Volver a los hábitos saludables, la verdadera prioridad
Tras la época de Navidad, muchas personas se sienten cansadas, con menos energía y con la sensación de haber perdido algo que mantienen casi todo el año: las rutinas y los hábitos.
No es raro que eso pase, ya que los cambios en los horarios, comidas más abundantes, menos descanso y más compromisos sociales alteran nuestros hábitos habituales.
Sin embargo, más allá de “compensar los excesos”, lo verdaderamente importante para la salud y el rendimiento (o cualquier objetivo) es recuperar cuanto antes una estructura básica habitual de hábitos saludables.
La nutrición es el primer pilar a reorganizar. No, no se trata de hacer dietas restrictivas ni de eliminar grupos de alimentos (que como casi siempre, suelen ser los hidratos de carbono), sino de volver a una alimentación correcta, variada y equilibrada. Ejemplos como priorizar alimentos naturales y los mínimamente procesados; proteínas de calidad; frutas y verduras y una correcta hidratación ayuda a regular el apetito de nuevo, mejorar la digestión (esa que perdemos desde las primeras cenas de Navidad) y recuperar niveles de energía. Comer bien vuelve a ser una herramienta de bienestar, no un castigo por lo ocurrido en Navidad.
La actividad física y el ejercicio estructurado cumplen un papel fundamental en este proceso. Retomar el movimiento diario, aunque sea con aumentar los pasos diarios y reincorporar progresivamente el entrenamiento habitual (o sino lo hacías, es momento de hacerlo) mejora el estado de ánimo y la composición corporal. Además, el ejercicio es un gran regulador del estrés, algo especialmente necesario tras semanas de mayor carga social y emocional. No hace falta empezar fuerte: la constancia es más importante que empezar por todo lo alto.
Otro aspecto muchas veces olvidado es el descanso. Dormir mal o poco altera el apetito, reduce el rendimiento físico y dificulta la toma de decisiones saludables. Recuperar horarios de sueño regulares, desconectar de pantallas (sobre todo cerca de la hora de dormir) y organizar mejor el día es tan importante como lo que comemos o cuánto entrenamos.
Recomendación final: Después de Navidad, céntrate en volver a los hábitos, no en ponerte objetivos que no quieres llevar a cabo o no vas a cumplir. Nutrición equilibrada, actividad física regular, ejercicio progresivo y buen descanso son las claves para recuperar la salud y el rendimiento. Cuidarte de forma constante es siempre más efectivo que buscar soluciones rápidas y para ello, lo mejor siempre es contactar con un profesional, que te ayude con eso.
Tras la época de Navidad, muchas personas se sienten cansadas, con menos energía y con la sensación de haber perdido algo que mantienen casi todo el año: las rutinas y los hábitos.
No es raro que eso pase, ya que los cambios en los horarios, comidas más abundantes, menos descanso y más compromisos sociales alteran nuestros hábitos habituales.
Sin embargo, más allá de “compensar los excesos”, lo verdaderamente importante para la salud y el rendimiento (o cualquier objetivo) es recuperar cuanto antes una estructura básica habitual de hábitos saludables.
La nutrición es el primer pilar a reorganizar. No, no se trata de hacer dietas restrictivas ni de eliminar grupos de alimentos (que como casi siempre, suelen ser los hidratos de carbono), sino de volver a una alimentación correcta, variada y equilibrada. Ejemplos como priorizar alimentos naturales y los mínimamente procesados; proteínas de calidad; frutas y verduras y una correcta hidratación ayuda a regular el apetito de nuevo, mejorar la digestión (esa que perdemos desde las primeras cenas de Navidad) y recuperar niveles de energía. Comer bien vuelve a ser una herramienta de bienestar, no un castigo por lo ocurrido en Navidad.
La actividad física y el ejercicio estructurado cumplen un papel fundamental en este proceso. Retomar el movimiento diario, aunque sea con aumentar los pasos diarios y reincorporar progresivamente el entrenamiento habitual (o sino lo hacías, es momento de hacerlo) mejora el estado de ánimo y la composición corporal. Además, el ejercicio es un gran regulador del estrés, algo especialmente necesario tras semanas de mayor carga social y emocional. No hace falta empezar fuerte: la constancia es más importante que empezar por todo lo alto.
Otro aspecto muchas veces olvidado es el descanso. Dormir mal o poco altera el apetito, reduce el rendimiento físico y dificulta la toma de decisiones saludables. Recuperar horarios de sueño regulares, desconectar de pantallas (sobre todo cerca de la hora de dormir) y organizar mejor el día es tan importante como lo que comemos o cuánto entrenamos.
Recomendación final: Después de Navidad, céntrate en volver a los hábitos, no en ponerte objetivos que no quieres llevar a cabo o no vas a cumplir. Nutrición equilibrada, actividad física regular, ejercicio progresivo y buen descanso son las claves para recuperar la salud y el rendimiento. Cuidarte de forma constante es siempre más efectivo que buscar soluciones rápidas y para ello, lo mejor siempre es contactar con un profesional, que te ayude con eso.






















