La tiranía de la rutina cotidiana
Mucho se habla de la importancia de crear hábitos en nuestra vida. Repetir la misma acción durante 21 días, tres meses, o el tiempo necesario para que lo hagamos de forma automática. Vamos, para que el cuerpo te lo pida sin que tengamos que hacer mucho esfuerzo.
Es un concepto interesante y útil, sin duda. De hecho es la clave de muchos éxitos. Aprender nuevas rutinas es interesante. Pero yo hoy quiero hablar de lo contrario. De desaprender. Porque una vez que hemos creado el deseado hábito, hemos trazado la hendidura en el camino y nos metemos en él…qué trabajito nos cuesta salir, ni siquiera de forma momentánea.
Parece que esa rutina te arrastra por el día a día sin que puedas salir de la rueda. Yo lo veo como dos mundos paralelos a los que hay que prestar atención. Ya sé que esto es rizar el rizo, pero está claro que así es la marcha de la vida.
Me explico.
Los hábitos saludables para el cuerpo y para el alma son importantes y necesarios. Tanto los relacionadas con la salud, como con la productividad, la higiene, la vida social….Cada uno que piense en los suyos. Seguirlas nos dan equilibrio, seguridad, satisfacción y, desde luego, felicidad. Perfecto.
Pero, en mi opinión, este planteamiento en modo repetitivo no nos permite muchas veces mirar el camino paralelo que también va trascurriendo a nuestro lado y al que podemos acceder en un momento dado.
Tengo algunos ejemplos. Hace unos días había un espectáculo maravilloso, de esos que tienes pocas ocasiones de ver. Un amigo muy amante de la cultura me dijo que no podía ir porque justo a esa hora va siempre al gimnasio. Después, cuando le conté como había sido y fue consciente de lo que se había perdido se arrepintió de su decisión.
Una empresaria conocida no nos acompañó a un evento de negocios porque no podía dejar su rutina. Después se dio cuenta de lo importantes que hubieran sido los contactos que allí había para crecer en su actividad, algo que está buscando hace tiempo. Pero la ocasión pasó.
Este verano, propusimos un atractivo plan a un conocido un sábado por la mañana. No se unió a nosotros porque ese día lo reserva para hacer limpieza en su casa. Cuando le enseñamos las fotos de nuestra excursión nos comentó que podía haberse planteado reajustar su rutina para no perderse la experiencia.
En mi caso, me doy cuenta de que mi hábito de pasear a Fogo por la tarde hace que me cueste pensar en pasearlo por la mañana. Pero la luz no es la misma, ni el sonido, ni la energía…
Creo que la vida es tan rica en matices que tenemos que tener los ojos bien abiertos para vivirla. Una vez que creamos esas rutinas que tanto gustan a nuestra mente y a nuestro cuerpo, tenemos que aprender un salto acrobático: salir de ellas por decisión propia, ejerciendo nuestra capacidad de ser libres y no esclavos de nada, ni siquiera de nuestros hábitos. Finalmente, aprender y desaprender son dos caras de la misma moneda.
Suerte.
Elisa Martín Crespo es periodista y coach profesional de comunicación y oratoria
Mucho se habla de la importancia de crear hábitos en nuestra vida. Repetir la misma acción durante 21 días, tres meses, o el tiempo necesario para que lo hagamos de forma automática. Vamos, para que el cuerpo te lo pida sin que tengamos que hacer mucho esfuerzo.
Es un concepto interesante y útil, sin duda. De hecho es la clave de muchos éxitos. Aprender nuevas rutinas es interesante. Pero yo hoy quiero hablar de lo contrario. De desaprender. Porque una vez que hemos creado el deseado hábito, hemos trazado la hendidura en el camino y nos metemos en él…qué trabajito nos cuesta salir, ni siquiera de forma momentánea.
Parece que esa rutina te arrastra por el día a día sin que puedas salir de la rueda. Yo lo veo como dos mundos paralelos a los que hay que prestar atención. Ya sé que esto es rizar el rizo, pero está claro que así es la marcha de la vida.
Me explico.
Los hábitos saludables para el cuerpo y para el alma son importantes y necesarios. Tanto los relacionadas con la salud, como con la productividad, la higiene, la vida social….Cada uno que piense en los suyos. Seguirlas nos dan equilibrio, seguridad, satisfacción y, desde luego, felicidad. Perfecto.
Pero, en mi opinión, este planteamiento en modo repetitivo no nos permite muchas veces mirar el camino paralelo que también va trascurriendo a nuestro lado y al que podemos acceder en un momento dado.
Tengo algunos ejemplos. Hace unos días había un espectáculo maravilloso, de esos que tienes pocas ocasiones de ver. Un amigo muy amante de la cultura me dijo que no podía ir porque justo a esa hora va siempre al gimnasio. Después, cuando le conté como había sido y fue consciente de lo que se había perdido se arrepintió de su decisión.
Una empresaria conocida no nos acompañó a un evento de negocios porque no podía dejar su rutina. Después se dio cuenta de lo importantes que hubieran sido los contactos que allí había para crecer en su actividad, algo que está buscando hace tiempo. Pero la ocasión pasó.
Este verano, propusimos un atractivo plan a un conocido un sábado por la mañana. No se unió a nosotros porque ese día lo reserva para hacer limpieza en su casa. Cuando le enseñamos las fotos de nuestra excursión nos comentó que podía haberse planteado reajustar su rutina para no perderse la experiencia.
En mi caso, me doy cuenta de que mi hábito de pasear a Fogo por la tarde hace que me cueste pensar en pasearlo por la mañana. Pero la luz no es la misma, ni el sonido, ni la energía…
Creo que la vida es tan rica en matices que tenemos que tener los ojos bien abiertos para vivirla. Una vez que creamos esas rutinas que tanto gustan a nuestra mente y a nuestro cuerpo, tenemos que aprender un salto acrobático: salir de ellas por decisión propia, ejerciendo nuestra capacidad de ser libres y no esclavos de nada, ni siquiera de nuestros hábitos. Finalmente, aprender y desaprender son dos caras de la misma moneda.
Suerte.
Elisa Martín Crespo es periodista y coach profesional de comunicación y oratoria





















