Una sonrisa que expresaba la alegría de su alma
(Dedicado a ADELA CUPIDO)
“En silencio, muchos días, desde que supe de tu enfermedad, he
necesitado llorar tu muerte, adelantarla, porque sabía que cuando
sucediera de verdad, me sería muy difícil soportar tanto dolor sin
estar preparado para ello”.
Querida Adela: Te has ido para siempre sin hacer prácticamente ruido,
llevando tu enfermedad con una entereza digna de elogio. Siempre
transmitiendo palabras de consuelo, siempre invirtiendo el dolor en una
sonrisa.
Al conocer el domingo la fatal noticia, todo hemos sentido con un dolor
profundo e intenso tu muerte y hemos llorado de rabia, impotencia, por
una realidad difícilmente aceptada. Creo que hoy ha sido uno de los
días más duros que recuerdo en Puebla de la Calzada, pero sé que tú, si
hubieses visto a tu pueblo tan desconcertado, nos habrías dicho,
completamente serena, firme y con una sonrisa: “Adelante, hay que
seguir adelante… por desgracia, la vida sigue”.
Puedo asegurarte que, desde mi silencio, te voy a echar mucho de menos.
Yo te he acompañado durante muchas horas de tu vida. He compartido
grandes momentos que ahora pasarán a formar parte de ese álbum de
recuerdos entrañables e imborrables que surgirán de mi mente siempre.
He vivido a tu lado, como amigo y compañero de “fatigas”, momentos
divertidos y otros no tanto, pero siempre aprendiendo de ti.
Nada te acobardaba, siempre estabas en primera fila, dando la cara y
luchando dignamente por todo lo que tú considerabas justo. Yo te miraba
y me preguntaba ¿de donde sacas esa fuerza y esa valentía para
enfrentarte a toda esa sinrazón que se cruza en tu camino?... y es que
eras especial, un ser irrepetible y tremendamente humano.
Tu perenne sonrisa era la expresión de la alegría de tu alma. Un alma
limpia y generosa para con todos y es lo que te hacía más grande. Tu
generosidad se desarrollaba desde el anonimato… nadie sabe realmente lo
que te implicaste en el bienestar de todos los poblanchinos. Yo fui
testigo de tu solidaridad hacía todos los que atravesaban momentos
difíciles. ¡Que corazón tan grande el tuyo, querida Adela!.
Hoy podemos escribir millones de palabras hermosas, llorar tu ausencia,
recordarte eternamente pero yo creo que lo mejor que podíamos hacer
todos es sentirnos afortunados porque se nos ha permitido la
posibilidad de conocerte, hemos tenido la gran suerte de sentirnos tus
amigos y sobre todo, dar gracias por las horas que hemos podido
disfrutar de ti.
Adiós, querida Adela. Todos los que te hemos querido y acompañado
siempre, sentimos un inmenso dolor que vivirá siempre con tu recuerdo.
“Mis manos vacías empapan mil lágrimas al ver que en el aire ilusiones vagan.
Mastico mis furias usando la calma y bebiendo a escondida la impotencia amarga.
Amanece otro día sin ti y me espanta ¡Me espanta!”.
“En silencio, muchos días, desde que supe de tu enfermedad, he necesitado llorar tu muerte, adelantarla, porque sabía que cuando sucediera de verdad, me sería muy difícil soportar tanto dolor sin estar preparado para ello”.
Querida Adela: Te has ido para siempre sin hacer prácticamente ruido, llevando tu enfermedad con una entereza digna de elogio. Siempre transmitiendo palabras de consuelo, siempre invirtiendo el dolor en una sonrisa.
Al conocer el domingo la fatal noticia, todo hemos sentido con un dolor profundo e intenso tu muerte y hemos llorado de rabia, impotencia, por una realidad difícilmente aceptada. Creo que hoy ha sido uno de los días más duros que recuerdo en Puebla de la Calzada, pero sé que tú, si hubieses visto a tu pueblo tan desconcertado, nos habrías dicho, completamente serena, firme y con una sonrisa: “Adelante, hay que seguir adelante… por desgracia, la vida sigue”.
Puedo asegurarte que, desde mi silencio, te voy a echar mucho de menos.
Yo te he acompañado durante muchas horas de tu vida. He compartido grandes momentos que ahora pasarán a formar parte de ese álbum de recuerdos entrañables e imborrables que surgirán de mi mente siempre. He vivido a tu lado, como amigo y compañero de “fatigas”, momentos divertidos y otros no tanto, pero siempre aprendiendo de ti.
Nada te acobardaba, siempre estabas en primera fila, dando la cara y luchando dignamente por todo lo que tú considerabas justo. Yo te miraba y me preguntaba ¿de donde sacas esa fuerza y esa valentía para enfrentarte a toda esa sinrazón que se cruza en tu camino?... y es que eras especial, un ser irrepetible y tremendamente humano.
Tu perenne sonrisa era la expresión de la alegría de tu alma. Un alma limpia y generosa para con todos y es lo que te hacía más grande. Tu generosidad se desarrollaba desde el anonimato… nadie sabe realmente lo que te implicaste en el bienestar de todos los poblanchinos. Yo fui testigo de tu solidaridad hacía todos los que atravesaban momentos difíciles. ¡Que corazón tan grande el tuyo, querida Adela!.
Hoy podemos escribir millones de palabras hermosas, llorar tu ausencia, recordarte eternamente pero yo creo que lo mejor que podíamos hacer todos es sentirnos afortunados porque se nos ha permitido la posibilidad de conocerte, hemos tenido la gran suerte de sentirnos tus amigos y sobre todo, dar gracias por las horas que hemos podido disfrutar de ti.
Adiós, querida Adela. Todos los que te hemos querido y acompañado siempre, sentimos un inmenso dolor que vivirá siempre con tu recuerdo.
“Mis manos vacías empapan mil lágrimas al ver que en el aire ilusiones vagan.
Mastico mis furias usando la calma y bebiendo a escondida la impotencia amarga.
Amanece otro día sin ti y me espanta ¡Me espanta!”.




















