Universidad
Me apetece escribir sobre esta institución porque seguramente es, junto a la clase política (íntimamente relacionadas la una con la otra), de las que más daño hacen a lo que las rodea. Lo que está ocurriendo con la Universidad Juan Carlos I de Madrid, no es algo exclusivo que solamente ocurra allí. La mayor parte de las universidades (especialmente las creadas desde las autonomías regionales) han sido muy benévolas con el personal que han ido metiendo en sus aulas como profesor. De hecho, las universidades españolas, ocupan puestos muy retrasados en los rankings de universidades de todos los países.
Para encontrar la primera universidad en el ránking, nos tenemos que ir hasta el puesto 156, ocupado por la Universidad de Barcelona. Esto dice mucho del problema que tenemos. Es más, en los mil primeros puestos, tan solo 12 universidades españolas se encuentran incluidas, y la mayor parte ocupa los puestos de cola.
Como sé que se lo estarán preguntando, la Universidad Juan Carlos I, esa que ha repartido masters y colocado a familiares y amigos, ocupa el puesto 900 y, efectivamente, nuestra universidad extremeña, no aparece en este listado.
La honorabilidad, credibilidad y el estatus de la universidad no siempre ha sido así. De hecho, en el siglo pasado, la valoración de nuestras universidades era muy grande en el resto de países, especialmente entre los europeos, pero con el injusto sistema de acceso a los puestos de profesores en los que se prepara el puesto docente en función de la persona y se hacen los méritos en base a la persona que quieren, la calidad de la enseñanza ha ido perdiendo peso y el prestigio de nuestras universidades, está por los suelos.
Hace ya unos años, decidí hacer el doctorado para poder optar a ejercer la docencia en la universidad y después de dos años de curso (y esos sí que había que acreditarlos con exámenes y trabajos) y tras defender el trabajo para la suficiencia investigadora, decidí no continuar adelante por la cantidad de sometimiento que tenían sobre el resto de profesores, los catedráticos y jefes de los distintos departamentos con los que tuve contacto. Existía como ahora el uso de discípulos que eran los encargados de realizar la mayor parte de los trabajos académicos sin que se valorara su trabajo, ni económica, ni académicamente por lo que en cuanto tuve el título, decidí alejarme de una institución que veía literalmente tomada por políticos y con un grado de endogamia en sus facultades que aún continúa. Es complicado que quienes tenían que limpiar las universidades lo hagan, porque los puestos en la universidades suelen confeccionarse para dar retiro a muchos políticos y familiares y es complicado que el cáncer lo estirpe el mismo que lo genera. [email protected]
Me apetece escribir sobre esta institución porque seguramente es, junto a la clase política (íntimamente relacionadas la una con la otra), de las que más daño hacen a lo que las rodea. Lo que está ocurriendo con la Universidad Juan Carlos I de Madrid, no es algo exclusivo que solamente ocurra allí. La mayor parte de las universidades (especialmente las creadas desde las autonomías regionales) han sido muy benévolas con el personal que han ido metiendo en sus aulas como profesor. De hecho, las universidades españolas, ocupan puestos muy retrasados en los rankings de universidades de todos los países.
Para encontrar la primera universidad en el ránking, nos tenemos que ir hasta el puesto 156, ocupado por la Universidad de Barcelona. Esto dice mucho del problema que tenemos. Es más, en los mil primeros puestos, tan solo 12 universidades españolas se encuentran incluidas, y la mayor parte ocupa los puestos de cola.
Como sé que se lo estarán preguntando, la Universidad Juan Carlos I, esa que ha repartido masters y colocado a familiares y amigos, ocupa el puesto 900 y, efectivamente, nuestra universidad extremeña, no aparece en este listado.
La honorabilidad, credibilidad y el estatus de la universidad no siempre ha sido así. De hecho, en el siglo pasado, la valoración de nuestras universidades era muy grande en el resto de países, especialmente entre los europeos, pero con el injusto sistema de acceso a los puestos de profesores en los que se prepara el puesto docente en función de la persona y se hacen los méritos en base a la persona que quieren, la calidad de la enseñanza ha ido perdiendo peso y el prestigio de nuestras universidades, está por los suelos.
Hace ya unos años, decidí hacer el doctorado para poder optar a ejercer la docencia en la universidad y después de dos años de curso (y esos sí que había que acreditarlos con exámenes y trabajos) y tras defender el trabajo para la suficiencia investigadora, decidí no continuar adelante por la cantidad de sometimiento que tenían sobre el resto de profesores, los catedráticos y jefes de los distintos departamentos con los que tuve contacto. Existía como ahora el uso de discípulos que eran los encargados de realizar la mayor parte de los trabajos académicos sin que se valorara su trabajo, ni económica, ni académicamente por lo que en cuanto tuve el título, decidí alejarme de una institución que veía literalmente tomada por políticos y con un grado de endogamia en sus facultades que aún continúa. Es complicado que quienes tenían que limpiar las universidades lo hagan, porque los puestos en la universidades suelen confeccionarse para dar retiro a muchos políticos y familiares y es complicado que el cáncer lo estirpe el mismo que lo genera. [email protected]




















