La terapia se hace, no se recibe
La psicología siempre ha sido una ciencia particular dentro de las profesiones sanitarias. Desde joven quiso parecerse a su hermana mayor, la medicina, y de su imitación surgieron muchas ventajas y algunos inconvenientes que, aún hoy en día arrastramos.
Muchas personas entienden la medicina como si de tratamiento farmacológico o quirúrgico exclusivamente se tratase. Siendo así ésta, una ciencia que puede ser aplicada independientemente de la persona que la recibe, ya que se aplica sobre una parte muy concreta de su sistema corporal.
Obtener tratamiento, implicaría de esta manera, prestar tu cuerpo a la acción de un fármaco o bisturí. Bastando por tu parte, poco más que el consentimiento a que esto se lleve a cabo.
Si bien esta concepción es reduccionista en la medicina, pues borra de un plumazo toda la prevención en salud. Es directamente incompatible con la psicoterapia.
Nadie debe esperar algo remotamente análogo en una terapia psicológica. Y es que, ésta no interviene en una parte de la persona (ni en la mente, ni en el cerebro). La terapia trabaja con la conducta de alguien, con sus comportamientos, emociones y pensamientos.
Y esto no es una parte de él, es su forma de estar en el mundo.
No es posible modificar la forma de comportarse de una persona, de relacionarse con son sus emociones o sus pensamientos sin la implicación directa de esa persona.
El terapeuta orienta, ayuda, enseña, pero no hace el trabajo de la persona que consulta. Debe ser ésta la que se implique de forma activa.
De poco servirá el trabajo terapéutico, por bueno que éste fuera, si la persona no lleva a cabo cambios en su vida.
De hecho, la mayoría de cambios favorables no se producen en el desarrollo de la sesión, sino en el periodo entre una sesión y otra.
Por ello mismo considero que la terapia en sentido estricto no se recibe, en cuanto a que uno no es sujeto pasivo de la misma. La terapia es algo que uno hace para tratar de afrontar un problema en el que se encuentra.
Pudiera parecer una simple puntualización lingüística, cambiar un verbo por otro, pero en mi opinión tiene profundas implicaciones. Sitúa a la persona en el centro de la intervención. Haciéndole responsable de su propia mejora en el sentido de hábil para responder ante ello (respons- hábil).
Siendo así el objetivo principal no sólo disminuir la ansiedad o tristeza, sino que la persona pueda afrontar la situación en la que se encuentra con las herramientas necesarias.
La psicología siempre ha sido una ciencia particular dentro de las profesiones sanitarias. Desde joven quiso parecerse a su hermana mayor, la medicina, y de su imitación surgieron muchas ventajas y algunos inconvenientes que, aún hoy en día arrastramos.
Muchas personas entienden la medicina como si de tratamiento farmacológico o quirúrgico exclusivamente se tratase. Siendo así ésta, una ciencia que puede ser aplicada independientemente de la persona que la recibe, ya que se aplica sobre una parte muy concreta de su sistema corporal.
Obtener tratamiento, implicaría de esta manera, prestar tu cuerpo a la acción de un fármaco o bisturí. Bastando por tu parte, poco más que el consentimiento a que esto se lleve a cabo.
Si bien esta concepción es reduccionista en la medicina, pues borra de un plumazo toda la prevención en salud. Es directamente incompatible con la psicoterapia.
Nadie debe esperar algo remotamente análogo en una terapia psicológica. Y es que, ésta no interviene en una parte de la persona (ni en la mente, ni en el cerebro). La terapia trabaja con la conducta de alguien, con sus comportamientos, emociones y pensamientos.
Y esto no es una parte de él, es su forma de estar en el mundo.
No es posible modificar la forma de comportarse de una persona, de relacionarse con son sus emociones o sus pensamientos sin la implicación directa de esa persona.
El terapeuta orienta, ayuda, enseña, pero no hace el trabajo de la persona que consulta. Debe ser ésta la que se implique de forma activa.
De poco servirá el trabajo terapéutico, por bueno que éste fuera, si la persona no lleva a cabo cambios en su vida.
De hecho, la mayoría de cambios favorables no se producen en el desarrollo de la sesión, sino en el periodo entre una sesión y otra.
Por ello mismo considero que la terapia en sentido estricto no se recibe, en cuanto a que uno no es sujeto pasivo de la misma. La terapia es algo que uno hace para tratar de afrontar un problema en el que se encuentra.
Pudiera parecer una simple puntualización lingüística, cambiar un verbo por otro, pero en mi opinión tiene profundas implicaciones. Sitúa a la persona en el centro de la intervención. Haciéndole responsable de su propia mejora en el sentido de hábil para responder ante ello (respons- hábil).
Siendo así el objetivo principal no sólo disminuir la ansiedad o tristeza, sino que la persona pueda afrontar la situación en la que se encuentra con las herramientas necesarias.






















