Miércoles, 07 de Octubre de 2026

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Elisa Martín
Miércoles, 30 de Septiembre de 2026 Actualizada Miércoles, 30 de Septiembre de 2026 a las 12:21:03 horas

La sociedad del cansancio

Dicen que vivimos cansados. Y no deja de ser paradójico que esto ocurra precisamente ahora, cuando nuestra vida es, en muchos aspectos, más cómoda que la de generaciones anteriores. Tenemos, por ejemplo, montones de máquinas que nos ahorran horas de trabajo (creo que la lavadora es uno de los grandes inventos de la humanidad), mejores condiciones laborales, más posibilidades de viajar, de disfrutar, de aprender, de elegir. Y, sin embargo, nos falta tiempo, nos falta aire, y nos sobra frustración.

 

El filósofo Byung-Chul ha llamado a esto «la sociedad del cansancio»: hemos pasado de una sociedad en la que las obligaciones y las prohibiciones venían de fuera a otra en la que cada uno se convierte en su propio jefe. Y, muchas veces, en su propio verdugo. Ya no necesitamos que nadie nos diga que tenemos que rendir. Lo hacemos nosotros. Podemos ser más productivos, estar más en forma, aprender, progresar, cuidar nuestras relaciones, aprovechar mejor el tiempo… Siempre podemos hacer algo más, y más, y más. Nunca es suficiente. Y estamos pagando un alto precio por ello.

 

Tenemos tan normalizada esta carrera que ni siquiera sabemos quién ha dado la salida. Corremos para conseguir más, para mejorar, para no quedarnos atrás. Pero ¿detrás de quién? ¿Y hacia dónde vamos exactamente? Hemos aprendido a llenar cualquier hueco: caminamos escuchando un podcast, comemos mirando una pantalla. Esperamos una respuesta revisando otras veinte cosas. Hemos dejado de mirar el mundo que nos rodea. Llegamos a casa cansados y seguimos conectados. Incluso el descanso parece necesitar una utilidad: dormir para rendir, hacer deporte para estar en forma, viajar para desconectar, leer para aprender. Y cuando aparece un rato de silencio, enseguida buscamos algo que lo llene.

 

Ojalá sepamos buscar el momento de parar, aunque sea un poco. No para recuperar fuerzas y volver a correr, sino para preguntarnos si queremos seguir corriendo de esa manera. Frenar nuestras propias autoexigencias, espacios sin objetivos ni resultados. Buscar huecos para recuperarnos del ruido. Para contemplar la vida tal como es, disfrutándola. Creo que en ese vacío que antes llamábamos aburrimiento y que hoy necesitamos haya algo bueno: la posibilidad de volver a sentirnos a gusto y en paz. Porque no todo lo valioso tiene que servir para algo. Y en lugar de preguntarnos qué más podemos hacer, empezar a preguntarnos cómo queremos vivir. En esta Sociedad del Cansacio la respuesta puede ser muy simple y muy obvia: darnos espacio para descansar, física y mentalmente. Sin duda va a merecer la pena.

 

«Vivimos en una sociedad del rendimiento, donde el sujeto se vuelve empresario de sí mismo y se autoexprime hasta el agotamiento.»  (Byung-Chul)

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