El síndrome de “No tengo tiempo”
El día tiene 24 horas. Esa es una realidad incuestionable... ¿O no? Me planteo si tenemos esto claro, por nuestro afán desmedido de llenar la agenda de actividades hasta que no quede un minuto libre. Últimamente, la muletilla “No tengo tiempo” se ha convertido en la excusa universal para personas de toda edad y condición, ante los demás y ante sí mismos, para dejar de hacer multitud de cosas.
Lo más curioso es que muchas de ellas no llevarían más de cinco minutos: hacer una llamada, comprar una agenda, pensar un regalo, contestar un email, hacer un breve ejercicio. -¿lo hiciste? -No he tenido tiempo... ¡¡No puede ser!!. Cuando se recurre constantemente a esta excusa, ya no es creíble para quien la escucha, y se empieza a generar un sentimiento extraño. ¿Estamos ante una persona que no tiene interés o que no sabe organizarse?. Últimamente, con la práctica del coaching, me ha surgido una duda. Puede ser que el problema esté en la enorme dificultad que presenta salir de la rutina, en la que no cabe ninguna improvisación. Esos hábitos diarios que nos atrapan y que ocupan todo el día nuestro espacio personal y profesional.
La excusa de “no tengo tiempo” puede estar poniendo en peligro nuestro trabajo, si dejamos de hacer lo importante por lo urgente. Lo importante puede ser, por ejemplo, llamar a un posible cliente y lo urgente es toda la tela de araña de obligaciones que nos hemos creado y que nos dejan sin aliento. Hace peligrar también nuestras relaciones familiares, cuando no nos sentamos con nuestra pareja, hijos, padres a escuchar... o a reír. O nos distancia de nuestros amigos, a quienes no prestamos ni una mínima atención. Incluso perdemos nuestra salud, porque no “tenemos tiempo” de concertar una cita médica y dejamos que el grano de arena de vaya haciendo una montaña. Desde aquí reivindico hacer un pequeño paréntesis para pensar qué nos estamos perdiendo y cómo podemos hacer para que la rutina no nos devore. Y así reducir el estrés y la insatisfacción. Si tienes la agenda absolutamente llena una semana detrás de otra, apuesto diez contra uno a que estas dejando atrás cosas esenciales, de esas que al final de la vida se echan de menos y que, curiosamente, no ocupan tanto tiempo como pensamos.
Algunos soluciones pueden ser aprender a decir NO, saber pones fin a largas conversaciones vacías, controlar la dedicación a las redes sociales, fijar un tiempo final para las reuniones, dejar un hueco libre al día para imprevistos o agendar un espacio para las personas que nos importan. Podemos añadir además la capacidad de dar soluciones rápidas (“ahora no puedo, pero esta tarde a las cinco en punto te llamo”) y crearnos el hábito de hacer en el momento todo lo que no ocupe más de un minuto. Así pasaremos de alimentar el monstruo de “No tengo tiempo” a tomar las riendas de nuestra vida.
El día tiene 24 horas. Esa es una realidad incuestionable... ¿O no? Me planteo si tenemos esto claro, por nuestro afán desmedido de llenar la agenda de actividades hasta que no quede un minuto libre. Últimamente, la muletilla “No tengo tiempo” se ha convertido en la excusa universal para personas de toda edad y condición, ante los demás y ante sí mismos, para dejar de hacer multitud de cosas.
Lo más curioso es que muchas de ellas no llevarían más de cinco minutos: hacer una llamada, comprar una agenda, pensar un regalo, contestar un email, hacer un breve ejercicio. -¿lo hiciste? -No he tenido tiempo... ¡¡No puede ser!!. Cuando se recurre constantemente a esta excusa, ya no es creíble para quien la escucha, y se empieza a generar un sentimiento extraño. ¿Estamos ante una persona que no tiene interés o que no sabe organizarse?. Últimamente, con la práctica del coaching, me ha surgido una duda. Puede ser que el problema esté en la enorme dificultad que presenta salir de la rutina, en la que no cabe ninguna improvisación. Esos hábitos diarios que nos atrapan y que ocupan todo el día nuestro espacio personal y profesional.
La excusa de “no tengo tiempo” puede estar poniendo en peligro nuestro trabajo, si dejamos de hacer lo importante por lo urgente. Lo importante puede ser, por ejemplo, llamar a un posible cliente y lo urgente es toda la tela de araña de obligaciones que nos hemos creado y que nos dejan sin aliento. Hace peligrar también nuestras relaciones familiares, cuando no nos sentamos con nuestra pareja, hijos, padres a escuchar... o a reír. O nos distancia de nuestros amigos, a quienes no prestamos ni una mínima atención. Incluso perdemos nuestra salud, porque no “tenemos tiempo” de concertar una cita médica y dejamos que el grano de arena de vaya haciendo una montaña. Desde aquí reivindico hacer un pequeño paréntesis para pensar qué nos estamos perdiendo y cómo podemos hacer para que la rutina no nos devore. Y así reducir el estrés y la insatisfacción. Si tienes la agenda absolutamente llena una semana detrás de otra, apuesto diez contra uno a que estas dejando atrás cosas esenciales, de esas que al final de la vida se echan de menos y que, curiosamente, no ocupan tanto tiempo como pensamos.
Algunos soluciones pueden ser aprender a decir NO, saber pones fin a largas conversaciones vacías, controlar la dedicación a las redes sociales, fijar un tiempo final para las reuniones, dejar un hueco libre al día para imprevistos o agendar un espacio para las personas que nos importan. Podemos añadir además la capacidad de dar soluciones rápidas (“ahora no puedo, pero esta tarde a las cinco en punto te llamo”) y crearnos el hábito de hacer en el momento todo lo que no ocupe más de un minuto. Así pasaremos de alimentar el monstruo de “No tengo tiempo” a tomar las riendas de nuestra vida.





















