Miércoles, 14 de Enero de 2026

Actualizada Miércoles, 14 de Enero de 2026 a las 13:24:45 horas

Elisa Martín
Miércoles, 14 de Enero de 2026 Actualizada Miércoles, 14 de Enero de 2026 a las 11:51:04 horas

Elige tus objetivos, elige tu bienestar

Estamos en una sociedad obsesionada con el rendimiento. Hay que marcarse metas, planificar, medir resultados, optimizar el tiempo. Ya deberíamos ser super eficaces y eficiente. Y, sin embargo, paradójicamente, nunca habíamos estado tan estresados, ansiosos e insatisfechos. Algo no encaja. Los objetivos ordenan la vida, sin duda. Pero algunos, mal planteados o asumidos sin reflexión, la desordenan profundamente. Nos generan sensación de fracaso y una presión por llegar a un lugar que, en muchos casos, ni siquiera hemos elegido conscientemente.. 
Lo veo con frecuencia en procesos de acompañamiento profesional de coaching. Personas que sobre el papel quieren mejorar resultados, pero viven en camino como una losa. Y es que en realidad son metas impuestas por comparaciones externas, por presiones cercanas o por la sensación de que se están quedando atrás. El problema no es tener objetivos, es no preguntarnos para qué sirven, desde dónde nacen y qué coste emocional y físico estamos dispuestos —o no— a pagar por ellos. Está claro que el cuerpo y la emoción pasan factura: estrés, culpa por no llegar, dificultad para disfrutar del presente (que muchas veces es mejor que ese destino soñado). 
Frente a esto, existen otros objetivos, aparentemente más modestos, que sí actúan como organizadores de la vida porque son coherentes con nuestra personalidad. La diferencia clave está en el impacto emocional que producen unos y otros. Un buen objetivo, específico, medible, alcanzable, realista y que se pueda cumplir en un tiempo razonable nos hace avanzar, no nos encoge por el miedo y la inseguridad. Dan felicidad y orgullo por el logro. Nos ayuda a ordenar prioridades, a limpiar lo que no nos vale y a tomar decisiones más alineadas con lo que somos y con lo que necesitamos en esta etapa de la vida. 
Por eso, quizá el reto no sea marcarnos más objetivos, sino revisar cómo estamos en este punto antes de seguir. Preguntarnos si nos acercan a la vida que queremos o simplemente nos mantienen ocupados dando vueltas y vueltas. Y todo ello sin dejarnos llevar por esos que escuchamos por todas partes: “Tienes que…”, “Haz esto que te digo…”, “¿Todavía no has empezado a….?”. Cuidado. Muchos de estos mensajes nos confunden y tomamos caminos en los que invertimos mucho esfuerzo y no nos llevan a ninguna parte. Ojalá en 2026 consigamos redefinir nuestras metas desde el cuidado y el sentido. Que nuestros objetivos dejen de ser una fuente de estrés y se conviertan en nuestros aliados para conseguir bienestar, crecimiento y paz. 

 

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