El Somatén y la Guardia Civil de Lobón
El general Miguel Primo de Rivera creó el Somatén, cuerpo al que podían pertenecer los varones mayores de 23 años que demostraran solvencia moral, pudiendo utilizar armas largas de su propiedad y siendo considerados agentes de la autoridad.
José Lemus Cabañas, cabo del Somatén, del distrito de Lobón, se dirigía en un artículo a los lectores del Correo de la Mañana, el 8 de agosto de 1924, al que tituló: ¡Extremeños, sed somatenistas! para decir que “el Somatén simboliza el orden social, inspirado en el más elevado patriotismo; por eso a él debemos acogernos todas las personas que seamos amantes de nuestra madre España. A propuesta del salvador de España, el ilustre general y presidente del Directorio militar, se instituyó el Somatén en toda España. ¡Extremeños, adelante!, puesto que la idea es noble, no debe importarnos una palabra las murmuraciones de nuestros convecinos.
Proseguía el cabo José Lemus Cabañas, que fue elegido alcalde de Lobón en 1922 y vendía vinos al por mayor desde su almacén en la calle Castillo, en su artículo: “Contad con que todos los hombres sanos y de espíritu elevado se cobijarán bajo nuestra bandera, y teniendo fe en nuestra excelsa patrona, la Santísima Virgen de Montserrat, conseguiremos el resurgir de una nueva España, para hacerla grande como lo fue en el pasado. ¡Extremeños! ¿Qué dudáis? Un solo momento de entereza y un poco de altruismo es suficiente para que prestéis un gran servicio a la patria, a la vez que garantizáis vuestras personas y vuestros derechos, quedando en nuestros corazones la impresión imborrable del deber cumplido; porque así nos lo exige nuestra patria hoy”, concluía José Lemus.
El 1 de febrero de 1926 se celebró en Lobón la fiesta de la jura de bandera del Somatén, junto a la fiesta escolar Pro-Ahorro, con reparto de cartillas a los niños de ambos sexos de las Escuelas Nacionales y una merienda. Otros cabos y abanderados del Somatén lobonero fueron, Lorenzo Dorado Monroy y Antonio Fernández Martín.
La otra noticia de la que nos ocupamos este mes, está relacionada con la detención, en la noche del 25 de febrero de 1926, en el kilómetro 373 de la carretera general, de Antonio Gómez Morujo, natural de Oliva de Jerez, por los guardias del puesto de Lobón, Gonzalo Vaca Martín y Manuel Pijierro Díaz. “El detenido, señala la información, un demente que aquella misma tarde, a las cinco, se había fugado del Manicomio del Carmen de Mérida, que emprendió la huida por la citada carretera, pero cansado de caminar a pie, al llegar al término de Calamonte, encontró una yegua y montando en ella continuó su huida. Algo debió pesarle, cuando al llegar al kilómetro 386 se bajó y ató el animal, dejándolo abandonado y continuando él su camino, en el cual fue detenido por la benemérita” La información del Correo de la Mañana concluye diciendo: “que hasta que los dos empleados del Manicomio llegaron y le pusieron la camisa de fuerza, el detenido estuvo dos días rezando y llorando, poniéndose con frecuencia de rodillas”.
La Guardia Civil de Lobón estaba formada entonces por cinco números, que vivían en la casa-cuartel, en la calle Madrid: Joaquín Pajuelo Calle, natural de La Haba. Gonzalo Vaca Martín y Juan Molina Capote, que eran de Montijo, Manuel Pijierro Díaz, de Talavera la Real y Alfonso Meneses Soto de Badajoz. La edad media de los guardias civiles era de treinta y cuatro años. Hacía poco que habían dejado la casa-cuartel que estuvo en la calle Altozano. Contaba Lobón con tres guardas, un guarda de campo y cinco guardas rurales, que vigilaban y controlaban las tierras y los ganados, denunciado y deteniendo a los causantes de hurtos y tropelías.
El general Miguel Primo de Rivera creó el Somatén, cuerpo al que podían pertenecer los varones mayores de 23 años que demostraran solvencia moral, pudiendo utilizar armas largas de su propiedad y siendo considerados agentes de la autoridad.
José Lemus Cabañas, cabo del Somatén, del distrito de Lobón, se dirigía en un artículo a los lectores del Correo de la Mañana, el 8 de agosto de 1924, al que tituló: ¡Extremeños, sed somatenistas! para decir que “el Somatén simboliza el orden social, inspirado en el más elevado patriotismo; por eso a él debemos acogernos todas las personas que seamos amantes de nuestra madre España. A propuesta del salvador de España, el ilustre general y presidente del Directorio militar, se instituyó el Somatén en toda España. ¡Extremeños, adelante!, puesto que la idea es noble, no debe importarnos una palabra las murmuraciones de nuestros convecinos.
Proseguía el cabo José Lemus Cabañas, que fue elegido alcalde de Lobón en 1922 y vendía vinos al por mayor desde su almacén en la calle Castillo, en su artículo: “Contad con que todos los hombres sanos y de espíritu elevado se cobijarán bajo nuestra bandera, y teniendo fe en nuestra excelsa patrona, la Santísima Virgen de Montserrat, conseguiremos el resurgir de una nueva España, para hacerla grande como lo fue en el pasado. ¡Extremeños! ¿Qué dudáis? Un solo momento de entereza y un poco de altruismo es suficiente para que prestéis un gran servicio a la patria, a la vez que garantizáis vuestras personas y vuestros derechos, quedando en nuestros corazones la impresión imborrable del deber cumplido; porque así nos lo exige nuestra patria hoy”, concluía José Lemus.
El 1 de febrero de 1926 se celebró en Lobón la fiesta de la jura de bandera del Somatén, junto a la fiesta escolar Pro-Ahorro, con reparto de cartillas a los niños de ambos sexos de las Escuelas Nacionales y una merienda. Otros cabos y abanderados del Somatén lobonero fueron, Lorenzo Dorado Monroy y Antonio Fernández Martín.
La otra noticia de la que nos ocupamos este mes, está relacionada con la detención, en la noche del 25 de febrero de 1926, en el kilómetro 373 de la carretera general, de Antonio Gómez Morujo, natural de Oliva de Jerez, por los guardias del puesto de Lobón, Gonzalo Vaca Martín y Manuel Pijierro Díaz. “El detenido, señala la información, un demente que aquella misma tarde, a las cinco, se había fugado del Manicomio del Carmen de Mérida, que emprendió la huida por la citada carretera, pero cansado de caminar a pie, al llegar al término de Calamonte, encontró una yegua y montando en ella continuó su huida. Algo debió pesarle, cuando al llegar al kilómetro 386 se bajó y ató el animal, dejándolo abandonado y continuando él su camino, en el cual fue detenido por la benemérita” La información del Correo de la Mañana concluye diciendo: “que hasta que los dos empleados del Manicomio llegaron y le pusieron la camisa de fuerza, el detenido estuvo dos días rezando y llorando, poniéndose con frecuencia de rodillas”.
La Guardia Civil de Lobón estaba formada entonces por cinco números, que vivían en la casa-cuartel, en la calle Madrid: Joaquín Pajuelo Calle, natural de La Haba. Gonzalo Vaca Martín y Juan Molina Capote, que eran de Montijo, Manuel Pijierro Díaz, de Talavera la Real y Alfonso Meneses Soto de Badajoz. La edad media de los guardias civiles era de treinta y cuatro años. Hacía poco que habían dejado la casa-cuartel que estuvo en la calle Altozano. Contaba Lobón con tres guardas, un guarda de campo y cinco guardas rurales, que vigilaban y controlaban las tierras y los ganados, denunciado y deteniendo a los causantes de hurtos y tropelías.





















