¿Por qué todos queremos ser jóvenes?
Participo en televisión en un debate sobre las generaciones y, con este motivo, me dedico a recabar información sobre el tema. El conflicto generacional siempre es un buen punto de reflexión, como prueba evidente de lo que cambia la vida en todos sus aspectos. La típica frase de “Las cosas ya no son como antes” se sustenta en la lógica propia de que todo evoluciona. Una parte de la sociedad es generadora de cambios y la otra parte tiene que espabilarse para adaptarse a ellos. Una transformación que quizás se centre más en “lo que hacemos” y “lo que tenemos” que en “lo que somos”. Puede ser que ahora se viaje más, haya mas acceso a la educación, a la información, nos comuniquemos por nuevos canales… y tengamos coches mejores, casas más confortables, más títulos académicos. Pero somos los mismos de siempre, nos mueven los mismos valores: la familia, el trabajo, el amor, la libertad… en fin, todo igual y todo diferente.
Pero ahora hay algo inquietante. Y es que me da la impresión de que esa libertad se acerca un tanto a la fantasía. Realmente, los mercados son los que dirigen nuestra conducta, nuestros gustos y saben cómo sembrar la semilla. En los últimos años, los mercados se han dado cuenta de que el concepto de juventud vende en proporciones gigantescas y nos tienen a todos locos tratando de permanecer como sea en esa etapa de la vida. Los niños quieren dejar de serlo cuanto antes, adoptando muy pronto actitudes y estética de adolescentes, dejando rápido los juguetes de lado. Los adultos se niegan a serlo, o al menos a que se les denomine como tal: “Yo soy todavía joven”, ”Nosotros somos jóvenes” son expresiones constantes en personas de todas las edades. Y para demostrarlo, no para de crecer el gasto en cremas, pastillas, ropa, actividades, cirugías.. (nuestro país está a la cabeza en operaciones de estética). Objetivo conseguido para los mercados.
Lógicamente, esto no tiene nada que ver con tratar de estar activo física y mentalmente a cualquier edad. Eso es un gran logro de nuestra sociedad. Hablo de fenómenos como la “adultescencia”, que señala a los adultos que en cuanto pueden se pone en modo adolescente, o el “Síndrome de Peter Pan”, en el que hombres y mujeres se niegan en redondo a crecer y a adoptar compromisos y responsabilidades. Ahora, la experiencia personal y profesional adquirida con los años ha perdido valor y la sabiduría propia de los mayores ha sido sustituida por internet, que tiene respuestas y tutoriales para todo. Actualmente ser joven ha dejado de ser un periodo entre la niñez y la edad adulta para ser un valor que cotiza en bolsa y enriquece a muchas empresas. Cuidado con la trampa.
(A mi joven amigo Dani, por nuestras conversaciones inspiradoras)
Participo en televisión en un debate sobre las generaciones y, con este motivo, me dedico a recabar información sobre el tema. El conflicto generacional siempre es un buen punto de reflexión, como prueba evidente de lo que cambia la vida en todos sus aspectos. La típica frase de “Las cosas ya no son como antes” se sustenta en la lógica propia de que todo evoluciona. Una parte de la sociedad es generadora de cambios y la otra parte tiene que espabilarse para adaptarse a ellos. Una transformación que quizás se centre más en “lo que hacemos” y “lo que tenemos” que en “lo que somos”. Puede ser que ahora se viaje más, haya mas acceso a la educación, a la información, nos comuniquemos por nuevos canales… y tengamos coches mejores, casas más confortables, más títulos académicos. Pero somos los mismos de siempre, nos mueven los mismos valores: la familia, el trabajo, el amor, la libertad… en fin, todo igual y todo diferente.
Pero ahora hay algo inquietante. Y es que me da la impresión de que esa libertad se acerca un tanto a la fantasía. Realmente, los mercados son los que dirigen nuestra conducta, nuestros gustos y saben cómo sembrar la semilla. En los últimos años, los mercados se han dado cuenta de que el concepto de juventud vende en proporciones gigantescas y nos tienen a todos locos tratando de permanecer como sea en esa etapa de la vida. Los niños quieren dejar de serlo cuanto antes, adoptando muy pronto actitudes y estética de adolescentes, dejando rápido los juguetes de lado. Los adultos se niegan a serlo, o al menos a que se les denomine como tal: “Yo soy todavía joven”, ”Nosotros somos jóvenes” son expresiones constantes en personas de todas las edades. Y para demostrarlo, no para de crecer el gasto en cremas, pastillas, ropa, actividades, cirugías.. (nuestro país está a la cabeza en operaciones de estética). Objetivo conseguido para los mercados.
Lógicamente, esto no tiene nada que ver con tratar de estar activo física y mentalmente a cualquier edad. Eso es un gran logro de nuestra sociedad. Hablo de fenómenos como la “adultescencia”, que señala a los adultos que en cuanto pueden se pone en modo adolescente, o el “Síndrome de Peter Pan”, en el que hombres y mujeres se niegan en redondo a crecer y a adoptar compromisos y responsabilidades. Ahora, la experiencia personal y profesional adquirida con los años ha perdido valor y la sabiduría propia de los mayores ha sido sustituida por internet, que tiene respuestas y tutoriales para todo. Actualmente ser joven ha dejado de ser un periodo entre la niñez y la edad adulta para ser un valor que cotiza en bolsa y enriquece a muchas empresas. Cuidado con la trampa.
(A mi joven amigo Dani, por nuestras conversaciones inspiradoras)





















