En el 83 aniversario del asesinato de los dirigentes republicanos de Montijo · Izquierda Unida Montijo
![[Img #83502]](https://cronicasdeunpueblo.es/upload/images/08_2019/5366_captura-de-pantalla-2019-08-30-a-las-183535.jpg)
Con el fin de recordar a las nuevas generaciones montijanas lo que es el fascismo, y para que no vuelvan a dejarse llevar por sus mensajes violentos, racistas, machistas y antidemocráticos, queremos recordar lo que ocurrió en Montijo en la madrugada del 29 de agosto de 1936, primer asesinato de catorce dirigentes republicanos que abriría las puertas a una barbarie que no acabaría hasta varios años después de finalizar la guerra incivil”.
Aquellos, que habían evitado que se incendiase el convento de monjas clarisas con cincuenta y siete presos de derechas en su interior, fueron cobardemente fusilados sin juicio previo ni posibilidades de defensa.
"Siguiendo las instrucciones de los militares golpistas en España, a los primeros que había que detener era a los miembros de la Corporación de izquierdas y del Comité de Defensa de la República, llevándoselos al calabozo del Ayuntamiento.
Una noche irían a casa del alcalde Miguel Merino y de varios más cuando dormían y les
dijeron que les acompañasen; ya no volverían a pisar nunca más sus hogares.
Miguel Merino y el resto de los dirigentes apresados estarían en la cárcel muy pocos días - cuatro ó cinco- hasta que fueron asesinados. Los hermanos de aquél suplicaron al párroco Juan Pérez Amaya, que fue el sacerdote que lo casó en 1.919, para que le salvara la vida pero les dijo que no podía hacer nada.
Los cerebros de la represión en Montijo elegirían un día simbólico para comenzar los asesinatos de “los rojos”, sin formulismos legales ni juicios de ningún tipo; el día de la traída de la Virgen de Barbaño desde la ermita el 28 de agosto. Con ello se pretendía dar una imagen de “Santa Cruzada del Alzamiento Nacional contra los sin Dios” y el inicio de una re-cristianización de la sociedad montijana. Los que habían perseguido, según ellos, a la Iglesia y al catolicismo durante su mandato en el Ayuntamiento tenían que expiar sus hechos con sus propias vidas. Como en los tiempos de la Santa Inquisición.
A la llegada de la Virgen al pueblo por la mañana se organizó una manifestación patrióticoreligiosa que recorrió las principales calles, acompañada por las milicias de Falange uniformadas y por el destacamento de la Guardia Civil, terminando con una misa de campaña en el Paseo donde estaba instalado un altar en la fachada del Ayuntamiento.
Algunas mujeres se tiraban de rodillas al paso de la imagen pidiendo clemencia para sus familiares detenidos. El pueblo de Montijo, intuyendo lo que iba a suceder, salió en masa a la procesión con la finalidad de ablandar el corazón de las autoridades golpistas. Al final sacarían a los presos que se encontraban en la cárcel para que pidiesen perdón por sus gravísimos pecados.
En la madrugada del día 29 de agosto serían llevados a las tapias del Cementerio los catorce primeros dirigentes de izquierda montijanos para ser asesinados, entre ellos Miguel Merino Rodríguez (albañil, alcalde socialista), Iluminado Núñez Díaz (maestro, secretario local del PCE), Santiago Cea Flórez (farmacéutico, presidente local de Izquierda Republicana), Aurelio Megías García (carpintero, presidente de la Casa del Pueblo, socialista), Luís Núñez Díaz (zapatero, socialista), Manuel Gómez Mateo (cartero, de IR), Antonio Delgado Rodríguez (maestro, comunista), Miguel del Viejo Sanz (albañil, socialista), Antonio Vega Carretero, ...
Testigos presenciales vieron cómo los sacaron e introdujeron en un camión atados de dos en dos; Santiago Cea, con gran entereza, insultaba al pelotón llamándoles “asesinos, criminales...”. Aurelio Megías al pasar la camioneta por la que hoy es Avenida Emperatriz donde vivía su hermano le gritaba: “Hermano no te da vergu?enza por haberme delatado, que me llevan a matar por tu culpa, me has engañado”.
Al rato se escucharía la descarga de los fusiles en la lejanía que sembraría el pánico en los habitantes de Montijo.
Aquella noche, una hermana de Miguel Merino gritaba desquiciada por la ventana de su casa de la plaza Fernández Caballero (hoy del Rey) lo mismo que Santiago Cea. Pero los represores no la detuvieron. El Acta de Defunción Nº 392 del Tomo 45, del Registro Civil de Montijo, dice que Miguel Merino Rodríguez, “de cuarenta y seis años de edad” (moriría realmente a los 43 años), domiciliado en la Plazuela de Fernández Caballero, de profesión alarife, falleció en ésta villa el día 29 de Agosto de 1.936, “por causas relacionadas con la guerra…"
QUE SU MEMORIA NO SE OLVIDE POR EL PUEBLO DE MONTIJO
PARA QUE EL FASCISMO NO VUELVA NUNCA MÁS
Izquierda Unida de Montijo
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Con el fin de recordar a las nuevas generaciones montijanas lo que es el fascismo, y para que no vuelvan a dejarse llevar por sus mensajes violentos, racistas, machistas y antidemocráticos, queremos recordar lo que ocurrió en Montijo en la madrugada del 29 de agosto de 1936, primer asesinato de catorce dirigentes republicanos que abriría las puertas a una barbarie que no acabaría hasta varios años después de finalizar la guerra incivil”.
Aquellos, que habían evitado que se incendiase el convento de monjas clarisas con cincuenta y siete presos de derechas en su interior, fueron cobardemente fusilados sin juicio previo ni posibilidades de defensa.
"Siguiendo las instrucciones de los militares golpistas en España, a los primeros que había que detener era a los miembros de la Corporación de izquierdas y del Comité de Defensa de la República, llevándoselos al calabozo del Ayuntamiento.
Una noche irían a casa del alcalde Miguel Merino y de varios más cuando dormían y les
dijeron que les acompañasen; ya no volverían a pisar nunca más sus hogares.
Miguel Merino y el resto de los dirigentes apresados estarían en la cárcel muy pocos días - cuatro ó cinco- hasta que fueron asesinados. Los hermanos de aquél suplicaron al párroco Juan Pérez Amaya, que fue el sacerdote que lo casó en 1.919, para que le salvara la vida pero les dijo que no podía hacer nada.
Los cerebros de la represión en Montijo elegirían un día simbólico para comenzar los asesinatos de “los rojos”, sin formulismos legales ni juicios de ningún tipo; el día de la traída de la Virgen de Barbaño desde la ermita el 28 de agosto. Con ello se pretendía dar una imagen de “Santa Cruzada del Alzamiento Nacional contra los sin Dios” y el inicio de una re-cristianización de la sociedad montijana. Los que habían perseguido, según ellos, a la Iglesia y al catolicismo durante su mandato en el Ayuntamiento tenían que expiar sus hechos con sus propias vidas. Como en los tiempos de la Santa Inquisición.
A la llegada de la Virgen al pueblo por la mañana se organizó una manifestación patrióticoreligiosa que recorrió las principales calles, acompañada por las milicias de Falange uniformadas y por el destacamento de la Guardia Civil, terminando con una misa de campaña en el Paseo donde estaba instalado un altar en la fachada del Ayuntamiento.
Algunas mujeres se tiraban de rodillas al paso de la imagen pidiendo clemencia para sus familiares detenidos. El pueblo de Montijo, intuyendo lo que iba a suceder, salió en masa a la procesión con la finalidad de ablandar el corazón de las autoridades golpistas. Al final sacarían a los presos que se encontraban en la cárcel para que pidiesen perdón por sus gravísimos pecados.
En la madrugada del día 29 de agosto serían llevados a las tapias del Cementerio los catorce primeros dirigentes de izquierda montijanos para ser asesinados, entre ellos Miguel Merino Rodríguez (albañil, alcalde socialista), Iluminado Núñez Díaz (maestro, secretario local del PCE), Santiago Cea Flórez (farmacéutico, presidente local de Izquierda Republicana), Aurelio Megías García (carpintero, presidente de la Casa del Pueblo, socialista), Luís Núñez Díaz (zapatero, socialista), Manuel Gómez Mateo (cartero, de IR), Antonio Delgado Rodríguez (maestro, comunista), Miguel del Viejo Sanz (albañil, socialista), Antonio Vega Carretero, ...
Testigos presenciales vieron cómo los sacaron e introdujeron en un camión atados de dos en dos; Santiago Cea, con gran entereza, insultaba al pelotón llamándoles “asesinos, criminales...”. Aurelio Megías al pasar la camioneta por la que hoy es Avenida Emperatriz donde vivía su hermano le gritaba: “Hermano no te da vergu?enza por haberme delatado, que me llevan a matar por tu culpa, me has engañado”.
Al rato se escucharía la descarga de los fusiles en la lejanía que sembraría el pánico en los habitantes de Montijo.
Aquella noche, una hermana de Miguel Merino gritaba desquiciada por la ventana de su casa de la plaza Fernández Caballero (hoy del Rey) lo mismo que Santiago Cea. Pero los represores no la detuvieron. El Acta de Defunción Nº 392 del Tomo 45, del Registro Civil de Montijo, dice que Miguel Merino Rodríguez, “de cuarenta y seis años de edad” (moriría realmente a los 43 años), domiciliado en la Plazuela de Fernández Caballero, de profesión alarife, falleció en ésta villa el día 29 de Agosto de 1.936, “por causas relacionadas con la guerra…"
QUE SU MEMORIA NO SE OLVIDE POR EL PUEBLO DE MONTIJO
PARA QUE EL FASCISMO NO VUELVA NUNCA MÁS
Izquierda Unida de Montijo





















