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J.J. Melchor · Montijo | 34
Miércoles, 19 de Noviembre de 2014

CRONICAS NEFRITICAS: De lo simple a lo erudito y si podemos repito · J.J. Melchor · Montijo

A menudo nos encontramos con articulistas, tertulianos y demás fauna, que prefiere escribir o hablar para que todo el mundo los entienda, y también con otros que prefieran hablar o escribir como auténticos eruditos griegos. Entre los primeros, los hay que teniendo conocimientos y estudios suficientes, para escribir como el mejor filósofo de todos los tiempos, prefieren que su mensaje sea claro y conciso. Otros, entre los que me incluyo, habla y escribe como sabe, que es a la vez como mejor se entiende. Yo prefiero el hombre de fácil entender pues su mensaje llega tanto al erudito como al analfabeto, pero el que escribe solo para Sócrates, a menudo no lo entiende ni Sócrates.

Pues también los hay que se comunican en un lenguaje tan sublime que ni ellos mismos entienden. Yo conozco a uno personalmente que habla con palabras que ni el mismo sabe lo que significan y así podemos encontrarlo diciendo que “esta estupefacto de conocerte” o que según él “tienes muy poca verbigracia”

Luego están estos que te dicen sólo lo que tú quieres escuchar, y de una manera tan pulcra y elegante que da gusto escucharlos. Son los llamados lengua de serpiente o encantadores de serpientes.

Ahora tenemos a un chaval experto en estas lides. A poco que sigan la actualidad y pongan de vez en cuando la Sexta o la Cuatro sabrán de quien hablo, Sextemos y Cuatremos, como las llama el ínclito Jiménez Losantos. Pues sí, hablo de Pablo Iglesias, el verbo sublime, este hombre que habla que enamora, y provoca que en sus mítines que a alguna fan se le escape la mano para palpar sus glúteos.

Como me comento el lunes un gitanillo muy gracioso en el mercadillo, hay que ver este hombre, lo bien que habla y que de todo sabe, da gusto oírlo.

Desde luego tiene su carisma y su atracción, una voz envolvente y varonil. Sin rival en su partido, ni en los partidos contrarios, esos que él llama La casta.

En mi mente enfermiza muchas veces me pregunto si este hombre cuando llegue a casa seguirá hablando así con su novia, no sé, me imagino un dialogo tal que así.

Pablo- Cariño, ya sé que decidimos, de forma asamblearia y por el bien de la igualdad mundial y para no caer en la rutina de la casta, que por las noches me tocaba a mi fregar los platos, pero te doy la oportunidad de acercarte al pueblo más llano y fregarlos tú, repite conmigo, fregar platos me acerca al pueblo

A lo que la buena de Tania mucho más práctica contestaría algo así:

-Me parece perfecto, al igual que a ti, te parecerá una maravilla, dormir en el sofá, a partir de ahora, para así estar más cerca de las necesidades del ploretariado.

No niego que este hombre se explique como los ángeles y tenga el carisma que tiene, pero es que viendo sus predecesores, Aznar, Zapatero y ahora Rajoy, cualquiera puede parecer el Paulo Coelho de la política. Pero los que ya tenemos unos años también nos acordamos de Suárez, González y Anguita, y “el coletas” pues no nos sorprende tanto. Ahora que todos por muy bien que se expresen, tienen sus muletillas, si bien don Adolfo, decía aquello de “puedo prometer y prometo”, don Felipe, te lo decía “sin acritud” y don Julio, pues te decía aquello de “programa, programa” -que es lo que le falta todavía a Podemos-después llegarían, los “váyase señor González”, el “talante” y el “como dios manda”.

Don Pablo tampoco se libra de este apoyo lingüístico y utiliza la ya trillada “la casta”.

Por que es imposible hablar tanto, mucho tiempo, sin tener una palabra digamos… mágica o recurrente. Y es que no todos pueden ser Fidel Castro. A dios gracias.            

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