de casi arruinar su carrera
mientras estuvo compartiendo lecho con Madonna). Debido a las muestras de
(casi) indignación que algunos han mostrado hacia la película, parece que soy
de los únicos que no tienen un Doctorado en “Sherlockholmismo”: de repente ha
surgido de no se sabe dónde una caterva de puristas expertos en Conan Doyle que
no han abierto un libro de este buen señor en su vida, molestos por ver a
Sherlock Holmes haciendo artes marciales, por el poco creíble acento inglés de
Robert Downey Jr. (los que la han visto en versión original, claro) o por el
hecho de que Watson no sea un tipo rechoncho con bombín sino el guaperas de
Jude Law. Pamplinas. En lo del acento, vale, puedo entenderlo, pero mi última
preocupación cuando veo una película es si el acento del protagonista se ajusta
a la realidad geográfica donde se ubica la historia. En cuanto a lo demás, no
hace más que delatar a esos impostores que se las dan de saber mucho de
Sherlock Holmes y no pueden hacer otra cosa que quedar en evidencia a poco que
se investigue (o que hable con alguien que sí que tiene experiencia en la
lectura de los textos de Arthur Conan Doyle): en ‘La aventura de la casa vacía’
(1901), el escritor describía cómo Sherlock Holmes se deshacía de un enemigo
utilizando técnicas del Bartitsu (aunque lo escribió de manera incorrecta, “Baritsu”),
un arte marcial desarrollado en Inglaterra entre 1898 y 1902 por un ingeniero
británico que había pasado tres años viviendo en Japón. En cuanto a Watson, en
las novelas es descrito como un exmilitar, un hombre de acción, y no el acompañante
ñoño que el cine se ha encargado de establecer como imagen canónica del
personaje.




















