A mi hermano Pepe · Fernando Pinilla Coco · Mérida
Realmente es complicado empezar esta carta, porque
aún no me hago a la idea de que ya no estés entre nosotros.
Pero como tu sabias de mi valentía para afrontar las adversidades de esta vida
aquí estoy, para recordarte, no solo ahora sino de por vida. Decirte que a mí y
a toda la familia nos ha sorprendido la rapidez con que te has ido a otro
mundo, tal vez para descansar en paz. No nos has dado tiempo ni oportunidad
para ayudarte en la medida de nuestras posibilidades. En poco más de un mes de
tu enfermedad, te aseguro que has tenido todo el cariño y apoyo de tus hermanos
y cuñadas y ni que decir tiene de tu esposa e hijos, que en ningún momento se
han separado de ti para estar presente y ayudarte anímicamente y en lo que
fuera posible.
Atrás quedas una familia realizada, quedas unos nietos que aún no habías
empezado a disfrutar de ellos, pero nos queda el consuelo de que por lo menos
los conociste y algo te llevaste en tu alma
Hermano Pepe, 67 años no son nada, parece que fue ayer cuando todos estábamos
en casa de nuestros padres, (6 hermanos) alrededor de aquella mesa grande
redonda donde nos comíamos los garbanzos y el gazpacho en verano, e
íbamos todos a trabajar con nuestro padre al campo, ¡ que pronto ha pasado este
tiempo ¡.
Y ahora ¿Quién me da los consejos que tú me dabas? ¿Con quién hablo de las
lecturas que tanta pasión nos confería? Y con quien hablo de tantas y tantas
cosas que tú y yo debatíamos con mesura, con tu sabiduría y tu experiencia. Ya
no te veré camino de mis olivos y mi casita de campo para echar el rato en la
chimenea o tomar el fresco y hablar de muchas cosas del pasado que yo ignoraba
referente a nuestros antepasados.
Puedes sentirte orgulloso, porque yo lo estoy de toda nuestra familia, tu
esposa e hijos, tus hermanos, tus sobrinos, tus primos. Todos han estado a la
altura de estas penosas circunstancias y, como no, tus amigos y todo el pueblo
ha sentido tu muerte con sinceridad y sentimientos.
A mí me queda el consuelo que el domingo antes de tu muerte, en tu casa, te
hablé de hombre a hombre, de hermano a hermano, con cariño, con afecto. Sé que
me escuchabas y siempre has respetado mis opiniones, y desde ese día, sé que en
la última semana hiciste un gran esfuerzo, para mostrar entereza,
ilusión, aún tengo en mi retina grabada esa sonrisa que te pedí, para
dejarme un poco más feliz e ilusionado.
Aprovecho la presente, y en nombre de toda mi familia para agradecer al todo el
pueblo de Torremayor, nuestra familia de Lobón, Montijo, La Garrovilla etc.,
las muestras de cariño recibidos y la infinidad de condolencias recibidas
en días posteriores, por la muerte de nuestro querido Pepe.
Que sepas que durante el tiempo que te tuvimos tu cuerpo presente no lloré, mostré
entereza,y gallardía y nobleza para dar ánimos a todos los que nos acompañaban
en nuestro dolor, como sé que a ti te hubiera gustado verme, pero que sepas,
he llorado a solas por ti, acuérdate de decirme dónde estás para reunirme
algún día contigo.
Realmente es complicado empezar esta carta, porque
aún no me hago a la idea de que ya no estés entre nosotros.
Pero como tu sabias de mi valentía para afrontar las adversidades de esta vida
aquí estoy, para recordarte, no solo ahora sino de por vida. Decirte que a mí y
a toda la familia nos ha sorprendido la rapidez con que te has ido a otro
mundo, tal vez para descansar en paz. No nos has dado tiempo ni oportunidad
para ayudarte en la medida de nuestras posibilidades. En poco más de un mes de
tu enfermedad, te aseguro que has tenido todo el cariño y apoyo de tus hermanos
y cuñadas y ni que decir tiene de tu esposa e hijos, que en ningún momento se
han separado de ti para estar presente y ayudarte anímicamente y en lo que
fuera posible.
Atrás quedas una familia realizada, quedas unos nietos que aún no habías
empezado a disfrutar de ellos, pero nos queda el consuelo de que por lo menos
los conociste y algo te llevaste en tu alma
Hermano Pepe, 67 años no son nada, parece que fue ayer cuando todos estábamos
en casa de nuestros padres, (6 hermanos) alrededor de aquella mesa grande
redonda donde nos comíamos los garbanzos y el gazpacho en verano, e
íbamos todos a trabajar con nuestro padre al campo, ¡ que pronto ha pasado este
tiempo ¡.
Y ahora ¿Quién me da los consejos que tú me dabas? ¿Con quién hablo de las
lecturas que tanta pasión nos confería? Y con quien hablo de tantas y tantas
cosas que tú y yo debatíamos con mesura, con tu sabiduría y tu experiencia. Ya
no te veré camino de mis olivos y mi casita de campo para echar el rato en la
chimenea o tomar el fresco y hablar de muchas cosas del pasado que yo ignoraba
referente a nuestros antepasados.
Puedes sentirte orgulloso, porque yo lo estoy de toda nuestra familia, tu
esposa e hijos, tus hermanos, tus sobrinos, tus primos. Todos han estado a la
altura de estas penosas circunstancias y, como no, tus amigos y todo el pueblo
ha sentido tu muerte con sinceridad y sentimientos.
A mí me queda el consuelo que el domingo antes de tu muerte, en tu casa, te
hablé de hombre a hombre, de hermano a hermano, con cariño, con afecto. Sé que
me escuchabas y siempre has respetado mis opiniones, y desde ese día, sé que en
la última semana hiciste un gran esfuerzo, para mostrar entereza,
ilusión, aún tengo en mi retina grabada esa sonrisa que te pedí, para
dejarme un poco más feliz e ilusionado.
Aprovecho la presente, y en nombre de toda mi familia para agradecer al todo el
pueblo de Torremayor, nuestra familia de Lobón, Montijo, La Garrovilla etc.,
las muestras de cariño recibidos y la infinidad de condolencias recibidas
en días posteriores, por la muerte de nuestro querido Pepe.
Que sepas que durante el tiempo que te tuvimos tu cuerpo presente no lloré, mostré
entereza,y gallardía y nobleza para dar ánimos a todos los que nos acompañaban
en nuestro dolor, como sé que a ti te hubiera gustado verme, pero que sepas,
he llorado a solas por ti, acuérdate de decirme dónde estás para reunirme
algún día contigo.





















