¡Basta ya!
En cierta ocasión llegó a mis manos un texto de Maite García de Vicuña que me impactó por su realismo y como, brevemente, exponía perfectamente la situación que sufren muchas familias cuando en sus casas habita el monstruo del maltrato. Quiero que conozcáis esta historia para que podamos concienciarnos de esta lacra que padece la sociedad. La autora lo titula: El refugio de María:
“Los insultos, los golpes y los gritos volvían a empapelar la casa. María, tapándose los oídos, fue corriendo a encerrarse en su cuarto. Buscó sus lápices de colores y en un papel en blanco pintó un enorme arco iris.
Esbozó una sonrisa. Dibujó una casa roja con hermosas ventanas azules, y una puerta abierta por la que entrar a refugiarse. En el jardín, plantó un cartel prohibiendo la entrada de adultos. Despacio, introdujo primero un pie, después otro y, finalmente el resto de su pequeño cuerpo. Cerró la puerta. Allá dentro, los sonidos se quedaron mudos, y se sumergió en el más feliz de los sigilos. Al rato, entró su padre en el dormitorio a buscarla, arrugando el dibujo con furia y tirándolo al suelo. En ese instante los llantos perdieron su afonía y volvieron a retumbar las paredes. Se abrió la puerta del armario y una voz ronca le dijo: -María, mamá se ha caído, nos vamos al hospital-.
La violencia contra la mujer se palpa en ese escrito de Maite y eso que, por suerte, no ha terminado con un final tan dramático como el que han padecido las 52 mujeres asesinadas en España en lo que va de año.
Pienso que hay que seguir apostando con todas nuestras fuerzas para erradicar esta lacra que está padeciendo la sociedad.
Luchar por combatirla desde la educación, la prevención y con penas mucho más duras para castigar a los agresores. Tiene que ser muy duro, no me lo quiero ni imaginar, que alguien que ha sufrido la pérdida de una persona querida, en unos años, vea pasear al asesino por cualquier calle paseando tan ricamente. Y lo que es peor, seguramente acechando para engatusar a una nueva víctima.
Con una perspectiva así, el terrible contador de la violencia de género no se va a detener jamás. Si cada uno de estos asesinos se pudriera en la cárcel, nunca existiría una segunda víctima.
Antes de terminar, por si alguien no lo sabe, según he leído en la prensa, desde que se inició en España el registro oficial de víctimas en el año 2003 hasta hoy, un total de 1.028 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Con esta cifra ante mis ojos solo me falta decir: ¡BASTA YA!
En cierta ocasión llegó a mis manos un texto de Maite García de Vicuña que me impactó por su realismo y como, brevemente, exponía perfectamente la situación que sufren muchas familias cuando en sus casas habita el monstruo del maltrato. Quiero que conozcáis esta historia para que podamos concienciarnos de esta lacra que padece la sociedad. La autora lo titula: El refugio de María:
“Los insultos, los golpes y los gritos volvían a empapelar la casa. María, tapándose los oídos, fue corriendo a encerrarse en su cuarto. Buscó sus lápices de colores y en un papel en blanco pintó un enorme arco iris.
Esbozó una sonrisa. Dibujó una casa roja con hermosas ventanas azules, y una puerta abierta por la que entrar a refugiarse. En el jardín, plantó un cartel prohibiendo la entrada de adultos. Despacio, introdujo primero un pie, después otro y, finalmente el resto de su pequeño cuerpo. Cerró la puerta. Allá dentro, los sonidos se quedaron mudos, y se sumergió en el más feliz de los sigilos. Al rato, entró su padre en el dormitorio a buscarla, arrugando el dibujo con furia y tirándolo al suelo. En ese instante los llantos perdieron su afonía y volvieron a retumbar las paredes. Se abrió la puerta del armario y una voz ronca le dijo: -María, mamá se ha caído, nos vamos al hospital-.
La violencia contra la mujer se palpa en ese escrito de Maite y eso que, por suerte, no ha terminado con un final tan dramático como el que han padecido las 52 mujeres asesinadas en España en lo que va de año.
Pienso que hay que seguir apostando con todas nuestras fuerzas para erradicar esta lacra que está padeciendo la sociedad.
Luchar por combatirla desde la educación, la prevención y con penas mucho más duras para castigar a los agresores. Tiene que ser muy duro, no me lo quiero ni imaginar, que alguien que ha sufrido la pérdida de una persona querida, en unos años, vea pasear al asesino por cualquier calle paseando tan ricamente. Y lo que es peor, seguramente acechando para engatusar a una nueva víctima.
Con una perspectiva así, el terrible contador de la violencia de género no se va a detener jamás. Si cada uno de estos asesinos se pudriera en la cárcel, nunca existiría una segunda víctima.
Antes de terminar, por si alguien no lo sabe, según he leído en la prensa, desde que se inició en España el registro oficial de víctimas en el año 2003 hasta hoy, un total de 1.028 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Con esta cifra ante mis ojos solo me falta decir: ¡BASTA YA!





















