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Manuel García Cienfuegos
Viernes, 28 de Febrero de 2014

Pase misí, pase misá

Llega un tiempo sin orden ni concierto que trastornará los sentidos. Porque se quiera o no, la juventud es un disparate, la madurez es una lucha y la vejez un remordimiento. Así, renacerán las dos Españas que siempre han sido: don Carnal y doña Cuaresma.

Los salientes de granito colocados en las puertas falsas para evitar, al entrar los carros tirados por las mulas, que las cañoneras se rozaran. La piedra de grano que había frente a la puerta del casino con la que jugaban dando saltos los muchachos. El dentista Antonio Celdrán, padre de Miguel Celdrán, alcalde de Badajoz, que pasaba consulta en la casa de Pepe Torres, en la calle Sánchez Rivera. Sancho Vaca y Ruperto Menayo tallando a los quintos en el Ayuntamiento. La carpintería de Diego del Viejo, en la calle de Papas, con sus ayudantes Alvarito y Salvador. El soplillo de esparto aventando el brasero y la badila dándole vueltas. José Risquete, José Luis Morera, Hilario Ferrero y Eugenio Cabezas, directores de la fábrica de Carcesa. La expresión, “eres un pelmazo”. Periquín Morilla.

Cuando se llevaba la prueba de la matanza del cerdo para que la reconociesen los veterinarios en un despacho que tenían en la plaza de Abastos, hoy Teatro Municipal. La barbería de Manolo Gil, en la calle Carreras, junto a la casa del practicante Ramón Melara. La escuela, en la calle de Mérida, de don Matías Salvador y doña Carmen, su mujer, que eran de Seseña, provincia de Toledo. Las clases de los padres franciscanos Serafín y Gabriel de la Dolorosa, en el colegio que tenía el convento de San Antonio. La librería de don Antonio, que era de Madrid, que estaba junto al comercio de Simón Lavado Navia. “Escarabajo bajo, échate a volar que vienen los moros y te van a matar”.

El agua del cocido de las ortigas muy bueno como antioxidante,  como plaguicida y para la grasa del cabello. “Murcielaguito ven, que te llama la sartén con un palito de higuera para darte en la mollera”. El sargento Mora, que era de la Guardia Civil. El lagar de Antonio Rodríguez Bautista, que era farmacéutico, en la rinconá, frente al pozo nuevo. El retablo que tenía la ermita de la Virgen de Barbaño, con el camarín donde estaba la imagen protegida por un cristal, y detrás la vidriera de la aparición, colocada hoy encima de la puerta de entrada. La llamada cruz de la muchacha que estaba en el camino viejo de Barbaño, cerca de la ermita. Jugando a un, dos y tres, gallito inglés. Acisclo, al que le faltaba una mano, que traía las maletas de los viajantes desde la estación, entre ellos los de Almacenes Rodríguez de Madrid, dedicados al género textil. La fragua y ferretería de Vicente de los Ríos Ramos, en la calle de Papas, que luego pasó a Julio de los Ríos y finalmente a Antonio Alba Mena. Julio Casitas, primer entrenador de la U.D. Montijo.

Joaquín, que fue camarero en el bar España, que hacía muy bien música con los palillos de los dientes, al que una señora le preguntó un día ¿tiene usted la Pitusa fría?, en alusión a la gaseosa. La morcilla llamada candonga, hecha de sangre, bofe, buche, tripa y grasa. Las matanceras llenado las morcillas de mondongo con unos pequeños embudos metálicos. La máquina de llenar los chorizos y las morcillas, conocida como emburridor, primero de madera y luego metálica. Las primeras oraciones de la edad de la infancia, “Jesusito de mi vida” y “Bendita sea tu pureza”. El juego, “Pase misí, pase misá, por la puerta del corral, los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán”. Los caballitos de cartón en los puestos de la Feria. Los responsos el día de los difuntos en el cementerio. El lagar de Pepe Vaca en la calle Valdelacalzada. El cura Manolo Malagón, entrenando al C.D. El Valle. Cogiendo gamusinos. Jugando al marro. El maestro Florencio Morcillo Hidalgo. La coronilla que se hacían los curas en la cabeza. Los canarios que tenía Juan Sánchez, en su casa de la calle de Papas. Los garlitos de los pescadores. Los estraperlistas.

 

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