Un corazón grande que se nos escapó hacia el cielo · Meri Martínez Pajuelo · Montijo
Querido
Alejandro: Ya gozas de la libertad que siempre añoraste. Eras un
espíritu libre y no querías vivir sujeto a nada ni a nadie. Ni hacías
caso de ese corazón tuyo, que, de puro grande se nos escapó hacia el
cielo, dejando los nuestros con una herida que no podremos cicatrizar,
aunque tu recuerdo nos ayude a ello.
¡Qué mazazo! ¡Qué golpe tan cruel! Cuando en un esfuerzo que tu corazón
no resistió, caíste al suelo con tu media sonrisa burlona, que
conservaste aún después que tu alma volara, en esa horrorosa y fría
tarde del 15 de diciembre, que quedará grabada en nuestra memoria para
siempre.
¡Qué inteligente has sido! ¡Qué importante! Has cambiado los papeles
con el Niño Dios, al que esperamos en la tierra, pero tú te has
adelantado y has preferido hacerlo en el cielo, un lugar mucho mejor
que este nuestro.
Tus padres, hermanos, familiares y amigos (tantos y tantos)
intentaremos llenar el vacío que nos dejas, con nuestras oraciones. Te
queremos. ¡Descansa en paz!
Meri Martínez Pajuelo
(Leída por M. G. Cienfuegos en el funeral
celebrado en la iglesia de San Gregorio Ostiense
por Alejandro Martínez López)
¡Qué mazazo! ¡Qué golpe tan cruel! Cuando en un esfuerzo que tu corazón no resistió, caíste al suelo con tu media sonrisa burlona, que conservaste aún después que tu alma volara, en esa horrorosa y fría tarde del 15 de diciembre, que quedará grabada en nuestra memoria para siempre.
¡Qué inteligente has sido! ¡Qué importante! Has cambiado los papeles con el Niño Dios, al que esperamos en la tierra, pero tú te has adelantado y has preferido hacerlo en el cielo, un lugar mucho mejor que este nuestro.
Tus padres, hermanos, familiares y amigos (tantos y tantos) intentaremos llenar el vacío que nos dejas, con nuestras oraciones. Te queremos. ¡Descansa en paz!
celebrado en la iglesia de San Gregorio Ostiense




















