Meditación. Medicina del alma
Meditar está de moda. Todo el mundo dice practicar meditación, desea practicarla o se muestra interesado en ella. Cada vez hay más y más personas atraídas hacia esta práctica milenaria de interiorización. Es natural que así sea, el ser humano necesita con urgencia beber de las fuentes de su interior, pues se encuentra cansado de buscar la anhelada felicidad en los baldíos terrenos del mundo exterior. El hombre busca sentido a su existencia. En un principio, intentó encontrar tal sentido a través del mundo exterior. Después de encontrar satisfacción a casi todos sus anhelos materiales, se encuentra vacío al sentir que nada de lo conseguido tiene sentido. Es entonces cuando dirige la atención hacia su interior. Y es ahí donde encontrará el tesoro olvidado: a sí mismo, fuente de la felicidad.
Existen decenas de técnicas de meditación y ninguna es mejor que otra. Del mismo modo que para ascender a la cumbre de una montaña existen muchos caminos, para llegar a la cima de la consciencia existen infinitud de formas, tantas como seres humanos; y así debe de ser.
Es conveniente evitar confundir la técnica utilizada con el estado de meditación. A fin de cuentas, tal técnica es un medio y no debiera de tomarse como un fin en sí misma. De hecho, con el tiempo y la experiencia-conforme se sintoniza con el ser-, se adquiere un cierto grado de madurez en el cual las técnicas deben de ser abandonadas, del mismo modo que un niño abandona los juguetes conforme crece.
Una combinación perfecta son el Hatha Yoga y el Raja Yoga. El Hatha Yoga, el “yoga físico”, tal y como se le conoce de forma popular, es el yoga encargado de obtener el equilibrio entre las energías físicas y mentales, a través de una serie de posturas (asanas) y las prácticas del control de la energía a través de la respiración (pranayama), así como de otras diversas técnicas (mudras y bandhas). Sin lugar a dudas, el Hatha Yoga es el yoga del equilibrio. A través de su práctica se crean las condiciones idóneas en el cuerpo y la mente para la reconexión consciente con el espíritu que se produce a través del Raja Yoga. Un tipo de yoga sigue al otro como la noche sigue al día, y viceversa. Son complementarios entre sí.
Tras una sesión de asanas y su posterior relajación, el cuerpo queda preparado para mantener la postura de meditación en inmovilidad y con la firmeza, estabilidad y verticalidad necesarias. Así mismo, la mente queda receptiva y alerta para captar todo lo que emerja a la superficie del lago de la consciencia al traspasar las diferentes envolturas en su viaje hacia el interior.
Meditar está de moda. Todo el mundo dice practicar meditación, desea practicarla o se muestra interesado en ella. Cada vez hay más y más personas atraídas hacia esta práctica milenaria de interiorización. Es natural que así sea, el ser humano necesita con urgencia beber de las fuentes de su interior, pues se encuentra cansado de buscar la anhelada felicidad en los baldíos terrenos del mundo exterior. El hombre busca sentido a su existencia. En un principio, intentó encontrar tal sentido a través del mundo exterior. Después de encontrar satisfacción a casi todos sus anhelos materiales, se encuentra vacío al sentir que nada de lo conseguido tiene sentido. Es entonces cuando dirige la atención hacia su interior. Y es ahí donde encontrará el tesoro olvidado: a sí mismo, fuente de la felicidad.
Existen decenas de técnicas de meditación y ninguna es mejor que otra. Del mismo modo que para ascender a la cumbre de una montaña existen muchos caminos, para llegar a la cima de la consciencia existen infinitud de formas, tantas como seres humanos; y así debe de ser.
Es conveniente evitar confundir la técnica utilizada con el estado de meditación. A fin de cuentas, tal técnica es un medio y no debiera de tomarse como un fin en sí misma. De hecho, con el tiempo y la experiencia-conforme se sintoniza con el ser-, se adquiere un cierto grado de madurez en el cual las técnicas deben de ser abandonadas, del mismo modo que un niño abandona los juguetes conforme crece.
Una combinación perfecta son el Hatha Yoga y el Raja Yoga. El Hatha Yoga, el “yoga físico”, tal y como se le conoce de forma popular, es el yoga encargado de obtener el equilibrio entre las energías físicas y mentales, a través de una serie de posturas (asanas) y las prácticas del control de la energía a través de la respiración (pranayama), así como de otras diversas técnicas (mudras y bandhas). Sin lugar a dudas, el Hatha Yoga es el yoga del equilibrio. A través de su práctica se crean las condiciones idóneas en el cuerpo y la mente para la reconexión consciente con el espíritu que se produce a través del Raja Yoga. Un tipo de yoga sigue al otro como la noche sigue al día, y viceversa. Son complementarios entre sí.
Tras una sesión de asanas y su posterior relajación, el cuerpo queda preparado para mantener la postura de meditación en inmovilidad y con la firmeza, estabilidad y verticalidad necesarias. Así mismo, la mente queda receptiva y alerta para captar todo lo que emerja a la superficie del lago de la consciencia al traspasar las diferentes envolturas en su viaje hacia el interior.





















