25 Aniversario de la Banda de Música
Al aire de los ministriles, sonido elegante, alegre,
renacentista y barroco. Belleza sinfónica de chirimías, flautas, sacabuches,
cornamusas, orlos, oboes, clarinetes, cornetas y bajones. Sentimiento clásico,
antiguo, con sabor a conciertos, desfiles y cortejos, que supo prolongarse en
un tiempo largo hasta mezclarse con aires del romanticismo, en el que ahondamos
ahora a través de la memoria; con aires de las bandas militares que motivaron
en el pueblo la formación de agrupaciones musicales que intentaban imitarlas.
Al aire de la banda antigua del maestro de la piel y el
cuero, Andrés Garay Rodríguez. Labor innegable del gremio de los artesanos por
beber en las fuentes de la cultura. Tubas, trompas, trombón, flautas, trompeta
y bombardinos, lanzando los mejores compases y melodías en aquellas verbenas y
bailes populares. Al aire de la
Academia de Música de Antonio Guisado y Andrés Garay, en la
antigua calle de Arcos. Al aire de la banda infantil de Antonio Guisado, “el
organista”, afinando sus instrumentos hacia el sostenido mejor logrado;
fa-do-sol-re-la-mi-si.
Al aire de la banda de Rodrigo Rico Melara, discípulo de
los anteriores. Maestro zapatero. Pequeña y hermosa agrupación formada por
artesanos, oficiales y aprendices. Niños y mayores que sonaban a músicos de
ayer, de hoy y mañana, quienes para ocupar su ocio se formaban en el lenguaje
más universal de todos los posibles, la música.
Al aire de la banda de Rafael Melgarejo. Al aire de la Casa del Pueblo, foco
reivindicativo, centro obrero, sede sindicalista, lugar para la cultura. En
ella sus dirigentes consideraron que después del pan, la primera necesidad del
pueblo es la educación. Teatro, conferencias, escuela gratuita en la que
enseñaban a leer y escribir, y… ¡La música! bajo la batuta de su primer
director, Rafael Melgarejo, en el año de su fundación, 1928, marcando el ritmo
de las melodías que interpretaba la Agrupación Artístico
Musical de la Casa
del Pueblo.
Al aire de una nueva batuta, la mejor de todas, la que
marcó una ejemplar escuela de la que salieron excelentes músicos. Todos fueron
maestros, directores, pero él fue “Don Andrés”. Don Andrés Mena, músico militar
del Regimiento Castilla. Don Andrés es feliz memoria perpetua, de ayer, de hoy
y para siempre, en el ancho ruedo musical de los sentimientos íntimos de este
pueblo. Don Andrés Mena vino a Montijo para dirigir la Banda de la Casa del Pueblo. Memoria
gráfica sacada de la caja de las fotografías de color sepia guardada en una
antigua cómoda de caoba “Don Andrés y la Banda de Música en el primero de mayo del año
1936 por la calle Alameda”. Aquella larga comitiva de la manifestación obrera
deseaba cambiar al mundo de base, agrupándose y alzándose en la lucha final,
deseando un tiempo prometedor que acabó en la más dura de las tragedias.
Al aire del antiguo kiosco de música. Embeleso de sinfonía
popular. Templo sagrado para conciertos al aire libre. Tribuna de las mejores
melodías: “El sitio de Zaragoza”, “Comandante Mellad”, “Islas Canarias”,
“Noches de Andorra”, “Camino de rosas”, “En un mundo persa”, “España cañí”…
Allí arriba, Don Andrés Mena con sus músicos; abajo la gente agrupada,
congregada alrededor de él para disfrutar de la música. Sin medios para ofrecer
su arte, ni sofisticados equipos de sonido, ni mesas mezcladoras, ni juegos de
luces… Don Andrés y sus músicos tan solo disponían de su talento, sus pulmones
y la habilidad de sus manos.
Al compás de la música dirigida por Don Andrés se llenaron
aquellos estómagos vacíos de la posguerra. Tiempos de restañar y curar heridas,
de necesidades y apreturas, de ahogos y asfixias, de hambre, pobreza,
aislamiento, escasez y calamidad, bajo el dolor prolongado por el terrible episodio
vivido. Don Andrés se fue como se fue el kiosco, la plaza, las palmeras, los
músicos… bajo el sonido cadencioso marcado por el tiempo preciso, dirigido por
su hermosa batuta de plata ante la última partitura de su vida.
Al aire de la
Banda de Música del maestro Antonio Rico, “el del pito
gordo”. Maestro zapatero, que recogió el testigo de Don Andrés Mena. El maestro
Antonio fue un hombre bueno, sencillo y humilde. Fueron años acuñados por el
desinterés de tan insignes e ilustres
responsables municipales. Preocupado el maestro Antonio, aliviaba
aquellos sofoques con el trago espirituoso que le proporcionaba un compás
binario.
Al aire de aquel fotograma del maestro Antonio Rico y sus
veinte músicos, cruzando el pueblo desde la Plaza de Abastos hasta aquella portátil instalada
en el antiguo campo de fútbol Santa María. Imagen y sonido retenidos por la
calle Papas, bajo el revuelo de la chiquillería, al compás de los sones
chín-chín; tarara-chín-chín… del pasodoble “Clavelín”.
Ya en la plaza, el maestro Antonio ordenaba a sus músicos
tocar “La Giralda ”
porque se la sabían de memoria; sin tener que mirar los papeles podían ir
viendo el prodigio sobre la arena del arte por naturales del maestro realizando
con empaque su faena, mientras soplaban los pitos. Director y músicos, maestro
y discípulos tuvieron que entonar en el año 1965 el gori-gori de aquella Banda
de Música por el decreto de tan insensibles autoridades municipales, que
firmaron su desaparición.
Tuvieron que pasar dieciocho años para que lo deshecho
fuese nuevamente hecho. Un preclaro discípulo de Don Andrés Mena, Pedro López,
animó a varios músicos y entusiasmó al Ayuntamiento para que volviese la Banda de Música. El 24
noviembre de 1982 la
Corporación Municipal acordó crearla.
En la mañana luminosa del día de Reyes del año 1983, el
día de Epifanía -el mejor momento para aparecer- en el atrio de la iglesia de
San Pedro, aquellos dedos prodigiosos de Pedro López que habían acariciado
durante tantos años los teclados de su saxofón, tomaron la batuta para dirigir
el primer concierto de la nueva Banda de Música. Cinco clarinetes, un saxo
alto, un tenor, dos barítonos, una trompeta, un fliscorno, bombo, caja y
platillos, nos deleitaron con aquel concierto ante la admiración y sorpresa de
cuantos lo presenciamos.
Al maestro Pedro López, le gustaba más la interpretación
que la dirección. La Banda
de Música tuvo en aquellos primeros años varias carencias y dificultades,
estuvo a punto de volver a desaparecer.
En el año 1988 el Ayuntamiento contrató un nuevo director para recomponer
velas, calmar tempestades y enderezar el rumbo, en la persona de Santiago
Méndez González. Dieciocho años estuvo dirigiendo la Banda de Música. Con él la Banda ha conocido momentos
de esplendor: incremento considerable en el número de músicos, encuentros de
Bandas de Música, conciertos en Santa Cecilia, Navidad, Semana Santa, verano…
Pasacalles, procesiones, dianas floreadas, actuaciones en Vitoria, Villafranca
de los Barros, Almendralejo, Zafra, Olivenza, Don Benito, Ribera del Fresno,
Montánchez, Talarrubias, Lisboa, Alter do Chao, Potalegre, Alentejo… La
incorporación de músicos jóvenes, la dedicación y enseñanza de la Academia. Santiago
Méndez aconsejó a los padres sobre la formación académica de sus hijos,
dirigiéndolos hacia la carrera musical, abriéndoles así a muchos un futuro
profesional.
Al aire de la batuta de Narciso Miguel Leo Romero, su
último director, incorporado a comienzos del verano del año 2006. Nuevos aires,
aires muy jóvenes los que han llegado a nuestra Banda de Música, que han
enriquecido el nivel musical de la banda. Los dedos de Narciso han dejado el
solo de “Nerva”, su mejor herencia, por una batuta. Para él y para quienes
forman parte de nuestra Banda Municipal de Música Andrés Mena, deseo los
mejores éxitos por la dedicación hacia la cultura y por el lenguaje más
universal “La música”.
Razona Sancho en un pasaje de El Quijote “donde hay música
no puede haber cosa mala”. La campechana sentencia que Cervantes puso en boca
del escudero es un dogma, puesto que la música compone los ánimos descompuestos
y alivia los trabajos que nacen del espíritu. Rematando el fiel escudero “la
música siempre es indicio de regocijos y de fiestas”. Por todo ello, a quienes
han formado y forman parte de la
Banda de Música, felicidades por este vuestro vigésimo quinto
aniversario.
Al aire de los ministriles, sonido elegante, alegre,
renacentista y barroco. Belleza sinfónica de chirimías, flautas, sacabuches,
cornamusas, orlos, oboes, clarinetes, cornetas y bajones. Sentimiento clásico,
antiguo, con sabor a conciertos, desfiles y cortejos, que supo prolongarse en
un tiempo largo hasta mezclarse con aires del romanticismo, en el que ahondamos
ahora a través de la memoria; con aires de las bandas militares que motivaron
en el pueblo la formación de agrupaciones musicales que intentaban imitarlas.
Al aire de la banda antigua del maestro de la piel y el
cuero, Andrés Garay Rodríguez. Labor innegable del gremio de los artesanos por
beber en las fuentes de la cultura. Tubas, trompas, trombón, flautas, trompeta
y bombardinos, lanzando los mejores compases y melodías en aquellas verbenas y
bailes populares. Al aire de
Al aire de la banda de Rodrigo Rico Melara, discípulo de
los anteriores. Maestro zapatero. Pequeña y hermosa agrupación formada por
artesanos, oficiales y aprendices. Niños y mayores que sonaban a músicos de
ayer, de hoy y mañana, quienes para ocupar su ocio se formaban en el lenguaje
más universal de todos los posibles, la música.
Al aire de la banda de Rafael Melgarejo. Al aire de
Al aire de una nueva batuta, la mejor de todas, la que
marcó una ejemplar escuela de la que salieron excelentes músicos. Todos fueron
maestros, directores, pero él fue “Don Andrés”. Don Andrés Mena, músico militar
del Regimiento Castilla. Don Andrés es feliz memoria perpetua, de ayer, de hoy
y para siempre, en el ancho ruedo musical de los sentimientos íntimos de este
pueblo. Don Andrés Mena vino a Montijo para dirigir
Al aire del antiguo kiosco de música. Embeleso de sinfonía
popular. Templo sagrado para conciertos al aire libre. Tribuna de las mejores
melodías: “El sitio de Zaragoza”, “Comandante Mellad”, “Islas Canarias”,
“Noches de Andorra”, “Camino de rosas”, “En un mundo persa”, “España cañí”…
Allí arriba, Don Andrés Mena con sus músicos; abajo la gente agrupada,
congregada alrededor de él para disfrutar de la música. Sin medios para ofrecer
su arte, ni sofisticados equipos de sonido, ni mesas mezcladoras, ni juegos de
luces… Don Andrés y sus músicos tan solo disponían de su talento, sus pulmones
y la habilidad de sus manos.
Al compás de la música dirigida por Don Andrés se llenaron
aquellos estómagos vacíos de la posguerra. Tiempos de restañar y curar heridas,
de necesidades y apreturas, de ahogos y asfixias, de hambre, pobreza,
aislamiento, escasez y calamidad, bajo el dolor prolongado por el terrible episodio
vivido. Don Andrés se fue como se fue el kiosco, la plaza, las palmeras, los
músicos… bajo el sonido cadencioso marcado por el tiempo preciso, dirigido por
su hermosa batuta de plata ante la última partitura de su vida.
Al aire de
Al aire de aquel fotograma del maestro Antonio Rico y sus
veinte músicos, cruzando el pueblo desde
Ya en la plaza, el maestro Antonio ordenaba a sus músicos
tocar “
Tuvieron que pasar dieciocho años para que lo deshecho
fuese nuevamente hecho. Un preclaro discípulo de Don Andrés Mena, Pedro López,
animó a varios músicos y entusiasmó al Ayuntamiento para que volviese
En la mañana luminosa del día de Reyes del año 1983, el
día de Epifanía -el mejor momento para aparecer- en el atrio de la iglesia de
San Pedro, aquellos dedos prodigiosos de Pedro López que habían acariciado
durante tantos años los teclados de su saxofón, tomaron la batuta para dirigir
el primer concierto de la nueva Banda de Música. Cinco clarinetes, un saxo
alto, un tenor, dos barítonos, una trompeta, un fliscorno, bombo, caja y
platillos, nos deleitaron con aquel concierto ante la admiración y sorpresa de
cuantos lo presenciamos.
Al maestro Pedro López, le gustaba más la interpretación
que la dirección.
Al aire de la batuta de Narciso Miguel Leo Romero, su
último director, incorporado a comienzos del verano del año 2006. Nuevos aires,
aires muy jóvenes los que han llegado a nuestra Banda de Música, que han
enriquecido el nivel musical de la banda. Los dedos de Narciso han dejado el
solo de “Nerva”, su mejor herencia, por una batuta. Para él y para quienes
forman parte de nuestra Banda Municipal de Música Andrés Mena, deseo los
mejores éxitos por la dedicación hacia la cultura y por el lenguaje más
universal “La música”.
Razona Sancho en un pasaje de El Quijote “donde hay música
no puede haber cosa mala”. La campechana sentencia que Cervantes puso en boca
del escudero es un dogma, puesto que la música compone los ánimos descompuestos
y alivia los trabajos que nacen del espíritu. Rematando el fiel escudero “la
música siempre es indicio de regocijos y de fiestas”. Por todo ello, a quienes
han formado y forman parte de


















