Sábado, 05 de Septiembre de 2026

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Lucas Navareño
Viernes, 04 de Septiembre de 2026 Actualizada Viernes, 04 de Septiembre de 2026 a las 18:00:02 horas

Personas Altamente Sensibles: El radar emocional

Hablé ya hace unos años de las Personas Altamente Sensibles. Me lo han recordado cuando decidí hace unos días escribir la columna y evidencia la importancia que para mí tienen. Y no, no tienen (o tenemos, que a veces dudo) poderes paranormales, simplemente son capaces de percibir detalles que nosotros no. Cambios en el tono, gestos, miradas…, personas con tendencia a procesar estímulos de una manera más profunda. No es enfermedad ni echar unas lagrimas según termina la película. Forma parte de la personalidad y afecta a la manera de ver el mundo.
Una conversación insignificante puede dar vueltas en su cabeza durante horas y parecer que no te escuchan. Un comentario es analizado desde 8 perspectivas distintas. Esta profundidad de razonamiento favorece la empatía, la creatividad y la capacidad de comprender a otras personas, aunque también les puede afectar negativamente.
Uno de los principales problemas que tienen las personas altamente sensibles es la molestia que les termina produciendo el ruido, la multitud, las discusiones, ir con prisa, un exceso de tareas o la exposición continua a las pantallas. Para estas personas, música, luces, conversaciones ajenas que se escuchan de forma involuntaria y un hilo musical diseñado por alguien con animadversión a la humanidad les produce unas ganas inmensas de volver a casa y descansar sin otra tarea más que hacer. Eso sí, no deberíamos confundir sensibilidad con fragilidad. Para ellas, aprender a decir “necesito descansar” puede ser mucho más saludable que intentar demostrar que uno puede con todo.
Vivimos una época de hiperestimulación permanente: teléfonos, notificaciones, redes sociales, ruido y prisas. Hemos convertido la disponibilidad permanente en una virtud y el descanso en una actividad que necesita justificarse. En este contexto, las personas sensibles nos recuerdan que el exceso de estímulos tiene un coste.
Comprender la alta sensibilidad significa dejar de preguntarnos por qué algunas personas “sienten demasiado” y empezar a preguntarnos si nosotros hemos aprendido a sentir demasiado poco o demasiado deprisa. La sensibilidad, bien gestionada, puede convertirse en una extraordinaria capacidad para observar, crear, empatizar y comprender. No se trata de apagar ese radar emocional, sino aprender a utilizarlo sin agotarse por cada señal que recibe. Porque sentir profundamente no es un defecto. Y, puestos a elegir, quizá sea preferible vivir con el volumen un poco alto que pasar por la vida con el botón de silencio permanentemente activado.

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