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Manuel García Cienfuegos
Jueves, 28 de Febrero de 2008

Un cuadradito de papel higiénico

Esto corre que se las pela, expresión que decimos por estos lugares. A veces, de tanto correr y avanzar nos cogen, nos pillan desprevenidos, sin estar preparados. El tiempo transcurre a una velocidad que se evapora sin apenas haberlo vivido.

El Carnaval está aquí, la luna de Parasceve este año no tiene paciencia. El 21 de marzo lucirá grande, redonda y hermosa como un pandero. ¿Tiene prisas? El que tiene prisas es el que se lava todos los años las manos en una palangana, Pilatos, ya que argumenta que al ser bisiesto no aguanta más al que dice que la verdad nos hace libre. Poncio ha decretado que “nanai de la china”, que hay que cargárselo cuanto antes, por lo que este año hay que ponerse con prontitud la máscara de arriba. Algunos cumplen este año el 25 aniversario de tan saludable y feliz oficio. Como suele decirse en estos casos, sea para bien y para muchos años. Por todo ello, enhorabuena, “Cazurros romanos”.

Me ha llegado una noticia sobre la cantante Sheryl Crow, quien ha propuesto durante una gira por los campus universitarios estadounidenses que se limite el uso del papel higiénico para ayudar a la preservación de los bosques. La de cosas que pasan y muchos sin enterarnos. Sheryl me ha sorprendido por darnos un ejemplo de nos ser derrochadores; los tiempos no están para el despilfarro, sino para todo lo contrario, la austeridad. Leamos.

Durante la tourné, cuyo cometido ha sido el sensibilizar a los estudiantes sobre el medio ambiente, Crow  ha informado de los hábitos sencillos que se pueden incorporar a la vida cotidiana, a la de todos los días, para combatir el cambio climático. Bueno…, lo intuía, primo de don Mariano a la vista. Una de las recomendaciones que hace la cantante es la de utilizar solo un cuadrado de papel higiénico cada vez que se visite el baño. Aunque la cantante tiene en cuenta que, a veces, se puede ampliar hasta tres cuadros si la ocasión lo requiere. Sobre las compresas, mi apreciable Sheryl no se pronuncia. ¿Será que se siente muy limpia y protegida con la fina y segura?

La ex del ciclista Lance Armstrong, ganador de siete Tours de Francia consecutivos, ha hecho hincapié sobre su preocupación por la conservación de los bosques ya que, según sus propias palabras, “dependemos de los árboles para respirar”. ¡Qué cosas! Creo, sinceramente, que Sheryl Crow no es ecologista, más bien diría que es una estreñida. Sí, no se rían, tómense la molestia de comprobar las dimensiones del dichoso cuadradito. Esto si que es una cartilla de racionamiento, y no las de nuestras ministras Narbona y Salgado. ¿Cómo se puede apañar uno con semejante superficie de papel higiénico? ¿Cómo se alimentará nuestra cantante? ¿Será vegetariana?

Desde aquí invito a Sheryl, la de la restricción del papel higiénico, a visitar durante unos días Extremadura, donde se come, como ustedes saben, bien, muy bien, la mar de bien. Para qué nos vamos a ir a otra región, primero la nuestra. El menú durante su estancia de tres días podría consistir en un desayuno saludable a base de tostadas con refrito (que en otros sitios llaman cachuela o caldillo), pringás y migas, un buen tazón de café con leche con unas perrunillas, magdalenas o bizcochos esponjosos. Comidas y cenas donde prevalezcan potajes y cocidos con todos sus avíos, chuletones, solomillos, caldereta, pescados con mayonesa, callos con tomates, quesos, vinos de la tierra, flanes, natillas, roscas fritas… Y cuando la Crow diga “¡No puedo más, estoy que reviento!”, la montamos en el coche y la llevamos a un baño de esos que normalmente no tienen agua, que están en muchas gasolineras de nuestras carreteras, y le damos para la higiene, para ese cuerpo que explota, la cartilla de racionamiento: Un solo cuadradito de papel higiénico. ¡A limpiarse, arrrrrrrr! ¿Se imaginan el resultado? ¡Arena para que no patine!, como diría mi amigo “el negro”.

Hombre, es que usted manda a esa señora a tomar platos de la cocina antigua. Existe otra cultura gastronómica en la que se degusta arte contemporáneo y de vanguardia en una cocina de diseño repleta de aromas, sabores, espumas, emulsiones, texturas…, con unos platos grandes, cuadrados o triangulares, con unas raciones muy pequeñas, liliputienses diría yo, donde se exhiben las nuevas técnicas, como la deconstrucción, conocida como cocina desestructurada, cuya técnica consiste en modificar el aspecto, disposición, concepto, idea, sabor, olor, imagen y combinación de los distintos alimentos para mejorar el estímulo sensorial. Aunque en la aldea global ya hay una alternativa a la “deconstrucción”: “la cocina de fusión”, llamada así porque en ella dicen que se integran los pueblos.

Nuestra estreñida protagonista, con problemas de evacuación, hubiera degustado buñuelos del bosque y castañuela ibérica espumada de la serena y praliné de caracoles con jalea ibérica al romero fresco, pastel de ternera e hierbabuena con salsa de higos, calabacín relleno de marisco gratinado con rulo de cabra y vinagreta de arándanos, y helado de queso con aderezo caliente de brioche sobre salsa de ciruelas.

Francamente, todo muy bien. Sin embargo, hay que advertir a la señora Crow que los de la nueva cocina, ahora vestidos de negro riguroso, con un mandil que les llega a los tobillos, como si fueran de la funeraria; estos “Dalís” de la cocina deconstruida y fusionada suelen rematar la faena con un puyazo en todo lo alto. Ya verás cómo la estadounidense, ante la clavada de la factura se caga por las patas abajo. Menos mal que el baño es vanguardista, combinando en él la estética con la funcionalidad. En ellos te lavan, enjuagan, aclaran, te limpian y secan, todo muy distinto al de la gasolinera ¡Amén de los amenes y de los amenes, amén!

 

 

Este artículo fue publicado

en la Revista del Carnaval 2008 de la

Asociación Cultural “Cazurros Romanos”

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