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Elisa Martín
Elisa Martín | 1595
Jueves, 18 de Julio de 2019

Diálogos imposibles

Podría decir que, de forma esporádica, he escuchado a dos personas hablando, sin que se haya producido el más mínimo encuentro entre las palabras de una y de otra. Podría decir que me he asombrado cuando una contaba un asunto y la otra ignoraba la historia, sin hacer el menor comentario, sirviéndose de ello para contar una anécdota parecida, pero diferente en su esencia. Podría también analizar que para nada se trataba de un diálogo, sino de dos monólogos encadenados, dando vueltas sin encontrarse, como el Yin y el Yang, el aceite y el agua o el día y la noche.  Podría decir que es algo inusual, que es raro o inaudito…Pero lo cierto es que me topo con ello en cada esquina. E incluso admito, con vergüenza, que yo misma participo a veces de este juego.  

 

Decía Bernard Shaw que el problema más grande de la comunicación es la ilusión de que ha tenido lugar. Toda la razón. Cuantas veces encadenamos monólogos en los que los pensamientos de cada uno están tan activados que no dejan ni un resquicio para que entren las palabras del otro. Nuestra mente pone en marcha todos los filtros de que dispone (que son muchos) para que si nos hablan de una boda recordemos la última boda a la que hemos ido y la saquemos a relucir y a comparar. Si nos hablan de los problemas de educación de un niño, contemos nuestra propia experiencia en ese tema. Si nos hablan de un conflicto entre compañeros de trabajo, le pongamos la cara de los nuestros y expliquemos nuestra propia experiencia laboral. Si es de un viaje, nuestro viaje, Si es de mascotas estamos deseando hablar de la nuestra. Si es de obras de la que hicimos en tiempos, ¡menudo lío!. Si es de amores, de nuestros momentos románticos. Si es de proyectos, es que yo…aquella vez…En cualquier caso, nuestra cabeza no para de buscar, a modo de Google interno, la palabra clave para sacar 18.000 entradas relacionadas y empezar a verbalizarlas rápidamente. Es curioso y me atrevería a decir que agotador.  

 

Apagar temporalmente ese buscador de temas propios es lo más interesante que he aprendido en mi vida profesional, primero en las entrevistas en la radio y ahora en la práctica del coaching. Aunque reconozco que no siempre lo consigo.  Atender, hasta que la otra persona termine de argumentar, ser consciente de que hay detalles escondidos, acercarte a lo que te están diciendo con curiosidad. Entender que esta historia no tiene nada que ver con tu viaje, ni con tu mascota, ni con tus propios compañeros, ni con la educación de tus hijos. Porque es una historia única, siempre lo es. Sólo escuchar con intención de comprender,  no de contestar, nos dará conocimiento. Y ese será el inicio, por fin, de una interesante conversación.

 

Elisa Martin Crespo es periodista y coach certificada

 

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