Militancia Perversa · Mario López Sánchez ·Gernsbarch (Alemania)
Mi padre es uno de
esos votantes socialistas empedernidos, supongo que como consecuencia del
momento histórico que le toco vivir. Empezó a hacer política cuando realmente
era difícil y caro ponerla en práctica. Como concejal socialista trabajó
incontables horas sin cobrar un solo duro, y no fueron pocas las veces que a mi
familia le costó dinero la defensa de los principios políticos de izquierdas.
Ahora las cosas son muy distintas. No hay pueblo que se libre de la plaga de
vividores que se ha sacado el carnet de militante. Pero claro, primero hubo que
hacer sitio, y a esos que lucharon en tiempos de la transición, e incluso
pusieron en juego su futuro y el de su familia por defender lo de todos, hubo
que expulsarlos con grotescas estrategias de las que, si este medio de
comunicación me lo permite, pronto podremos hablar y analizar. Pero vayamos
primero con el asunto que hoy quiero tratar:
A pesar de los
pesares, de las traiciones, de las cuchilladas traperas, a pesar de ver como
las bases socialistas se pudren bajo el individualismo y la corruptela, de
tener que soportar discursos demagógicos aprendidos en la escuela de papagayos,
de soportar la indignidad de cuatro niñatos/as ejerciendo de socialistas sin
más moral que la que portan sus mentiras, a pesar de todo mi padre seguía
votando al PSOE, al menos hasta el día de hoy. Sin embargo fue ayer, cuando le envié a su
cuenta de Facebook uno de esos cartelitos que les gusta tanto difundir a los
militantes socialistas a través de las redes sociales, fabricados con un
programa barato y por mentes aún más baratas (lo digo por lo de fáciles de
comprar), cuando le oí por primera vez atacar con dureza y en público la
actitud de sus antiguos compañeros. El cartel versaba sobre todo el asunto del
alto el fuego de ETA, y por supuesto contenía la prueba evidente de cómo la
militancia política ignora los principios éticos más básicos y es capaz de
aprovechar la más mínima oportunidad para rentabilizar en votos hasta las
cuestiones más turbias.
El cartel decía
literalmente: “Rubalcaba ha acabado con ETA, y a quién no le guste que se
joda.”
¡Impresionante!
Tanto quizá como aquellas lágrimas de cocodrilos que vertieron sus señorías
mientras anunciaban para los fieles el fin de las hostilidades. Pero dejemos
eso y sigamos con el cartel.
Aunque estoy a más
de 2.000 kilómetros de distancia, creo que puede ver la cara de mi padre cuando
leyó el contenido del panfletito virtual. Enseguida comentó el enlace, y sus
palabras, que a continuación transcribiré, fueron las más sencillas, inteligentes
y cuerdas que he leído al respecto:
“Soy de toda mi
vida socialista, democrático y NO Marxista. Y una vez que sabéis como soy,
puedo deciros que este cartel es una auténtica aberración a los sentidos. A ETA
solo la han derrotado los muertos desde sus tumbas y el sacrificio de las
fuerzas de seguridad (Guardia Civil, Policía…) Mientras que ellos luchaban y
morían, Rubalcaba, Rajoy y Zapatero jugaban a no estar de acuerdo en nada, a
azuzar al pueblo como a perros rabiosos…Esto es de pena. Pero es la única
verdad. ¡Qué lástima de aquellos ideales por los que empezamos a luchar en 1975
a cambio de NADA!”
Yo he discutido de
política muchas veces con mi padre. Pero ante su rotunda respuesta no hay nada
que decir. Solo los muertos (tanto de derechas como de izquierdas), como el
tiempo y los hombres que lucharon en primera línea de fuego pueden nombrarse
vencedores. Si hay un solo militante tan inmoral como para atreverse a intentar
rentabilizar electoralmente esta nueva situación en las Vascongadas, de
convertir la tragedia en votos para su líder de cartón, entonces es que ya han
atravesado esa frontera donde el humano se pervierte hasta convertirse en un
mero instrumento del poder.
Terminaré dándole
la enhorabuena al creador del cartelito, que quizá haya conseguido lo que yo
nunca fui capaz de conseguir; que mi padre despertara a la triste realidad que
hoy vive el socialismo español.
Mi padre es uno de
esos votantes socialistas empedernidos, supongo que como consecuencia del
momento histórico que le toco vivir. Empezó a hacer política cuando realmente
era difícil y caro ponerla en práctica. Como concejal socialista trabajó
incontables horas sin cobrar un solo duro, y no fueron pocas las veces que a mi
familia le costó dinero la defensa de los principios políticos de izquierdas.
Ahora las cosas son muy distintas. No hay pueblo que se libre de la plaga de
vividores que se ha sacado el carnet de militante. Pero claro, primero hubo que
hacer sitio, y a esos que lucharon en tiempos de la transición, e incluso
pusieron en juego su futuro y el de su familia por defender lo de todos, hubo
que expulsarlos con grotescas estrategias de las que, si este medio de
comunicación me lo permite, pronto podremos hablar y analizar. Pero vayamos
primero con el asunto que hoy quiero tratar:
A pesar de los
pesares, de las traiciones, de las cuchilladas traperas, a pesar de ver como
las bases socialistas se pudren bajo el individualismo y la corruptela, de
tener que soportar discursos demagógicos aprendidos en la escuela de papagayos,
de soportar la indignidad de cuatro niñatos/as ejerciendo de socialistas sin
más moral que la que portan sus mentiras, a pesar de todo mi padre seguía
votando al PSOE, al menos hasta el día de hoy. Sin embargo fue ayer, cuando le envié a su
cuenta de Facebook uno de esos cartelitos que les gusta tanto difundir a los
militantes socialistas a través de las redes sociales, fabricados con un
programa barato y por mentes aún más baratas (lo digo por lo de fáciles de
comprar), cuando le oí por primera vez atacar con dureza y en público la
actitud de sus antiguos compañeros. El cartel versaba sobre todo el asunto del
alto el fuego de ETA, y por supuesto contenía la prueba evidente de cómo la
militancia política ignora los principios éticos más básicos y es capaz de
aprovechar la más mínima oportunidad para rentabilizar en votos hasta las
cuestiones más turbias.
El cartel decía literalmente: “Rubalcaba ha acabado con ETA, y a quién no le guste que se joda.”
¡Impresionante! Tanto quizá como aquellas lágrimas de cocodrilos que vertieron sus señorías mientras anunciaban para los fieles el fin de las hostilidades. Pero dejemos eso y sigamos con el cartel.
Aunque estoy a más de 2.000 kilómetros de distancia, creo que puede ver la cara de mi padre cuando leyó el contenido del panfletito virtual. Enseguida comentó el enlace, y sus palabras, que a continuación transcribiré, fueron las más sencillas, inteligentes y cuerdas que he leído al respecto:
“Soy de toda mi vida socialista, democrático y NO Marxista. Y una vez que sabéis como soy, puedo deciros que este cartel es una auténtica aberración a los sentidos. A ETA solo la han derrotado los muertos desde sus tumbas y el sacrificio de las fuerzas de seguridad (Guardia Civil, Policía…) Mientras que ellos luchaban y morían, Rubalcaba, Rajoy y Zapatero jugaban a no estar de acuerdo en nada, a azuzar al pueblo como a perros rabiosos…Esto es de pena. Pero es la única verdad. ¡Qué lástima de aquellos ideales por los que empezamos a luchar en 1975 a cambio de NADA!”
Yo he discutido de
política muchas veces con mi padre. Pero ante su rotunda respuesta no hay nada
que decir. Solo los muertos (tanto de derechas como de izquierdas), como el
tiempo y los hombres que lucharon en primera línea de fuego pueden nombrarse
vencedores. Si hay un solo militante tan inmoral como para atreverse a intentar
rentabilizar electoralmente esta nueva situación en las Vascongadas, de
convertir la tragedia en votos para su líder de cartón, entonces es que ya han
atravesado esa frontera donde el humano se pervierte hasta convertirse en un
mero instrumento del poder.
Terminaré dándole la enhorabuena al creador del cartelito, que quizá haya conseguido lo que yo nunca fui capaz de conseguir; que mi padre despertara a la triste realidad que hoy vive el socialismo español.

















