Aclaraciones a Teodoro Gracia · María Jesús Pérez Hernández · Puebla de la Calzada
En primer lugar, quiero aclarar un mal entendido. Jamás he
pretendido dar lecciones de cristiandad, como usted dice en su escrito, ni a
usted ni a nadie, sólo me limito a recibirlas. También quiero decirle que
cuando he hecho mención a su nombre no lo he hecho públicamente como dice en su
escrito. Le concreto que cuando hice este comentario fue en una tienda del
pueblo cuando estaban sus propietarias solas y esto no es hacerlo públicamente.
Hacerlo públicamente es lo que ha hecho usted conmigo en su carta, con mención
expresa de mi nombre y, por si cabía alguna duda, ha mencionado hasta mi
filiación, de la que estoy enormemente orgullosa.
No debería olvidar que usted es una persona que trabaja en el ámbito público ,
es concejal, por dicho motivo debería estar más abierto a las críticas o al
menos saberlas aceptar. Recuerdo como el año pasado se puso hecho una auténtica
fiera en la entrega de premios del carnaval cuando un miembro de la Comisión
del Carnaval simplemente le sugirió que el Ayuntamiento debería apoyar más este
evento.
Me gustaría aclararle que mi matrimonio no me lo he pasado por el forro (reflejo
la expresión que utiliza en su artículo). Cierto es que estoy divorciada, pero
una cosa y otra son distintas. Le rogaría que cuando hiciera mención a
una situación de ruptura matrimonial, lo hiciera con más delicadeza,
sentimiento, respeto y no con tanta frivolidad, pues le aseguro que son situaciones
muy difíciles, duras y de auténtico sufrimiento y más cuando hay hijos; me
atrevería a asegurar que quizá sea de las situaciones más duras de la vida, y
los que han pasado por ella, saben de lo que estoy hablando.
Me dice que a los ojos de Cristo sigo casada. Le recuerdo que existe la nulidad
canónica que implica declarar la inexistencia del mismo y usted de mi vida no
sabe nada para hacer comentarios de este tipo y no es quien para decirme si
peco a no peco. Por ejemplo, a aquellas mujeres víctimas de violencia de
género ¿qué sensación tendrían cuando le escucharan decir que se han pasado su
matrimonio por el forro?. Sería conveniente que hablara con algún sacerdote
para que le explicara algo sobre este tema.
Los dos coincidimos en que intentamos cumplir los mandamientos, pero le recuerdo
que el tercero, no sólo no lo intenta sino que además nos critica a todos los
que lo hacemos y para colmo se atreve a llamarnos fariseos y decirnos que
es cara a la galería.
Dice que es una buena persona con sus semejantes. Imagino que se estará refiriendo
a sus amigos, pues si por semejantes entendemos a todas las personas, le
aseguro que somos muchas las que tenemos criterio para no calificarlo
como tal. Usted es el que frecuentemente escribe artículos dando lecciones de
moralidad. El publicado últimamente en el que “desde el respeto y cariño”, pone
a la persona de vuelta y media, pronunciando frases que no todo el mundo sería
capaz de decir ya que hay que tener mucha rabia, por no decir otra cosa,
para decir lo que dice, simplemente por el hecho de no entender ni compartir la
postura ajena: eso no es tolerancia. No sé que hubiese podido escribir si no lo
hubiera hecho con cariño y respeto como destaca usted.
Lo que sí me va a permitir es que le dé un consejo. Cuando escriba dando
lecciones de moralidad y poniendo verde a todo el que se le antoja, sería más
ético y estético que empleara más a menudo en los tiempos verbales
la primera persona, tanto del singular como del plural, (yo hago; yo
peco; yo soy; nosotros hacemos; nosotros pecamos; nosotros somos) ya que tiene
tendencia a emplear la segunda persona (tú haces; tú pecas; tú eres; vosotros
hacéis; vosotros pecáis; vosotros sois). ¡Ah!, me olvidaba, también le aclaro
que no me siento en la primera fila de la Iglesia, ni me doy golpes de pecho.
María Jesús Pérez Hernández
Puebla de la Calzada
En primer lugar, quiero aclarar un mal entendido. Jamás he
pretendido dar lecciones de cristiandad, como usted dice en su escrito, ni a
usted ni a nadie, sólo me limito a recibirlas. También quiero decirle que
cuando he hecho mención a su nombre no lo he hecho públicamente como dice en su
escrito. Le concreto que cuando hice este comentario fue en una tienda del
pueblo cuando estaban sus propietarias solas y esto no es hacerlo públicamente.
Hacerlo públicamente es lo que ha hecho usted conmigo en su carta, con mención
expresa de mi nombre y, por si cabía alguna duda, ha mencionado hasta mi
filiación, de la que estoy enormemente orgullosa.
No debería olvidar que usted es una persona que trabaja en el ámbito público ,
es concejal, por dicho motivo debería estar más abierto a las críticas o al
menos saberlas aceptar. Recuerdo como el año pasado se puso hecho una auténtica
fiera en la entrega de premios del carnaval cuando un miembro de la Comisión
del Carnaval simplemente le sugirió que el Ayuntamiento debería apoyar más este
evento.
Me gustaría aclararle que mi matrimonio no me lo he pasado por el forro (reflejo
la expresión que utiliza en su artículo). Cierto es que estoy divorciada, pero
una cosa y otra son distintas. Le rogaría que cuando hiciera mención a
una situación de ruptura matrimonial, lo hiciera con más delicadeza,
sentimiento, respeto y no con tanta frivolidad, pues le aseguro que son situaciones
muy difíciles, duras y de auténtico sufrimiento y más cuando hay hijos; me
atrevería a asegurar que quizá sea de las situaciones más duras de la vida, y
los que han pasado por ella, saben de lo que estoy hablando.
Me dice que a los ojos de Cristo sigo casada. Le recuerdo que existe la nulidad
canónica que implica declarar la inexistencia del mismo y usted de mi vida no
sabe nada para hacer comentarios de este tipo y no es quien para decirme si
peco a no peco. Por ejemplo, a aquellas mujeres víctimas de violencia de
género ¿qué sensación tendrían cuando le escucharan decir que se han pasado su
matrimonio por el forro?. Sería conveniente que hablara con algún sacerdote
para que le explicara algo sobre este tema.
Los dos coincidimos en que intentamos cumplir los mandamientos, pero le recuerdo
que el tercero, no sólo no lo intenta sino que además nos critica a todos los
que lo hacemos y para colmo se atreve a llamarnos fariseos y decirnos que
es cara a la galería.
Dice que es una buena persona con sus semejantes. Imagino que se estará refiriendo
a sus amigos, pues si por semejantes entendemos a todas las personas, le
aseguro que somos muchas las que tenemos criterio para no calificarlo
como tal. Usted es el que frecuentemente escribe artículos dando lecciones de
moralidad. El publicado últimamente en el que “desde el respeto y cariño”, pone
a la persona de vuelta y media, pronunciando frases que no todo el mundo sería
capaz de decir ya que hay que tener mucha rabia, por no decir otra cosa,
para decir lo que dice, simplemente por el hecho de no entender ni compartir la
postura ajena: eso no es tolerancia. No sé que hubiese podido escribir si no lo
hubiera hecho con cariño y respeto como destaca usted.
Lo que sí me va a permitir es que le dé un consejo. Cuando escriba dando
lecciones de moralidad y poniendo verde a todo el que se le antoja, sería más
ético y estético que empleara más a menudo en los tiempos verbales
la primera persona, tanto del singular como del plural, (yo hago; yo
peco; yo soy; nosotros hacemos; nosotros pecamos; nosotros somos) ya que tiene
tendencia a emplear la segunda persona (tú haces; tú pecas; tú eres; vosotros
hacéis; vosotros pecáis; vosotros sois). ¡Ah!, me olvidaba, también le aclaro
que no me siento en la primera fila de la Iglesia, ni me doy golpes de pecho.
María Jesús Pérez Hernández
Puebla de la Calzada

















