Vacío en los pozos… (derrochando el agua) · Ana Gragera · Montijo
Montijo: un pueblo que fluye, se
estanca, resurge como el agua…
Tengo un tierno recuerdo de infancia
cuando llegaba a casa de mi abuela y lo primero que hacía era irme al pozo y
pedir agua. Me encantaba ver como tiraban el cubo a un agujero al que tenía
totalmente prohibido asomarme y, de repente, ahí estaba el cubo rebosando agua
fresca y con un sabor tan natural como la roca. Hoy en día no bebemos de esa
agua y el pozo está cada vez más seco.
Hace unos meses atrás descubrí una
de las causas que provoca la bajada del agua hablando con mi amigo Arturo sobre
propuestas en el campo de medioambiente: Desde la llegada de una gran
superficie comercial a nuestra zona, empezaron los pozos a secarse y un tiempo
después hicieron nuevos edificios con grandes sótanos para los coches en la
zona donde se sitúa actualmente el mercadillo. Arturo me explicó algo
interesante y que muy pocos montijanos conocemos. Este es uno de los pocos
pueblos antiguos que tienen su ubicación lejos del río debido a que su riqueza
está escondida, la tenemos bajo nuestros pies: sus aguas freáticas. De ahí su
escudo que durante años ha cambiado la simbología de dos salvajes a dos
maceros, de dos cipreses a dos acacias… pero lo que siempre ha permanecido ha
sido El Pozo.
Y ahora llega el momento de tomar conciencia y buscar explicaciones: para
que el centro comercial y dichos edificios con sótano puedan disfrutar de sus
bajos, usan motobombas para “tirar” al alcantarillado miles de litros de agua
diariamente. Aquí tenéis uno de los motivos de que muchos pozos privados se
hayan secado.
Una vez se toma conciencia de lo que
ocurre no se puede mirar hacia otro lado. Es algo que me persigue desde que me
enteré… “¿Y qué se puede hacer?”, dirán muchas personas:
-En primer lugar, elaborar un inventario de los pozos
privados de las casas, comprobar si se han secado y verificar su nivel.
Comunicar a los propietarios el motivo de la bajada de nivel, y sus derechos.
No olvidemos que Montijo se fundó gracias a estos pozos.
-En segundo lugar, inventariar todos los pozos públicos y
estudiar una puesta en valor, sacándolos del olvido -antes de que se sequen del
todo-, mediante la instalación de paneles informativos con su historia y valor
cultural (Cuántas veces visitamos algún pueblo y, aunque el agua no sea
potable, nos gusta ver cómo sus pozos siguen funcionando para animales, para
lavar…). Según la información de la que dispongo, el nivel ha bajado unos
CUATRO METROS.
(La
siguiente información la he sacado del blog de Manuel Cuerpo: “En el Catastro
de 1753 se contabilizan 15 pozos en un Montijo de 680 casas. Privaban los
públicos a los particulares y muchos de ellos han desaparecido como el de la
calle Peñas, Badajoz, Plaza Mayor, Campo de la Iglesia y otro que existió en la
actual calle Ramón y Cajal, calle que hasta el siglo XIX fue conocida como
"Pozo". En la actualidad aún quedan algunos:
1.
Pozo en la calle Arriba, muy
cerca estuvo el Pósito o granero y cuartel de tropas.
2.
Pozo Nuevo, fue construido
en 1951-52 en la Rinconada del mismo nombre. Es casi probable que se
construyese para surtir las calles Pozo Nuevo y San Gregorio, cuyas primeras
casas se edificaron en 1853.
3.
Pozo cerca al Parque Municipal,
construido a comienzos del siglo XX.
4.
Pozo del Valle, fue
construido en 1952 por el maestro Modesto Cabezas de la Riva, que levantará un
depósito emplazado sobre pilares de ladrillo y mortero de cal. Las cuatro
pilastras irán ceñidas entre sí con vigas de hormigón. En 1955 se harán
reformas en el interior del depósito y en la maquinaria por Ángel de los Santos
Sánchez. En sus buenos tiempos los aguadores cogían de él agua que vendían por
el pueblo.
5. Pozo del Ejido de las Eras, construido en 1949, con características
similares al pozo del Valle, junto al actual campo de fútbol. Tiene una pila de
granito que servía como abrevadero para el ganado, cumpliendo una especial
dedicación en la temporada de trilla).
-En tercer lugar, tendríamos que exigir el pago por el agua que tiran
(Andalucía instala contadores y pagan según consumen). Otra opción, y de la
forma que sea posible, habría que intentar reconducir el agua a jardines o
zonas verdes cercanas; de esta forma, los implicados no pagarían y las zonas
verdes lo agradecerían. Posiblemente, si durante todo este tiempo de derroche
se hubiera impuesto una tasa municipal, tendríamos dinero para llevar a cabo
infraestructuras de canalización.
Esta carta ha sido posible gracias a la información y a las conclusiones
a las que hemos llegado Arturo Pérez Acevedo y yo (y, cómo no, gracias a la corrección
de texto de Luis Darío Gragera), que no somos expertos ninguno de los tres en
el tema. Espero que aquellos que tienen en sus manos cambiar la situación de
Montijo y están pidiendo participación ciudadana tomen esto en cuenta y busquen
una solución, ellos que pueden… si quieren…
El tema, a mi humilde entender, no es superficial porque, ¿quién no
recuerda años de sequía o aquella avería negligente de agosto del 2013? Porque,
como dice mi poeta, “no dejemos que embotellen nuestras vidas derrochando el
recurso más preciado”. Ya lo dice la pintada, de Acción Poética Quito, en un
muro:
“Tomar agua nos da vida./ Tomar conciencia nos dará agua.”
Montijo: un pueblo que fluye, se estanca, resurge como el agua…
Tengo un tierno recuerdo de infancia cuando llegaba a casa de mi abuela y lo primero que hacía era irme al pozo y pedir agua. Me encantaba ver como tiraban el cubo a un agujero al que tenía totalmente prohibido asomarme y, de repente, ahí estaba el cubo rebosando agua fresca y con un sabor tan natural como la roca. Hoy en día no bebemos de esa agua y el pozo está cada vez más seco.
Hace unos meses atrás descubrí una de las causas que provoca la bajada del agua hablando con mi amigo Arturo sobre propuestas en el campo de medioambiente: Desde la llegada de una gran superficie comercial a nuestra zona, empezaron los pozos a secarse y un tiempo después hicieron nuevos edificios con grandes sótanos para los coches en la zona donde se sitúa actualmente el mercadillo. Arturo me explicó algo interesante y que muy pocos montijanos conocemos. Este es uno de los pocos pueblos antiguos que tienen su ubicación lejos del río debido a que su riqueza está escondida, la tenemos bajo nuestros pies: sus aguas freáticas. De ahí su escudo que durante años ha cambiado la simbología de dos salvajes a dos maceros, de dos cipreses a dos acacias… pero lo que siempre ha permanecido ha sido El Pozo.
Y ahora llega el momento de tomar conciencia y buscar explicaciones: para que el centro comercial y dichos edificios con sótano puedan disfrutar de sus bajos, usan motobombas para “tirar” al alcantarillado miles de litros de agua diariamente. Aquí tenéis uno de los motivos de que muchos pozos privados se hayan secado.
Una vez se toma conciencia de lo que ocurre no se puede mirar hacia otro lado. Es algo que me persigue desde que me enteré… “¿Y qué se puede hacer?”, dirán muchas personas:
-En primer lugar, elaborar un inventario de los pozos privados de las casas, comprobar si se han secado y verificar su nivel. Comunicar a los propietarios el motivo de la bajada de nivel, y sus derechos. No olvidemos que Montijo se fundó gracias a estos pozos.
-En segundo lugar, inventariar todos los pozos públicos y estudiar una puesta en valor, sacándolos del olvido -antes de que se sequen del todo-, mediante la instalación de paneles informativos con su historia y valor cultural (Cuántas veces visitamos algún pueblo y, aunque el agua no sea potable, nos gusta ver cómo sus pozos siguen funcionando para animales, para lavar…). Según la información de la que dispongo, el nivel ha bajado unos CUATRO METROS.
(La siguiente información la he sacado del blog de Manuel Cuerpo: “En el Catastro de 1753 se contabilizan 15 pozos en un Montijo de 680 casas. Privaban los públicos a los particulares y muchos de ellos han desaparecido como el de la calle Peñas, Badajoz, Plaza Mayor, Campo de la Iglesia y otro que existió en la actual calle Ramón y Cajal, calle que hasta el siglo XIX fue conocida como "Pozo". En la actualidad aún quedan algunos:
1. Pozo en la calle Arriba, muy cerca estuvo el Pósito o granero y cuartel de tropas.
2. Pozo Nuevo, fue construido en 1951-52 en la Rinconada del mismo nombre. Es casi probable que se construyese para surtir las calles Pozo Nuevo y San Gregorio, cuyas primeras casas se edificaron en 1853.
3. Pozo cerca al Parque Municipal, construido a comienzos del siglo XX.
4. Pozo del Valle, fue construido en 1952 por el maestro Modesto Cabezas de la Riva, que levantará un depósito emplazado sobre pilares de ladrillo y mortero de cal. Las cuatro pilastras irán ceñidas entre sí con vigas de hormigón. En 1955 se harán reformas en el interior del depósito y en la maquinaria por Ángel de los Santos Sánchez. En sus buenos tiempos los aguadores cogían de él agua que vendían por el pueblo.
5. Pozo del Ejido de las Eras, construido en 1949, con características similares al pozo del Valle, junto al actual campo de fútbol. Tiene una pila de granito que servía como abrevadero para el ganado, cumpliendo una especial dedicación en la temporada de trilla).
-En tercer lugar, tendríamos que exigir el pago por el agua que tiran (Andalucía instala contadores y pagan según consumen). Otra opción, y de la forma que sea posible, habría que intentar reconducir el agua a jardines o zonas verdes cercanas; de esta forma, los implicados no pagarían y las zonas verdes lo agradecerían. Posiblemente, si durante todo este tiempo de derroche se hubiera impuesto una tasa municipal, tendríamos dinero para llevar a cabo infraestructuras de canalización.
Esta carta ha sido posible gracias a la información y a las conclusiones a las que hemos llegado Arturo Pérez Acevedo y yo (y, cómo no, gracias a la corrección de texto de Luis Darío Gragera), que no somos expertos ninguno de los tres en el tema. Espero que aquellos que tienen en sus manos cambiar la situación de Montijo y están pidiendo participación ciudadana tomen esto en cuenta y busquen una solución, ellos que pueden… si quieren…
El tema, a mi humilde entender, no es superficial porque, ¿quién no recuerda años de sequía o aquella avería negligente de agosto del 2013? Porque, como dice mi poeta, “no dejemos que embotellen nuestras vidas derrochando el recurso más preciado”. Ya lo dice la pintada, de Acción Poética Quito, en un muro:
“Tomar agua nos da vida./ Tomar conciencia nos dará agua.”




















