Caperucita y el lobo siguen aquí
Cada vez que sale a la luz un nuevo caso de agresión sexual y violaciones a niñas y jóvenes recuerdo este cuento clásico. Y creo que ya entiendo por qué, en algún lugar remoto de nuestra historia, alguna de nuestras tatarabuelas de tiempos ancestrales, lo inventó para proteger a sus pequeñas. Y es que, desde entonces, caperucita ha sido el bocado preferido del lobo feroz e insaciable.
Las historias han sido una forma milenaria de transmitir la cultura de generación en generación, de enseñar a los demás lo que cada uno iba aprendiendo. La tradición oral ha sido el principal vehículo para enseñar los valores y los conocimientos, la sabiduría aprendida por una persona, una familia, un pueblo o todo un país. Por eso nos gustan tanto. Y dentro de ellas, el cuento es una narración breve de hechos imaginarios, centrados en un tiempo y un lugar, con pocos personajes y una moraleja final que lleva implícita una enseñanza, un consejo…o una advertencia.
Cuando mis hijos eran pequeños, leímos con ellos los cuentos clásicos completos, sin censura ni cambios. Con toda su crudeza. Y tengo que decir que les encantaban esas historias fantásticas donde estaba claro quiénes eran los buenos y de quiénes había que protegerse por encima de todo. Porque el mundo no es Disneyland y más vale que lo tengan claro. Tengo que decir que no tuvieron ningún trauma infantil por eso, todo lo contrario. Entre ellos estaba el célebre cuento de Caperucita Roja, de Charles Perrault, un escritor francés que, en el siglo XVII recopiló muchas historias inventadas para los pequeños. Ahora tengo clara la advertencia implícita en ese cuento: ¡Cuidado, niñas, que el lobo está ahí, acechando! Ya no está en el bosque, la forma es distinta. Aunque el fondo es el mismo.
El lobo es “El Chicle”, es Bernardo Montoya, es Antonio Anglés, es la Manada, son todos esos hombres que están dispuestos a hacer de una mujer su presa, incluso si es una niña de pocos años. Por eso hay que ir con los ojos bien atentos, evitar los caminos solitarios, las zonas oscuras, los portales vacíos, los rincones escondidos…Como en el cuento, él te buscará cuando estés sola y desprotegida. Exigimos seguridad, pero las agresiones sexuales presentan cifras alarmantes de todo el mundo. Sólo en España se registran cuatro violaciones diarias. El lobo no es un ser dulce y cariñoso, Caperucita. Es una bestia que hoy, después de cientos de años, no sabemos cómo pararla.Y tú, por favor te lo pido, tienes que activar todas las alarmas para no encontrarte con él. Porque, todavía, desgraciadamente, no hemos encontrado la forma de ayudarte. Cuidado, Caperucita.
Elisa Martin Crespo es periodista y coach certificada
Cada vez que sale a la luz un nuevo caso de agresión sexual y violaciones a niñas y jóvenes recuerdo este cuento clásico. Y creo que ya entiendo por qué, en algún lugar remoto de nuestra historia, alguna de nuestras tatarabuelas de tiempos ancestrales, lo inventó para proteger a sus pequeñas. Y es que, desde entonces, caperucita ha sido el bocado preferido del lobo feroz e insaciable.
Las historias han sido una forma milenaria de transmitir la cultura de generación en generación, de enseñar a los demás lo que cada uno iba aprendiendo. La tradición oral ha sido el principal vehículo para enseñar los valores y los conocimientos, la sabiduría aprendida por una persona, una familia, un pueblo o todo un país. Por eso nos gustan tanto. Y dentro de ellas, el cuento es una narración breve de hechos imaginarios, centrados en un tiempo y un lugar, con pocos personajes y una moraleja final que lleva implícita una enseñanza, un consejo…o una advertencia.
Cuando mis hijos eran pequeños, leímos con ellos los cuentos clásicos completos, sin censura ni cambios. Con toda su crudeza. Y tengo que decir que les encantaban esas historias fantásticas donde estaba claro quiénes eran los buenos y de quiénes había que protegerse por encima de todo. Porque el mundo no es Disneyland y más vale que lo tengan claro. Tengo que decir que no tuvieron ningún trauma infantil por eso, todo lo contrario. Entre ellos estaba el célebre cuento de Caperucita Roja, de Charles Perrault, un escritor francés que, en el siglo XVII recopiló muchas historias inventadas para los pequeños. Ahora tengo clara la advertencia implícita en ese cuento: ¡Cuidado, niñas, que el lobo está ahí, acechando! Ya no está en el bosque, la forma es distinta. Aunque el fondo es el mismo.
El lobo es “El Chicle”, es Bernardo Montoya, es Antonio Anglés, es la Manada, son todos esos hombres que están dispuestos a hacer de una mujer su presa, incluso si es una niña de pocos años. Por eso hay que ir con los ojos bien atentos, evitar los caminos solitarios, las zonas oscuras, los portales vacíos, los rincones escondidos…Como en el cuento, él te buscará cuando estés sola y desprotegida. Exigimos seguridad, pero las agresiones sexuales presentan cifras alarmantes de todo el mundo. Sólo en España se registran cuatro violaciones diarias. El lobo no es un ser dulce y cariñoso, Caperucita. Es una bestia que hoy, después de cientos de años, no sabemos cómo pararla.Y tú, por favor te lo pido, tienes que activar todas las alarmas para no encontrarte con él. Porque, todavía, desgraciadamente, no hemos encontrado la forma de ayudarte. Cuidado, Caperucita.
Elisa Martin Crespo es periodista y coach certificada





















