Viernes, 03 de Julio de 2026

Actualizada Viernes, 03 de Julio de 2026 a las 19:59:20 horas

Lucas Navareño
Viernes, 03 de Julio de 2026 Actualizada Viernes, 03 de Julio de 2026 a las 18:53:45 horas

La generación de cristal y la gestión de la frustración

En los últimos años compruebo cada vez más, que la salud mental de nuestros jóvenes ocupa un lugar central en los temas que les preocupan. Los datos de ansiedad, estrés, depresión o malestar emocional han aumentado en progresión geométrica y han impulsado la creación de recursos psicológicos en centros educativos, espacios de ocio y hospitales. La atención es necesaria, pero me surge una pregunta para reflexionar: ¿formamos a nuestros hijos para afrontar las dificultades o para depender de ayuda externa ante cualquier contratiempo?
En psicología, la resiliencia constituye una competencia muy importante para el desarrollo personal. Nos referimos a la capacidad de adaptarse a la adversidad, gestionar la frustración y aprender de los errores. Nuestra generación la adquiría mediante la experiencia: una mala nota, una discusión con amigos, una rotura sentimental o un fracaso deportivo formaban parte del aprendizaje de la vida. Hoy, la tendencia es requerir de inmediato intervención especializada.
Y en este contexto, las redes sociales contribuyen a este problema que permite a nuestra juventud la exposición a la comparación de forma permanente. La exhibición de vidas aparentemente perfectas genera expectativas poco realistas y reduce la tolerancia a las dificultades haciéndolos más vulnerables a lo que antes se consideraba un desafío habitual.
A todo esto, hemos de sumar la cultura educativa y familiar que, en ocasiones, confunde protección con sobreprotección. A muchos adolescentes los adultos les intentan eliminar cualquier obstáculo de su camino. Si bien la intención es buena, las consecuencias no. Si nunca se experimenta el fracaso, difícilmente se aprende a levantar después de una caída. Y la vida, antes o después encuentra la manera de examinarnos de esta materia.
No cuestiono a los psicólogos, pero no se debe patologizar emociones normales como la tristeza, el nerviosismo o la frustración. Sentirse mal en determinados momentos es una manifestación natural de estar vivo. Hay jóvenes que consultan tutoriales para afrontar una conversación incómoda y consideran una tragedia que un mensaje quede sin respuesta durante dos horas.
La solución no pasa por eliminar los recursos de apoyo emocional, sino por utilizarlos de manera equilibrada. Los centros educativos deben trabajar competencias socioemocionales, pero también fomentar la autonomía, la responsabilidad y la capacidad de resolver conflictos sin supervisión permanente. La educación emocional no consiste únicamente en identificar sentimientos; también implica aprender a convivir con ellos y gestionarlos eficazmente. [email protected]

 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.