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Lunes, 16 de Octubre de 2017

No silenciar la gratitud

 

Miles y miles de veces hemos leído malas críticas sobre los funcionarios,  casi todos, en un momento u otro, hemos tenido una mala experiencia y enseguida utilizamos los medios de comunicación para contar nuestra pésima experiencia pero... ¿Cuándo dedicamos un rato de nuestro tiempo para agradecer o reconocer haber sido muy bien atendido por alguien que nos recibe detrás de un mostrador?. Yo mismo, escribí en esta columna un artículo titulado: “El derecho de ser atendido con respeto”, por eso hoy, que mi experiencia ha sido muy positiva, tengo el deber de agradecerlo públicamente. Me explico. Hace unos días tuve que ir a Badajoz a varios organismos oficiales a tramitar documentación y siempre vas, con la mosca tras la oreja, pensando que te van a poner mil pegas pero curiosamente no fue así.  
Llegue a primera hora al Registro de Asociaciones de la Secretaría General de Administración Pública y me encontré con dos funcionarios que intentaban darte todas las facilidades del mundo, informándote perfectamente con la mayor amabilidad posible y puedo asegurar que salí del edificio con la sensación, no solo de haber sido atendido con respeto, también con una amabilidad que necesitaba comunicar.  No quedó ahí la cosa, después pasé por el edificio de Hacienda y no podéis ni imaginar la sonrisa y la amabilidad de la chica que me atendió. Enseguida pensé: ¿Me han tocado a mí hoy los buenos o no es todo tan nefasto como se suele vender?. Creo que el problema radica en que siempre nos quejamos cuando tenemos un percance, vivimos una mala experiencia o cuando se nos trata injustamente pero no tenemos el hábito ni la virtud de ser agradecido e intentar darle publicidad a cualquier buena experiencia o gestión que se resuelve en un ambiente de amabilidad y cordialidad.    
La mayoría de las personas, yo me incluyo entre ellas, nos hemos movido siempre entre críticas negativas hacía el funcionario. La antipatía y el desgano detrás de un mostrador se nos han vendido desde siempre y es cierto que en muchas ocasiones lo hemos padecido pero también, en otras tantas ocasiones, se nos ha atendido correctamente, con amabilidad, y sin embargo eso nunca lo hacemos público.
Yo, desde esta página donde un día reivindicaba el derecho de ser atendido con respeto, quiero felicitar y agradecer a esos funcionarios que me atendieron el pasado viernes en Badajoz porque, en esta ocasión me atendieron con respeto y con mucha amabilidad.
Sin duda he aprendido una gran lección: Lo mismo que comunicamos a los cuatro vientos nuestras malas experiencias, la gratitud hay que expresarla de igual modo, no podemos consentir que se quede en silencio dentro de nosotros.

 

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