Miércoles, 21 de Enero de 2026

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Elisa Martín
Jueves, 31 de Diciembre de 2020

Volvamos a ilusionarnos

Que el año 2020 pasará a la historia es indudable. Será uno de los hitos del siglo XXI, el año de la pandemia del Covid, cuando todo se paró de golpe y nos dimos de bruces con una realidad: que la naturaleza influye en nuestra vida mucho más de lo que queríamos darnos cuenta, que somos parte de la biología y no una especie por encima de todo.

Que ha sido un año convulso y sorprendente está fuera de toda duda. Hemos sentido de forma más intensa el miedo ante un enemigo desconocido y la tristeza de muchas pérdidas en todos los sentidos.

Que hemos tenido que admitir nuestra fragilidad está claro, al comprobar que el mundo que habíamos creado no era tan sólido como pensábamos. Hemos visto tambalearse los sistemas de salud y la vida, los puestos de trabajo, las empresas, la educación, nuestra cultura, deportes, tradiciones, hasta los juegos de los niños...Y algo impensable, nuestra libertad. El año que ahora cerramos ha resultado ser desafiante, disruptivo y poderoso, el punto que marcará un antes y un después.

Pero frente a esta realidad también hemos hecho otros descubrimientos interesantes. Podemos decir que ha sido un año que nos ha obligado a todos a madurar, parando la carrera desenfrenada que llevábamos. Hemos comprobado algo que ya sabíamos, que tenemos una increíble capacidad de recuperación y de solucionar problemas. La prueba máxima es que en el mismo año en que ha aparecido el virus ha habido personas trabajando incansablemente para encontrar soluciones eficaces y han conseguido la vacuna en tiempo récord. Como siempre ha pasado en las grandes crisis, en los momentos de mayor dificultad es cuando se han realizado los mayores avances tecnológicos y científicos. En cuanto nos vemos en la necesidad, nuestras capacidades se disparan hasta el infinito y encontramos la manera de crecer en la adversidad.

Tras una Navidad diferente y más solitaria, llega Nochevieja y esta vez nos toca vivir una transición rara de un año a otro. Sin algarabías, sin abrazos, sin cantos, sin fiesta, sin fuegos artificiales y con unos deseos más profundos: que tengas salud, que mantengas el trabajo, que sigamos vivos. Es una lección que debemos aprovechar para nosotros y para las futuras generaciones. Este paréntesis será nuestra oportunidad para aliarnos con la naturaleza, para aprender a convivir con ella sin agredirla, para desarrollar un pensamiento crítico, para revisar nuestros valores, para ayudarnos unos a otros.

Volvamos a ilusionarnos. No nos hacen falta fuegos artificiales. Lo que necesitamos es pensar por nosotros mismos dónde queremos estar en el futuro y encaminar nuestros pasos hacia ese objetivo. Feliz 2021, lo digo sin reservas. Que nuestra confianza sea mayor que nuestras dudas. Que nuestros deseos sean más fuertes que nuestros miedos.

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