Miércoles, 07 de Octubre de 2026

Actualizada Miércoles, 07 de Octubre de 2026 a las 14:00:42 horas

Pedro Gutiérrez
Martes, 22 de Septiembre de 2026 Actualizada Martes, 22 de Septiembre de 2026 a las 11:03:16 horas

La Hispanidad: el idioma que mejor canta

Cada 12 de octubre volvemos a hablar de la Hispanidad. Y lo hacemos desde muchos lugares. Desde la historia, desde la lengua, desde la geografía y, a veces, también desde debates que parecen no terminar nunca. Yo, quizá porque llevo media vida sentado delante de un piano, prefiero acercarme a ella desde un lugar mucho más sencillo y cercano: la música.

Porque mucho antes de las redes sociales, de las videollamadas y de esa facilidad que tenemos hoy para hablar con alguien que está a miles de kilómetros, ya existía algo capaz de cruzar un océano sin pedir permiso.

Una melodía.

La música viajó de un lado a otro del Atlántico en barcos, en voces, en instrumentos y, sobre todo, en la memoria de las personas. La guitarra llegó a América y allí encontró otras maneras de hablar. La habanera hizo su propio viaje de ida y vuelta. El bolero terminó formando parte de nuestra memoria sentimental y el flamenco fue encontrándose con sonidos y ritmos llegados de lugares muy diferentes.

Y es que las músicas, cuando se encuentran, rara vez permanecen intactas. Se escuchan, se contagian, se transforman.

Ahí está, para mí, una de las cosas más hermosas de todo esto. Podemos discutir durante horas sobre fronteras, identidades o diferencias, pero basta que alguien empiece a cantar una canción conocida para que ocurra algo curioso: dejamos de preguntarnos de dónde viene y empezamos, simplemente, a sentirla.

Como maestro lo compruebo muchas veces en clase. Podemos explicar a los niños durante una hora qué significa diversidad cultural. Pero también podemos ponerles una ranchera mexicana, un tango argentino, una copla española, un son cubano o una canción colombiana y observar qué sucede. Alguno empieza a seguir el ritmo con el pie. Otro pregunta qué instrumento está sonando. Otro reconoce una melodía que escuchaba su abuela.

Y de pronto aquello que parecía una lección se convierte en vida.

La Hispanidad del siglo XXI, además, no tiene por qué limitarse a mirar hacia atrás. Puede mirar hacia delante. Puede ser un enorme espacio de encuentro entre millones de personas que comparten una lengua, sí, pero también una sensibilidad, una memoria musical y una extraordinaria variedad de acentos, ritmos y maneras de contar la vida.

La verdad es que me gusta imaginar así el 12 de octubre.

Como un enorme escenario a ambos lados del Atlántico.

Un piano empieza a tocar en Badajoz. Una guitarra responde desde México. En Cuba aparece una percusión. Desde Argentina llega un bandoneón. Colombia pone a bailar el ritmo y alguien, en cualquier otro rincón, comienza a cantar.

Probablemente nunca se hayan visto. Quizá ni siquiera pronuncien igual las mismas palabras.

Pero se entienden.

Porque hay idiomas que se estudian.

Y otros, sencillamente, se sienten.

Y quizá la Hispanidad tenga en la música el idioma que mejor canta.

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