PISA 2025. Todos contra la pared
Pues sí, una vez más cada tres años nos tiznan la cara, y este año ha tocado tiznado integral. PISA intenta averiguar hasta qué punto nuestro alumnado de 15 años sabe utilizar lo aprendido para enfrentarse a la vida real. Ahora nuestros políticos se pondrán a interpretar las cifras como si ellos tuvieran la llave para arreglar aquello que han estropeado.
Para España los resultados de PISA 2022 trajeron cola. Fueron los peores hasta ese momento, aunque, mal de muchos, consuelo de tontos, el descenso internacional fue igualmente acusado y no nos separamos de la OCDE. Nos desplomamos junto a muchos países y ahí influyó la pandemia. España y Europa, tenían que cambiar las pilas a sus calculadoras.
La cuestión es que, a veces, comparar países o comunidades no es un concepto matemático en el que 1 más 1 es igual a dos. PISA no mide con fiabilidad todo lo que ocurre en nuestras aulas. No evalúa creatividad, capacidad de cuidar a los que nos rodean, talento artístico, convivencia o la habilidad de un docente para conseguir que un alumno que huye de las matemáticas puede destacar en teatro, arte o el cuidado de los animales. Se miden competencias muy concretas, pero de ahí no podemos sacar conclusiones para hacer un diagnóstico completo de nuestro sistema educativo. No obstante, si que nos debe llamar la atención que, en conjunto, España ha registrado en 2025 sus peores resultados en las tres competencias principales: Matemáticas, Lectura y Ciencias, áreas que permiten interpretar la información, resolver problemas y comprender el mundo que lo rodea. Ahí pinchamos bastante respecto al resto de países.
Mi lectura de todo esto es que no conviene convertir estos datos en una lanza contra el profesorado, la familia o las leyes educativas. Ninguna tiene culpa en su totalidad, pero todas suman. Las pantallas, la perdida de hábitos en la lectura y en la comprensión de lo que leemos, la pandemia… forman parte del debate. La recuperación de los aprendizajes es una tarea pendiente. Paradójicamente nunca hemos tenido tantas herramientas para obtener la información, pero seguimos teniendo dificultades para comprenderla. No basta con saber pulsar botones. Hay que saber para qué se pulsan.
En Extremadura los resultados suelen estar condicionados por factores sociales, económicos y educativos. Nuestra comunidad tiene dispersión geográfica, la ruralidad y la disponibilidad de recursos especializados. No se trata de imitar a otras comunidades. Se trata de aprovechar los recursos que tenemos en nuestro territorio y no todo se trabaja en una hoja de cálculo. No debemos competir con otras comunidades. Esto no es una liga en la que unos ganan y otros descienden. Los datos ayudan a detectar problemas, pero las soluciones deben construirse con cooperación, evidencia y continuidad. Tenemos tres años para poner soluciones, vamos a tirar todos del carro…
Pues sí, una vez más cada tres años nos tiznan la cara, y este año ha tocado tiznado integral. PISA intenta averiguar hasta qué punto nuestro alumnado de 15 años sabe utilizar lo aprendido para enfrentarse a la vida real. Ahora nuestros políticos se pondrán a interpretar las cifras como si ellos tuvieran la llave para arreglar aquello que han estropeado.
Para España los resultados de PISA 2022 trajeron cola. Fueron los peores hasta ese momento, aunque, mal de muchos, consuelo de tontos, el descenso internacional fue igualmente acusado y no nos separamos de la OCDE. Nos desplomamos junto a muchos países y ahí influyó la pandemia. España y Europa, tenían que cambiar las pilas a sus calculadoras.
La cuestión es que, a veces, comparar países o comunidades no es un concepto matemático en el que 1 más 1 es igual a dos. PISA no mide con fiabilidad todo lo que ocurre en nuestras aulas. No evalúa creatividad, capacidad de cuidar a los que nos rodean, talento artístico, convivencia o la habilidad de un docente para conseguir que un alumno que huye de las matemáticas puede destacar en teatro, arte o el cuidado de los animales. Se miden competencias muy concretas, pero de ahí no podemos sacar conclusiones para hacer un diagnóstico completo de nuestro sistema educativo. No obstante, si que nos debe llamar la atención que, en conjunto, España ha registrado en 2025 sus peores resultados en las tres competencias principales: Matemáticas, Lectura y Ciencias, áreas que permiten interpretar la información, resolver problemas y comprender el mundo que lo rodea. Ahí pinchamos bastante respecto al resto de países.
Mi lectura de todo esto es que no conviene convertir estos datos en una lanza contra el profesorado, la familia o las leyes educativas. Ninguna tiene culpa en su totalidad, pero todas suman. Las pantallas, la perdida de hábitos en la lectura y en la comprensión de lo que leemos, la pandemia… forman parte del debate. La recuperación de los aprendizajes es una tarea pendiente. Paradójicamente nunca hemos tenido tantas herramientas para obtener la información, pero seguimos teniendo dificultades para comprenderla. No basta con saber pulsar botones. Hay que saber para qué se pulsan.
En Extremadura los resultados suelen estar condicionados por factores sociales, económicos y educativos. Nuestra comunidad tiene dispersión geográfica, la ruralidad y la disponibilidad de recursos especializados. No se trata de imitar a otras comunidades. Se trata de aprovechar los recursos que tenemos en nuestro territorio y no todo se trabaja en una hoja de cálculo. No debemos competir con otras comunidades. Esto no es una liga en la que unos ganan y otros descienden. Los datos ayudan a detectar problemas, pero las soluciones deben construirse con cooperación, evidencia y continuidad. Tenemos tres años para poner soluciones, vamos a tirar todos del carro…



















