Viernes, 04 de Septiembre de 2026

Actualizada Viernes, 04 de Septiembre de 2026 a las 13:56:18 horas

Andrés Acevedo
Viernes, 04 de Septiembre de 2026 Actualizada Viernes, 04 de Septiembre de 2026 a las 13:39:26 horas

Gracias por haber estado ahí


Durante los últimos nueve años, una vez al mes he intentado sentarme delante de una hoja  en blanco con una idea que pudiera merecer unos minutos de vuestro tiempo. A veces ha sido un tema de psicología, otras una reflexión sobre algo cotidiano y, en ocasiones, simplemente una pregunta que me parecía interesante dejar abierta.
Hoy, sin embargo, el tema es diferente. Este artículo no pretende explicar nada, ni ofrecer 
una reflexión sobre cómo vivimos, sentimos o nos relacionamos. Esta vez, simplemente, quería daros las gracias.
Es difícil saber qué ocurre con un texto después de publicarlo. Uno lo escribe, lo revisa, lo envía y, en cierto modo, deja de pertenecerle. Puede que alguien lo lea mientras desayuna, que otro se encuentre con él por casualidad, que alguien lo guarde o simplemente pase la página sin detenerse demasiado. Durante estos años, esa incertidumbre también ha formado parte de lo bonito de escribir.
He disfrutado mucho de este pequeño ritual. Buscar una idea, darle vueltas, intentar encontrar las palabras adecuadas y tratar de mirar una cuestión aparentemente sencilla desde una perspectiva psicológica. Escribir me ha obligado también a mirar de otra manera algunas cosas que, de otro modo, quizá habría pasado por alto. Y, sobre todo, he disfrutado pensando que al otro lado había alguien leyendo.
No hace falta que ese alguien estuviera de acuerdo con lo que escribía, ni que el artículo le pareciera especialmente brillante. Bastaba con imaginar que, durante unos minutos, aquellas palabras habían conseguido acompañarle, hacerle pensar en algo o incluso provocar una pequeña discrepancia. Quizá ese sea uno de los aspectos más curiosos de escribir para otros: nunca sabemos exactamente qué parte de lo que hemos querido decir termina encontrando un lugar en quien lo lee.
Durante estos nueve años han pasado muchas cosas. Han cambiado nuestras vidas, nuestras preocupaciones, nuestra manera de entender algunas cuestiones. También han 
cambiado mis propias ideas y, seguramente, mi manera de escribir. Algunos artículos me gustan más que otros. Algunos los escribiría de otra manera hoy. Pero todos forman parte de este recorrido. 
Y ahora toca detenerlo.
No hay una gran razón detrás de estas palabras, ni creo que sea necesario buscarla. 
Simplemente, después de tantos años, ha llegado el momento de cerrar esta pequeña ventana que abría cada mes. Hay cosas que disfrutamos precisamente porque tienen un 
momento para empezar y otro para terminar.
Me quedo, sobre todo, con el agradecimiento. A quienes habéis leído con atención, a quienes me habéis hecho referencia alguna vez y también a quienes, sencillamente, habéis 
dedicado unos minutos a leerme.

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