Jueves, 07 de Mayo de 2026

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Lucas Navareño
Viernes, 24 de Abril de 2026 Actualizada Viernes, 24 de Abril de 2026 a las 11:58:44 horas

Patrimonio que florece

Sí, Puntual a su cita, la primavera, esa estación tan corta como “todo lo bueno” ya está entre nosotros. Y es que esta estación no solo despierta los campos, también aviva y lleva a la práctica aquello para lo que muchos han estado trabajando durante el invierno. Guardamos en nuestras pupilas las procesiones de santos y comenzamos a preparar en todas las localidades de aquello que da identidad y sostiene nuestra comunidad. Y más allá de la dimensión religiosa que ha permitido que lleguen hasta nuestros días, se han convertido en un espejo en el que cada uno de nuestros pueblos y ciudades reflejan su personalidad.

En Extremadura, esta estación tiene un pulso propio. No hay que hacer muchos kilómetros (bueno, quizás si vienes desde el norte de Cáceres un poco si…) para comprobarlo: en Jerez de los Caballeros, la eterna ciudad templaria extremeña transforma sus calles en un escenario de emoción en el que el silencio, la música sacra y la devoción se entrelazan con siglos de historia. No es solo una celebración; es una forma de narrarse y reconocerse en cada paso y mirada de quienes participan en sus procesiones desde dentro o desde fuera. Se vive en el trabajo de quienes han preparado la procesión durante semanas, en la banda que ha estado ensayando ocupando el tiempo de ocio y en las cocinas donde se repiten con las recetas que se han ido heredando de abuelas a madres sin necesidad de tenerlas por escrito. Esa es la verdadera herencia, la que transmitimos sin hacer “ni chispa de ruido”.

Y en ese patrimonio que a veces es inmaterial tenemos los aderezos que acompañan a la fiesta. El vecino que todos los años juramenta que el año siguiente participará más pero que acaba como las asistencias al gimnasio, la primera semana del año o el cuñado que pregunta si aún queda alguna torrija y se ha comido cuatro… esas tradiciones no las vamos a encontrar en los folletos turísticos pero que las reconocemos como propias.

Creemos en el patrimonio como algo estático que encontramos en las piedras y en las vitrinas de los museos, pero en Extremadura, el patrimonio respira. Se manifiesta en cada fiesta, en el encuentro de los vecinos, en las tradiciones que se van adaptando sin perder la esencia. Es un legado vivo que viene del pasado pero que recreamos en el presente. Ejemplo vivo de esto lo tendremos en unos días cuando emeritenses y visitantes recreemos la sociedad emeritense de hace dos milenios… pero con el aporte de la sociedad actual.

La riqueza de esta tierra no se mide en lo que conserva, sino en la capacidad de hacerla florecer una y otra vez. De no vivir de reliquias, de mantenerla vivo sin que pierda su sentido. Y mientras la primavera nos lleve al tórrido verano también lo hará el patrimonio, ese que no se archiva, se usa y se celebra. Necesita ser vivido para no marchitarse. ¡Feliz Emérita Lúdica!  [email protected]

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