José Antonio Teodoro Leva, Bibliotecario de Montijo, escribe el "Elogio de la Biblioteca" con motivo del Día de la Biblioteca en Extremadura
![[Img #106350]](https://cronicasdeunpueblo.es/upload/images/10_2026/5090_679789421_1454047413402492_2204870604390596067_n.jpg)
El 24 de octubre se celebra el Día de la Biblioteca en España, una efeméride que en nuestro país se hace coincidir con una fecha para el recuerdo: la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo en el año 1992.
El lema de esta edición “Sin profesionales, no hay bibliotecas”, un epígrafe que pretende valorar la labor esencial de los trabajadores de las bibliotecas y su papel esencial en el acceso a la cultura.
Extremadura festeja este día con una serie de actividades que vienen precedidas de la presentación de un cartel del Plan Regional de Fomento de la Lectura que, en esta ocasión, incluye un elogio de la biblioteca realizado por José Antonio Teodoro Leva, bibliotecario de Montijo, a quien encargaron que dedicara unas palabras a estos grandes espacios del saber, la cultura, el ocio y el estudio. Un escrito en el que José Antonio se pone en la piel de la propia biblioteca para explicar su origen, su evolución para explicar qué es y qué significa en la sociedad. Un encargo que el bibliotecario ha realizado con verdadero orgullo.
El texto escrito por José Antonio, que leerá en la celebración del Día de la Biblioteca, es el siguiente:
DÉJAME QUE TE CUENTE UN CUENTO
Hace muchos, muchos años, cuando el mundo no era mundo todavía, la humanidad sintió la necesidad de contar historias. En torno al fuego, durante los días más fríos del invierno, y bajo las estrellas, en las cálidas noches de verano, los grupos se reunían para escuchar a los más ancianos del lugar.
Historias de héroes y de dioses, de viajes y de batallas, de amores y de miedos. Historias que hablaban de quiénes eran, de dónde venían y de todo aquello que habían aprendido.
Pasó el tiempo y, junto a la palabra hablada, aparecieron los primeros textos escritos. Fue ahí cuando nací yo.
Surgí de la necesidad de conservar aquello que no queríamos olvidar, de guardar las palabras, los conocimientos y las historias que, durante generaciones, habían pasado de boca en boca. Nadie lo sabía aún, pero con el tiempo terminé por convertirme en un lugar imprescindible donde preservar la memoria de la humanidad.
Mi vida comenzó entre templos y palacios, protegida por reyes, sacerdotes y personas poderosas. Mis libros eran tesoros y mis estanterías, una muestra de riqueza, cultura y poder. Quien podía reunir una gran colección no solo poseía libros: poseía conocimiento. Y el conocimiento, entonces como ahora, podía ser una forma de poder.
He conocido grandes imperios, he sido testigo de aventuras extraordinarias, he servido de refugio para quienes necesitaban un abrigo y he permanecido en silencio durante muchos años, quizá demasiados.
He sobrevivido al fuego voraz, a constantes saqueos, a los expolios más salvajes y a terribles bombardeos. A la codicia humana y a la fuerza desmedida de la naturaleza.
Por mis manos han pasado papiros, pergaminos, códices y libros que, con el paso de los siglos, también fueron dando forma a quien soy. He aprendido a convivir con nuevas formas de escribir, de leer y hasta de entender el mundo. Del manuscrito a la imprenta, del papel a la pantalla y de la pantalla a la nube, siempre he encontrado la manera de permanecer a tu lado, silenciosa, esperando que supieras verme y que llegaras a valorarme.
Y es justo ahora, en plena vorágine digital, cuando creo que ha llegado el momento de alzar la voz. De dejar atrás los silencios que siempre me han acompañado y de gritar, a los cuatro vientos, que sigo estando aquí, a tu lado.
Porque sigo siendo necesaria. Más necesaria que nunca.
Porque hoy ya no soy solamente aquella guardiana de historias.
Soy el niño que descubre por primera vez que entre las páginas de un libro puede viajar a lugares que nunca imaginó. Soy quien busca una respuesta, quien necesita aprender algo nuevo. Soy quien entra para conectarse al mundo y también quien viene, simplemente, buscando un lugar donde sentirse acompañado.
Soy las historias que se comparten, las palabras que se descubren, las preguntas que encuentran respuesta y las conversaciones que nacen entre mis paredes.
Soy, en definitiva, un lugar de encuentro, de aprendizaje, de imaginación y de oportunidades.
Porque hoy no solo conservo la memoria: también ayudo a construirla.
Os he acompañado en vuestro pasado.
Camino a vuestro lado en el presente.
Y, sobre todo, quiero seguir siendo parte de vuestro futuro.
Porque esta historia todavía no ha terminado. Y esta vez, queridos lectores, el cuento lo escribiremos juntos.
![[Img #106349]](https://cronicasdeunpueblo.es/upload/images/10_2026/6831_840849846_17892749532682211_1308504568024820193_n.jpg)
![[Img #106350]](https://cronicasdeunpueblo.es/upload/images/10_2026/5090_679789421_1454047413402492_2204870604390596067_n.jpg)
El 24 de octubre se celebra el Día de la Biblioteca en España, una efeméride que en nuestro país se hace coincidir con una fecha para el recuerdo: la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo en el año 1992.
El lema de esta edición “Sin profesionales, no hay bibliotecas”, un epígrafe que pretende valorar la labor esencial de los trabajadores de las bibliotecas y su papel esencial en el acceso a la cultura.
Extremadura festeja este día con una serie de actividades que vienen precedidas de la presentación de un cartel del Plan Regional de Fomento de la Lectura que, en esta ocasión, incluye un elogio de la biblioteca realizado por José Antonio Teodoro Leva, bibliotecario de Montijo, a quien encargaron que dedicara unas palabras a estos grandes espacios del saber, la cultura, el ocio y el estudio. Un escrito en el que José Antonio se pone en la piel de la propia biblioteca para explicar su origen, su evolución para explicar qué es y qué significa en la sociedad. Un encargo que el bibliotecario ha realizado con verdadero orgullo.
El texto escrito por José Antonio, que leerá en la celebración del Día de la Biblioteca, es el siguiente:
DÉJAME QUE TE CUENTE UN CUENTO
Hace muchos, muchos años, cuando el mundo no era mundo todavía, la humanidad sintió la necesidad de contar historias. En torno al fuego, durante los días más fríos del invierno, y bajo las estrellas, en las cálidas noches de verano, los grupos se reunían para escuchar a los más ancianos del lugar.
Historias de héroes y de dioses, de viajes y de batallas, de amores y de miedos. Historias que hablaban de quiénes eran, de dónde venían y de todo aquello que habían aprendido.
Pasó el tiempo y, junto a la palabra hablada, aparecieron los primeros textos escritos. Fue ahí cuando nací yo.
Surgí de la necesidad de conservar aquello que no queríamos olvidar, de guardar las palabras, los conocimientos y las historias que, durante generaciones, habían pasado de boca en boca. Nadie lo sabía aún, pero con el tiempo terminé por convertirme en un lugar imprescindible donde preservar la memoria de la humanidad.
Mi vida comenzó entre templos y palacios, protegida por reyes, sacerdotes y personas poderosas. Mis libros eran tesoros y mis estanterías, una muestra de riqueza, cultura y poder. Quien podía reunir una gran colección no solo poseía libros: poseía conocimiento. Y el conocimiento, entonces como ahora, podía ser una forma de poder.
He conocido grandes imperios, he sido testigo de aventuras extraordinarias, he servido de refugio para quienes necesitaban un abrigo y he permanecido en silencio durante muchos años, quizá demasiados.
He sobrevivido al fuego voraz, a constantes saqueos, a los expolios más salvajes y a terribles bombardeos. A la codicia humana y a la fuerza desmedida de la naturaleza.
Por mis manos han pasado papiros, pergaminos, códices y libros que, con el paso de los siglos, también fueron dando forma a quien soy. He aprendido a convivir con nuevas formas de escribir, de leer y hasta de entender el mundo. Del manuscrito a la imprenta, del papel a la pantalla y de la pantalla a la nube, siempre he encontrado la manera de permanecer a tu lado, silenciosa, esperando que supieras verme y que llegaras a valorarme.
Y es justo ahora, en plena vorágine digital, cuando creo que ha llegado el momento de alzar la voz. De dejar atrás los silencios que siempre me han acompañado y de gritar, a los cuatro vientos, que sigo estando aquí, a tu lado.
Porque sigo siendo necesaria. Más necesaria que nunca.
Porque hoy ya no soy solamente aquella guardiana de historias.
Soy el niño que descubre por primera vez que entre las páginas de un libro puede viajar a lugares que nunca imaginó. Soy quien busca una respuesta, quien necesita aprender algo nuevo. Soy quien entra para conectarse al mundo y también quien viene, simplemente, buscando un lugar donde sentirse acompañado.
Soy las historias que se comparten, las palabras que se descubren, las preguntas que encuentran respuesta y las conversaciones que nacen entre mis paredes.
Soy, en definitiva, un lugar de encuentro, de aprendizaje, de imaginación y de oportunidades.
Porque hoy no solo conservo la memoria: también ayudo a construirla.
Os he acompañado en vuestro pasado.
Camino a vuestro lado en el presente.
Y, sobre todo, quiero seguir siendo parte de vuestro futuro.
Porque esta historia todavía no ha terminado. Y esta vez, queridos lectores, el cuento lo escribiremos juntos.
![[Img #106349]](https://cronicasdeunpueblo.es/upload/images/10_2026/6831_840849846_17892749532682211_1308504568024820193_n.jpg)


















