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Jueves, 02 de Agosto de 2018

Mediterráneo de lágrimas

 

Como me ha gustado que el baloncestista Marc Gasol sea noticia también por algo que no tiene nada que ver con su trayectoria deportiva. Hoy, al leer la prensa, me enteré que había formado parte del rescate de inmigrantes a bordo del buque “Astral” de la ONG Proactiva Opem Arms y sus palabras, afirmando que le parecía increíble que se deje a personas en medio del mar, dice mucho de su calidad humana.
Marc ha sido testigo directo de una de las miles de escenas dolorosas que actualmente se viven en el Mediterráneo, y que ha comentado la prensa estos últimos días, el abandono en alta mar de los cadáveres de una mujer y un bebé y otra mujer aún con vida en una embarcación “destruida” y “abandonada” por  la Guardia Costera libia tras llevarse al resto de los ocupantes.
El pívot catalán, después de vivir esta dramática experiencia expresó: “Frustración, rabia y mucha impotencia es lo que he sentido” y eso le honra, denunciar esta sinrazón que están viviendo miles y miles de personas. Hombres y mujeres que desean salir de una situación desesperante y lo hacen a través de mafias de tráfico de personas que los arrojan al mar en embarcaciones precarias. sin saber que, en la mayoría de los casos, se encuentran con otra situación mucho más dolorosa.
 “Mas de 3.000 inmigrantes mueren cada año en el Mediterráneo”. Leer en un titular de la prensa una noticia como esta debería revolvernos las tripas porque trás, cada una de estas muertes, ha existido mucho sufrimiento. Historias anónimas empapadas de dolor porque encierran la vida o, más bien, la muerte de personas que solo intentaban huir de la guerra o de la pobreza y vieron como único punto de partida el Mar Mediterráneo, un mar que seguro creció su caudal con las lágrimas de estos seres indefensos que se suben a una patera o una barca ignorando el rechazo, que para muchos países, provoca su llegada. No entiendo ni entenderé nunca como existen países que puedan dejarlos a la deriva, menos mal que existen personas dispuestas a mitigar estos sufrimientos y se vuelcan en atender a los supervivientes, personas que llegan agotadas, heridas y hambrientas, esto en el mejor de los casos porque otros no llegan a ver jamás la costa, ni de lejos.
Todos sabemos que la travesía por el Mediterráneo, y más en esas condiciones pésimas con la que la hacen, es completamente suicida, ellos seguramente también lo saben pero de un infierno vivido a un infierno incierto siempre tiene esa posibilidad de soñar en un futuro mejor. Yo no digo que vayamos a montar un paraíso para recibirlos pero sí, por humanidad, crear un pequeño cielo fundamentado con valores como la solidaridad, la comprensión, el respeto y el cariño donde empiecen a dejar de sufrir. Un lugar donde olviden todas esas lágrimas que vertieron en el Mediterráneo.

 

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