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Lunes, 28 de Noviembre de 2011

Vivir en un Pueblo (Monólogo)

Vivo en un pueblo. Muy cerca de una Capital, pero en un Pueblo y además, un pueblo chico. También he vivido en capitales, pero no es igual. Aquí está todo más cerca, conoces y te conoce todo el mundo, ¡¡¡coño, el cartero!!!. En la Capital, sabemos que existen los carteros, en Navidad. Y no siempre. Te llaman al portero automático y te dicen…

-       Buenos días, soy el cartero….

-        ¿Qué me trae un telegrama…?.

-        No señor, solo quiero desearle una Feliz Navidad.

-        Ahh, pues muchas gracias, igualmente.

-        Perdone, caballero…¿es usted español…?.

-        Si señor, a mucha honra, y campeón del mundo de fútbol…¿Por qué me lo    pregunta?.

-       Porque en España, por Navidad, es costumbre dar una propinilla al cartero. Ya sabe usted, el Aguinaldo.

 

Y te dices a ti mismo…¡¡¡coño, el aguinaldo al Cartero!!!. Y al Portero, y al que barre la calle, y al guardia urbano, y al del aparcamiento…!!!. Una pasta en aguinaldos, sin contar el coñazo de los niños que te ponen la cabeza loca con los villancicos, ni las participaciones de Lotería de 50 céntimos de la panadería, la pescadería, la carnicería, el del estanco, el de la fruta… Y sin contar con el basurero. Ese es el más madrugador. Y me pregunto yo…¿para ser basurero no hay que pasar ningún examen psicológico y hacerlo peor que nadie…?. Porque he deducido que los basureros son todos un poco psicópatas. No solo te dan el coñazo cuando se llevan la basura, con los porrazos a los contenedores, el piii.piii del camíón marcha atrás…¡¡¡es que te piden el aguinaldo a las 3 de la madrugada, que es cuando pasan!!!.  

 

En el pueblo es distinto. Nadie tiene buzón de correos y las puertas están siempre abiertas. El cartero nunca tiene que llamar dos veces…es que ni llama. Entra directamente. Hasta la cocina, donde estás desayunando…

 

-       ¿Qué…?, como se presenta el día.

-       Bueno, pues ya ve usted. Aquí, desayunando.

-       Muy bien hombre, que suerte tiene usted. Yo aún no he desayunado.

-       Hombre, por Dios…¿hace un cafetito?.

-       Pues hombre, si además se me estira un poco y me pone una tostadita con jamón como la suya…mejor. Aquí le dejo estas 7 cartas, que hay que joderse con la crisis…¿Qué pasa, que el mes pasado le hemos pegado a la Visa, claro…?. Por cierto, ni he desayunado, ni he meado y vengo que reviento…

-       Nada, hombre, pase usted al baño. La taza, ya sabe usted que es la mas alta. ¡Lo bajito es el bidé. También es blanco, pero mear, se mea en la taza!. Las toallas están colgadas y hay jabón de olor chocolate en el lavabo.

 

Y allá que se va el cartero, gruñendo entre dientes…”hay que ver esta gente de capital, cuanta mariconada tiene en casa”. Eso si, como hay confianza y ganas de ayudar, te basta una sola insinuación y el tío va…¡¡¡y te recoge el lavavajillas!!!. Que te dices a ti mismo… “hay que joderse con la crisis…¿este tío es el cartero o la Ayuda a Domicilio del Ayuntamiento?.  

 

Y es que, quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Pero si además, es cartero…te controla la economía y te ayuda a hacer las camas, macho, que eso es un alivio en estos tiempos que corren.

 

En la capital, las visitas llaman al telefonillo. Aquí, no. Aquí la gente entra directamente y a voces…: ¡¡¡Maríaaaaa…Santiiiii…!!!. Coño, que te pegan unos sustos…Porque claro, si no cierras la puerta de la calle, menos vas a cerrar las puertas interiores, hay confianza. Y más de dos veces tienes que salir del trono, donde estás haciendo tu crucigrama, mientras gruñes para hacer fuerzas, cuando, de golpe, entra la vecina. ¡¡¡Y menos mal que se viene anunciando a voces…!!!. Y sales, claro que sales…con el pantalón bajado a las rodillas, andando como un pingüino, con el culo apretao. Y la vecina te dice…:

 

-       Huy, por Dios…yo no quería molestar.

-       No te preocupes mujer, no molestas. Tenia que levantarme a cerrar la puerta del baño, no fuera a ser el cartero, que se viene meando.

 

Es curioso lo de los pueblos. Aquí, lo de la confianza es una norma de vida. El Alcalde te conoce y tú conoces al alcalde. Yo llevo viviendo aquí 7 años y, desde que vine, tengo un pedazo de bache en la puerta, ¡¡como no será el puto bache...!!. En invierno se llena de agua de lluvia, pero en verano… me sirve para pescar carpas. El otro día me lo encontré por la calle y me dice…

 

-       Santiago, macho, lo siento. Este año tampoco me da la Diputación un solo euro para arreglarte el bache.

 

Que le miras así como con mala cara y le dices…

 

-       Ni se te ocurra. Lo he repoblado de alevines esta Primavera. Y sin subvenciones.

 

Lo que sucede es que estas cosas, estas costumbres de tanta confianza, se pegan a la vida familiar. Como vives en un pueblo en el que, salvo salir a por el pan, casi no sales, te pasas todo el santo día encontrándote con tu mujer en todos lados. Mi mujer, supongo que como todas, gusta de tener cosas por todos lados. ¿COSAS…, que se entiende por cosas...?. Miedo me da tener que repintar las paredes. Das en quitar, descolgar y apilar en el pasillo que, cualquiera que viene, se cree que te estás mudando de casa. Bueno, el caso es que todo muy bien, arregladito, un poco saturao pero bien. Como hay poco sitio, más juntitos estamos, que ella padece de frío crónico.

 

Hace unos días dice que toca zafarrancho. Hay que limpiar los cristales. Coño, que curioso. ¡¡¡Todas las vecinas estaban limpiando cristales…!!!. Tienen una especie de código que solo entienden ellas

 

-       Ayúdame, anda cariño, que como tú eres alto, acabamos antes.

-       Si, mi amor, yo te ayudo. ¿Por donde empezamos?.

-       Por el porche.

-       Cariño, el porche está un poquito liado y es más bien estrechito. Hay cortinas. Macetas colgadas. Muebles contra las cristaleras…no se. Yo soy alto, pero además, soy ancho y no voy a caber…

-       Venga, va. Como podamos. Además las cristaleras tienen mucha mierda.  ¿A que parece que esté a punto de llover?. Pues no. Hay sol. Son los cristales. Se van corriendo las cosas un poquito y cabes.

-       ¿Corriendo las cosas…, pa donde?. Hay que apartar el banco de las visitas, la mesa camilla, la mesita de la máquina de coser, los percheros, las macetas, el sillón de masajes, las sillas y de paso, fregar el suelo…¿oyes, se trata de limpiar los cristales o de jugar al tetrix…?

-       Bueno, hijo. Si no quieres o no te apetece ayudarme, ya lo haré yo sola, con lo que me duelen los huesos de mi cuerpo. No lloro porque me aguanto.

 

Obsérvese que dice…”los huesos de mi cuerpo”. ¡Que menos mal que no le duelen los huesos de los cuerpos de las demás, porque entre la menopáusica de al lado, la reumática de arriba y mi lumbalgia, mala vejez íbamos a tener!.

 

Total, que te pones y ayudas de buena gana. Hasta que te das cuenta de que, si no apartas el banco de las visitas, no llegas a la cristalera. Mueves la camilla con el brasero, el sillón, la silla…hala, todo contra el mueble de la pared de enfrente. Luego, despegas un pelín, solo un poquito, el banco. Un poquito porque ya no cabe más allá. Descuelgas la cortina. En una mano, el trapo con el limpiacristales, en la otra, la bayeta de secar…¿y la cortina…?. Nada, al cuello, como un fulard.  Rocías el limpiacristales, le das con el trapo, lo secas…y todo ello, quieto sobre 20 centímetros de suelo, de puntillas, pegado como un sello a la cristalera y con las hojas del ficus colgado del techo, haciéndote cosquillas o pinchándote en el pescuezo. ¡¡¡Y no se te ocurra apoyarte!!!. Que no es cuestión de limpiar cristales y dejarlos llenos de huellas de dedos. Me caguen la leche y en el padre de Pitágoras…to la puta vida estudiando pa limpiar cristales haciendo el pino. Eso si, como en el pueblo nos conocemos todos, cuando acabo, pasa por la calle el chatarrero, me mira muy serio, se baja de la furgoneta y me dice…

 

-       ¿Qué…zafarrancho de cristales…?.

-       Pues ya ve usted. Ha salido mi número.

-       ¡¡¡Que bueno es eso de llevarse bien con los vecinos. Compartirlo todo. Ha salido su número y el de todas las marujas de alrededor. Oiga amigo…le compro los trapos a 20 euros cada uno y hacemos negocio los dos, porque esos trapos tienen solera, oiga!!!.

 

Si la culpa es mía. Porque…ayudar, ayudo, Pero no pienso rápido. De haberlo pensado un segundo, le hubiera dicho a mi doña…

 

Mira cariño. Con hoy, van tres días que no aparece el cartero. De mañana no pasa. Cuatro días meándose, no hay cartero que lo aguante. Mañana, en cuanto entre, que te ayude el, que es bajito y cabe.

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