Los andacapadres
Una caricia a la memoria: “Ayer se casó el sereno con una de
Badajoz y el uno daba las cuatro y el otro daba las dos. “¡Serenoooooooooo!
¡Vaaaaaaaaaaaa!”.
El equipo juvenil de fútbol Ntra. Señora de
Guadalupe.
Los cuadernos Rubio de escritura, operaciones y problemas. Antonio Rodríguez Gómez vendiendo
pan por las calles. Juan Miguel Aunión,
que era latero y vivió junto a la Fonda Enrique, en el barrio de la Pringue.
Cincuenta fueron las pesetas iniciales que pusieron los socios que refundaron
la U.D. Montijo, que eligieron primer presidente a Emilio Macarro. Cuando
íbamos a disfrutar de un día de campo en la finca Velasco, en la carretera de
La Roca. Las muñecas vestidas de flamenca y el torito banderilleado con los
colores de España encima del televisor. Cardoso, Zambrano, Toribio, Antonio, Paco, Quico,
Alfonso, Cristóbal, García, Canete y Quico, alineación del equipo juvenil del
C.D. El Valle. Francisco Rodríguez Soto y su mujer Ricarda Muñido Pérez,
que vivían en la calle de Arriba y vendían cacharros de Salvatierra de los
Barros. Carmen Vaca, auxiliar del
dentista don Antonio de la Calle. El almacén de Portero Escobar en el
camino del Carazo. Los andacapadres.
El catón.
La
agresividad del purgante citrato de magnesio y la sal de higuera. Carmen Durán
Concepción llevando la capillita de la Virgen de Barbaño por las casas de la
calle Arriba. La escuela de Rosario
Sosa. Cuando le poníamos un
pañuelo al micrófono por el que radiábamos los partidos de fútbol para evitar
los ruidos que producía el aire. Diego Redondo, que trabajó como
dependiente en la Ferretería de los González y luego en la de Vicente de los
Ríos. Salvador Vázquez y su mujer Teresa Hernández, que junto con sus hijos
llevaron el bar Cinco casas, el Galgo y el Molino. Los muchachos recitando
sobre las propiedades de las bicicletas de entonces: “BH, especial para los
baches; GAC, especial para correr; Orbea, ni la compres, ni la veas”. Juan
Sánchez y su compadre José Pérez Muñoz, que hacían chozos para los belenes. Los
que dicen que la raíz del flamenco está en la seguirilla, soleá, martinete,
polo y caña. Se le
paró el rumio.
“Esta
noche a la novia, esta noche a la novia, esta noche a la novia… le toca decir,
le toca decir, le toca decir… acuéstate primero y apaga el candil, y apaga el
candil, y apaga el candil… Esta noche a la novia, esta noche a la novia”. Emilio Ojalvo Sánchez, que fue
alguacil del Ayuntamiento y del Juzgado. El Bellergal, antes
para las distonías neuro-vegetativas, hoy, seguro, para la cura del estrés. La
fragua de Juan Brugera, que fue alcalde de Montijo. El carpintero José
Domínguez. Julio, vendiendo con unas alforjas garbanzos tostados por las
calles, quien cambiaba una medida suya por dos que le entregaba la gente. Joaquín Rodríguez, Manuel León
Caballero y Francisco Jurado, plantilla de la empresa Copasa, que curaban las
explotaciones desde una avioneta con Zeltia y Bayer.
El
método Palmer de caligrafía. El parapeto que había en los chozos, donde
se colocaba la loza.
Visagra
haciendo el paseíllo por las calles. Adita, que tocaba el piano, Angelines y
Elvirita, hijas de Juan Durán. Las máquinas de escribir de la marca Royal. Los árbitros de fútbol, Coto Cordero,
Nevado González, Piriz Márquez, Rivero Cordero, Trabadela Gómez, Carmona
Méndez, García Gallardo y Villarino Pocostales. Santiago Romero, que fue
encargado de maderas Francisco Moreno, cuando éste tuvo el almacén donde
después se puso el bar La Posá.
Fernando,
que vivía en la calle Acinco, que hacía capachos, esteras y cañizos y vendía
castañas asadas. Manuel Vargas y Quintina Navarro, que vivían en la calle de
Arriba, y él era tratante de mulas. Las madres poniendo a mear a sus criaturas
en la calle. Tomy Montijo cantando “pero porque, porque, quieres tú
saber de mi vida privada”. “El cocherito leré me dijo anoche leré que
si quería leré montar en coche leré”.
Una caricia a la memoria: “Ayer se casó el sereno con una de Badajoz y el uno daba las cuatro y el otro daba las dos. “¡Serenoooooooooo! ¡Vaaaaaaaaaaaa!”.
El equipo juvenil de fútbol Ntra. Señora de Guadalupe. Los cuadernos Rubio de escritura, operaciones y problemas. Antonio Rodríguez Gómez vendiendo pan por las calles. Juan Miguel Aunión, que era latero y vivió junto a la Fonda Enrique, en el barrio de la Pringue. Cincuenta fueron las pesetas iniciales que pusieron los socios que refundaron la U.D. Montijo, que eligieron primer presidente a Emilio Macarro. Cuando íbamos a disfrutar de un día de campo en la finca Velasco, en la carretera de La Roca. Las muñecas vestidas de flamenca y el torito banderilleado con los colores de España encima del televisor. Cardoso, Zambrano, Toribio, Antonio, Paco, Quico, Alfonso, Cristóbal, García, Canete y Quico, alineación del equipo juvenil del C.D. El Valle. Francisco Rodríguez Soto y su mujer Ricarda Muñido Pérez, que vivían en la calle de Arriba y vendían cacharros de Salvatierra de los Barros. Carmen Vaca, auxiliar del dentista don Antonio de la Calle. El almacén de Portero Escobar en el camino del Carazo. Los andacapadres. El catón.
La agresividad del purgante citrato de magnesio y la sal de higuera. Carmen Durán Concepción llevando la capillita de la Virgen de Barbaño por las casas de la calle Arriba. La escuela de Rosario Sosa. Cuando le poníamos un pañuelo al micrófono por el que radiábamos los partidos de fútbol para evitar los ruidos que producía el aire. Diego Redondo, que trabajó como dependiente en la Ferretería de los González y luego en la de Vicente de los Ríos. Salvador Vázquez y su mujer Teresa Hernández, que junto con sus hijos llevaron el bar Cinco casas, el Galgo y el Molino. Los muchachos recitando sobre las propiedades de las bicicletas de entonces: “BH, especial para los baches; GAC, especial para correr; Orbea, ni la compres, ni la veas”. Juan Sánchez y su compadre José Pérez Muñoz, que hacían chozos para los belenes. Los que dicen que la raíz del flamenco está en la seguirilla, soleá, martinete, polo y caña. Se le paró el rumio.
“Esta noche a la novia, esta noche a la novia, esta noche a la novia… le toca decir, le toca decir, le toca decir… acuéstate primero y apaga el candil, y apaga el candil, y apaga el candil… Esta noche a la novia, esta noche a la novia”. Emilio Ojalvo Sánchez, que fue alguacil del Ayuntamiento y del Juzgado. El Bellergal, antes para las distonías neuro-vegetativas, hoy, seguro, para la cura del estrés. La fragua de Juan Brugera, que fue alcalde de Montijo. El carpintero José Domínguez. Julio, vendiendo con unas alforjas garbanzos tostados por las calles, quien cambiaba una medida suya por dos que le entregaba la gente. Joaquín Rodríguez, Manuel León Caballero y Francisco Jurado, plantilla de la empresa Copasa, que curaban las explotaciones desde una avioneta con Zeltia y Bayer. El método Palmer de caligrafía. El parapeto que había en los chozos, donde se colocaba la loza.
Visagra haciendo el paseíllo por las calles. Adita, que tocaba el piano, Angelines y Elvirita, hijas de Juan Durán. Las máquinas de escribir de la marca Royal. Los árbitros de fútbol, Coto Cordero, Nevado González, Piriz Márquez, Rivero Cordero, Trabadela Gómez, Carmona Méndez, García Gallardo y Villarino Pocostales. Santiago Romero, que fue encargado de maderas Francisco Moreno, cuando éste tuvo el almacén donde después se puso el bar La Posá. Fernando, que vivía en la calle Acinco, que hacía capachos, esteras y cañizos y vendía castañas asadas. Manuel Vargas y Quintina Navarro, que vivían en la calle de Arriba, y él era tratante de mulas. Las madres poniendo a mear a sus criaturas en la calle. Tomy Montijo cantando “pero porque, porque, quieres tú saber de mi vida privada”. “El cocherito leré me dijo anoche leré que si quería leré montar en coche leré”.





















