Una ballesta
Rincón de Ballesteros (Cáceres) es pueblo de colonización en tierras de secano. Aquí no hay aguas espumosas de compuertas, domadas en canales, multiplicada en las acequias, arremolinadas en los sifones. Es territorio de la Sierra de San Pedro, donde habita el bosque, la dehesa y el matorral. Aquí florecen los cantuesos, la jara muestra su apogeo y el brezo proclama que es el señor de las sierras. Elevaciones montuosas presididas por el Pico Estena, el más alto. Tierras surcadas por rojizos alcornoques, ante el desangre que les produce la saca; junto a hermosas encinas donde faenan los animales. La rivera de Lácara, en su descenso hacia los embalses Boquerón y Horno Tejero, cercanos a Cordobilla de Lácara, lo delimita por el oeste; la Sierra de la Lombriz, por el este, y el arroyo Arrancajaras, por el sur. Rincón de Ballesteros es barrio exterior de la capital, Cáceres, próximo a Aldea del Cano. Fue en lo antiguo jurisdicción de la Orden Militar de Santiago. La propiedad de Rincón de Ballesteros perteneció al Marquesado de Castro Serna y sus herederos.
En los años cincuenta del siglo pasado se hizo la traza del pueblo. El proyecto fue realizado por el arquitecto Carlos Sobrini Marín, desarrollando modificaciones, en 1963, el arquitecto municipal de Cáceres, Manuel García Creus. La segunda fase de ampliación del poblado se hizo en 1970, a cargo del arquitecto Joaquín Pastor Pujo. Naciendo así Rincón de Ballesteros, asentándose en él setenta y ocho aparceros. En un retablo cerámico, en el porche de la iglesia, junto a la imagen pétrea de San Isidro, los rinconeros imploran: “San Isidro Labrador, patrono del Rincón protege nuestros campos y danos tu bendición”.
La arquitectura de Rincón no te deja indiferente. En los pueblos de colonización en sus trazas y proyectos trabajaron los mejores técnicos. Pueblos que constituyen un importante campo de estudio dentro del panorama del arte español de la posguerra, siendo Rincón de Ballesteros un ejemplo. Muchos de los artistas renovaron las artes plásticas y sus aportaciones formando parte de la vanguardia artística española de la segunda mitad del siglo pasado. Un grupo de yunteros de Valdefuentes se asentaron en su dehesa, dos mil novecientas tres hectáreas, en aplicación de la Ley de Expropiación Forzosa. Instalándose también familias de colonos de Albalá y Alcuéscar.
Acudo a su blanco caserío. Hay letreros que anuncian: Paseo de los Conquistadores, de la Virgen, Plaza de España, del Agua; calles de la Bola, Palancares, Ovando, Pizarro, Cuesta de Artesanos y Cordel de Ceres. Cierran las Rondas: del Aire, del Sol y Arrancajaras, donde viven no más de cien vecinos y reina el silencio. Hay lujo de pórticos en su plaza. En la sierra, arriba, la ermita de la Virgen de la Perenguana, en la Morra de los Acebuches. Abajo, la parroquia de Ntra. Señora de Guadalupe, patrona del pueblo. Su torre es una aguja que busca elevarse a Dios, abandonado las torpezas de este mundo. El interior del templo ofrece las imágenes de San Isidro Labrador, Cristo en la cruz y Virgen de Guadalupe, junto a un Vía Crucis cerámico y vidrieras de varios artistas contemporáneos, como Núñez Solé, Capuz Mamano, Hernández Carpe, Talleres Granda o Casa Santarrufina. La parroquia pertenece al arciprestazgo de Montánchez. Fue inaugurada, el 30/VI/1962, siendo obispo don Manuel Llopis Ivorra. Adscrita entonces a la parroquia de San Eugenio de Aldea Moret (Cáceres). La responsabilidad pastoral recae ahora sobre el párroco, Javier Ignacio López Cea, que también lo es de Aldea del Cano y delegado Episcopal de Cáritas. Nacho es nieto materno de don Santiago Cea Flores, farmacéutico en Montijo, su farmacia estuvo en la hoy sede de la Policía Local. Fue fusilado en las tapias del cementerio a finales de agosto de 1936. Por último, deseo escribir sobre la veleta formada por una ballesta que corona la torre de la iglesia. Vigía del viento, que hace honor a su nombre: Rincón de Ballesteros.
Rincón de Ballesteros (Cáceres) es pueblo de colonización en tierras de secano. Aquí no hay aguas espumosas de compuertas, domadas en canales, multiplicada en las acequias, arremolinadas en los sifones. Es territorio de la Sierra de San Pedro, donde habita el bosque, la dehesa y el matorral. Aquí florecen los cantuesos, la jara muestra su apogeo y el brezo proclama que es el señor de las sierras. Elevaciones montuosas presididas por el Pico Estena, el más alto. Tierras surcadas por rojizos alcornoques, ante el desangre que les produce la saca; junto a hermosas encinas donde faenan los animales. La rivera de Lácara, en su descenso hacia los embalses Boquerón y Horno Tejero, cercanos a Cordobilla de Lácara, lo delimita por el oeste; la Sierra de la Lombriz, por el este, y el arroyo Arrancajaras, por el sur. Rincón de Ballesteros es barrio exterior de la capital, Cáceres, próximo a Aldea del Cano. Fue en lo antiguo jurisdicción de la Orden Militar de Santiago. La propiedad de Rincón de Ballesteros perteneció al Marquesado de Castro Serna y sus herederos.
En los años cincuenta del siglo pasado se hizo la traza del pueblo. El proyecto fue realizado por el arquitecto Carlos Sobrini Marín, desarrollando modificaciones, en 1963, el arquitecto municipal de Cáceres, Manuel García Creus. La segunda fase de ampliación del poblado se hizo en 1970, a cargo del arquitecto Joaquín Pastor Pujo. Naciendo así Rincón de Ballesteros, asentándose en él setenta y ocho aparceros. En un retablo cerámico, en el porche de la iglesia, junto a la imagen pétrea de San Isidro, los rinconeros imploran: “San Isidro Labrador, patrono del Rincón protege nuestros campos y danos tu bendición”.
La arquitectura de Rincón no te deja indiferente. En los pueblos de colonización en sus trazas y proyectos trabajaron los mejores técnicos. Pueblos que constituyen un importante campo de estudio dentro del panorama del arte español de la posguerra, siendo Rincón de Ballesteros un ejemplo. Muchos de los artistas renovaron las artes plásticas y sus aportaciones formando parte de la vanguardia artística española de la segunda mitad del siglo pasado. Un grupo de yunteros de Valdefuentes se asentaron en su dehesa, dos mil novecientas tres hectáreas, en aplicación de la Ley de Expropiación Forzosa. Instalándose también familias de colonos de Albalá y Alcuéscar.
Acudo a su blanco caserío. Hay letreros que anuncian: Paseo de los Conquistadores, de la Virgen, Plaza de España, del Agua; calles de la Bola, Palancares, Ovando, Pizarro, Cuesta de Artesanos y Cordel de Ceres. Cierran las Rondas: del Aire, del Sol y Arrancajaras, donde viven no más de cien vecinos y reina el silencio. Hay lujo de pórticos en su plaza. En la sierra, arriba, la ermita de la Virgen de la Perenguana, en la Morra de los Acebuches. Abajo, la parroquia de Ntra. Señora de Guadalupe, patrona del pueblo. Su torre es una aguja que busca elevarse a Dios, abandonado las torpezas de este mundo. El interior del templo ofrece las imágenes de San Isidro Labrador, Cristo en la cruz y Virgen de Guadalupe, junto a un Vía Crucis cerámico y vidrieras de varios artistas contemporáneos, como Núñez Solé, Capuz Mamano, Hernández Carpe, Talleres Granda o Casa Santarrufina. La parroquia pertenece al arciprestazgo de Montánchez. Fue inaugurada, el 30/VI/1962, siendo obispo don Manuel Llopis Ivorra. Adscrita entonces a la parroquia de San Eugenio de Aldea Moret (Cáceres). La responsabilidad pastoral recae ahora sobre el párroco, Javier Ignacio López Cea, que también lo es de Aldea del Cano y delegado Episcopal de Cáritas. Nacho es nieto materno de don Santiago Cea Flores, farmacéutico en Montijo, su farmacia estuvo en la hoy sede de la Policía Local. Fue fusilado en las tapias del cementerio a finales de agosto de 1936. Por último, deseo escribir sobre la veleta formada por una ballesta que corona la torre de la iglesia. Vigía del viento, que hace honor a su nombre: Rincón de Ballesteros.




















