“Las Noches de Scheherazade” transportaron al público de Puebla de la Calzada al suntuoso mundo de los sultanes persas
El fin de semana pasado, Carmen Millán, la bailarina de la Escuela de Danza Nuria Lozano, dio vida a la hermosa princesa Scheherazade, que junto al sultán, Juan Alfonso Gutiérrez, y los jovencísimos bailarines y bailarinas, que se forman en la escuela de danza poblanchina, transportaron al público al majestuoso palacio persa donde durante Mil y Una Noches fueron narradas las mil y una historias del maravilloso cuento.
La historia
de Scheherazade, musicalizada con unas bellísimas composiciones de inmortales
autores, embaucó a los espectadores, que desde el primer momento se deleitaron
con las evoluciones de los bailarines que engancharon a grandes y pequeños con
esa preciosa historia de amor y complicidad.
Las
coreografías, creadas por la directora de la escuela, Nuria Lozano, fusionaron,
en perfecta armonía, la clásica con la danza oriental, para crear esa magia que
impregnaba toda la obra.
Una
escenografía sencilla y a la vez sugerente recreaba la sutileza de los palacios
árabes y la exquisita iluminación,
especialmente diseñada para la ocasión por Juan Francisco Pozo; conformaron el
ambiente propicio donde la bella Scheherazade urdió la estratagema y enamoró al
sultán con sus narraciones.
Ha de
hacerse especial mención al vestuario, diseñado por Paqui Carretero, con el
que ha sabido recrear la suntuosidad de
los harenes árabes. Igualmente, agradecer, desde esta página abierta, a todos
los padres y madres de los alumnos por sus horas de aguja e hilo poniendo cada
una de las perlas y brillantes que cada traje incorporaba; una labor silenciosa
que todos los que suben al escenario quieren reconocer con un fuerte aplauso
sordo desde estas líneas.
Ahora ya, ha llegado la hora del merecido descanso,
con la satisfacción del trabajo bien hecho y la esperanza de volver a
encontrarse el próximo curso para continuar con la ilusión y el trabajo
interminable de la Danza.
La historia
de Sherezade, musicalizada con unas bellísimas composiciones de inmortales
autores, embaucó a los espectadores, que desde el primer momento se deleitaron
con las evoluciones de los bailarines que engancharon a grandes y pequeños con
esa preciosa historia de amor y complicidad.
Las
coreografías, creadas por la directora de la escuela, Nuria Lozano, fusionaron,
en perfecta armonía, la clásica con la danza oriental, para crear esa magia que
impregnaba toda la obra.
Una escenografía
sencilla y a la vez sugerente recreaba la sutileza de los palacios árabes y
la exquisita iluminación, especialmente
diseñada para la ocasión por Juan Francisco Pozo; conformaron el ambiente
propicio donde la bella Sherezade urdió la estratagema y enamoró al sultán con
sus narraciones.
Ha de
hacerse especial mención al vestuario, diseñado por Paqui Carretero, con el
que ha sabido recrear la suntuosidad de
los harenes árabes. Igualmente, agradecer, desde esta página abierta, a todos
los padres y madres de los alumnos por sus horas de aguja e hilo poniendo cada
una de las perlas y brillantes que cada traje incorporaba; una labor silenciosa
que todos los que suben al escenario quieren reconocer con un fuerte aplauso
sordo desde estas líneas.
Ahora ya, ha
llegado la hora del merecido descanso, con la satisfacción del trabajo bien
hecho y la esperanza de volver a encontrarse el próximo curso para continuar
con la ilusión y el trabajo interminable de la Danza.
La historia de Scheherazade, musicalizada con unas bellísimas composiciones de inmortales autores, embaucó a los espectadores, que desde el primer momento se deleitaron con las evoluciones de los bailarines que engancharon a grandes y pequeños con esa preciosa historia de amor y complicidad.
Las coreografías, creadas por la directora de la escuela, Nuria Lozano, fusionaron, en perfecta armonía, la clásica con la danza oriental, para crear esa magia que impregnaba toda la obra.
Una escenografía sencilla y a la vez sugerente recreaba la sutileza de los palacios árabes y la exquisita iluminación, especialmente diseñada para la ocasión por Juan Francisco Pozo; conformaron el ambiente propicio donde la bella Scheherazade urdió la estratagema y enamoró al sultán con sus narraciones.
Ha de hacerse especial mención al vestuario, diseñado por Paqui Carretero, con el que ha sabido recrear la suntuosidad de los harenes árabes. Igualmente, agradecer, desde esta página abierta, a todos los padres y madres de los alumnos por sus horas de aguja e hilo poniendo cada una de las perlas y brillantes que cada traje incorporaba; una labor silenciosa que todos los que suben al escenario quieren reconocer con un fuerte aplauso sordo desde estas líneas.
Ahora ya, ha llegado la hora del merecido descanso, con la satisfacción del trabajo bien hecho y la esperanza de volver a encontrarse el próximo curso para continuar con la ilusión y el trabajo interminable de la Danza.
La historia de Sherezade, musicalizada con unas bellísimas composiciones de inmortales autores, embaucó a los espectadores, que desde el primer momento se deleitaron con las evoluciones de los bailarines que engancharon a grandes y pequeños con esa preciosa historia de amor y complicidad.
Las coreografías, creadas por la directora de la escuela, Nuria Lozano, fusionaron, en perfecta armonía, la clásica con la danza oriental, para crear esa magia que impregnaba toda la obra.
Una escenografía sencilla y a la vez sugerente recreaba la sutileza de los palacios árabes y la exquisita iluminación, especialmente diseñada para la ocasión por Juan Francisco Pozo; conformaron el ambiente propicio donde la bella Sherezade urdió la estratagema y enamoró al sultán con sus narraciones.
Ha de hacerse especial mención al vestuario, diseñado por Paqui Carretero, con el que ha sabido recrear la suntuosidad de los harenes árabes. Igualmente, agradecer, desde esta página abierta, a todos los padres y madres de los alumnos por sus horas de aguja e hilo poniendo cada una de las perlas y brillantes que cada traje incorporaba; una labor silenciosa que todos los que suben al escenario quieren reconocer con un fuerte aplauso sordo desde estas líneas.
Ahora ya, ha llegado la hora del merecido descanso, con la satisfacción del trabajo bien hecho y la esperanza de volver a encontrarse el próximo curso para continuar con la ilusión y el trabajo interminable de la Danza.

























































