Se acerca eñ "Jueves de Compadres" a Ribera del Fresno
Como ya dijera el escritor Luis de la Cruz en su trabajo “Pequeña historia del Carnaval madrileño”. <Pocas fiestas hay más populares y universales que el carnaval…>, a lo que bien podríamos añadir, “si tomamos esta definición del tiempo de carnaval en sentido estricto, habría que tener entonces en cuenta un período precarnavalesco que en las zonas rurales de Extremadura comenzaría en torno a los Santos Inocentes, San Fulgencio, San Antón, San Blas o San Sebastián. Así nos lo narra la antropóloga Silvia Pérez Simón basándose en los ancestros más recónditos de Extremadura. Sabida es su relación con el tiempo de carnaval, y es que el Jueves de Compadres no tiene una fecha fija en el calendario, varía cada año en función de la Semana Santa. Y tomando como referencia dos jueves antes del miércoles de ceniza, éste año 2013 se anticipa al 31 de enero.
“Las fiestas populares marcaban el paso de las estaciones: las romerías de febrero a mayo llegaban con la primavera, el verano con San Juan y San Pedro y el invierno acababa con el Carnaval. Las fiestas populares no eran las más numerosas (abundaban las de parroquias y cofradías) pero eran las que incluían a más lugareños, porque sin más organización que la de la costumbre, todos eran bienvenidos a ellas.” Apunta de La Cruz.
“En un Madrid, o cualquier pueblo de España en aquella época, finales del S. XVI o principios del XVII repleto de analfabetos las representaciones teatrales -en teatros o en las calles, por profesionales o vecinos- eran una importante forma de comunicación. Eran frecuentes en carnavales aquellas que invertían las imágenes del mundo oficial, que por unas jornadas representaban el mundo al revés, como el hecho de mantear al pelele vestido de “petimetre”, o las gentes disfrazadas de religiosos, que recibían las más variadas burlas.” Nos detalla Luis de la Cruz.
En Ribera del Fresno, este tipo de burlas no duraban los pocos días que dura el carnaval, sino que se alargaban mucho más: tres semanas antes del carnaval se celebraba por los hombres casados el “jueves de compadres”; al que seguía la fiesta de las casadas, el “jueves de comadres”.
Igual que en la actualidad son los comerciantes y vecinos quienes organizan las fiestas populares más auténticas, ya en el XVII eran los artesanos quienes representaban sus propias comedias y bailes con los vecinos. Pio Baroja cuenta en sus memorias como pudo aún presenciarlos: “dos o tres veces vi el manteamiento del pelele como en uno de los tapices de Goya.
Jueves de Compadres
Para intentar comprender la fiesta como inercia socio-cultural y al mismo tiempo expresión de procesos y conflictos históricos, sociales y políticos, sobradamente son conocidas y reconocidas las fiestas en torno a una efigie que se convierte en ídolo festivo y chivo expiatorio capaz de aglutinar de modo catártico a vecinos y turistas en torno a sí. Son así llamados los Compadres en Ribera del Fresno. Habría que decir, que a lo largo del día, las pandillas, dispersadas por diferentes parajes del término municipal, ya sean locales, cortijos o naves, para degustar los típicos vinos de pitarra del pueblo; así como los primeros productos de chacina, se dedica a realizar unos 'monigotes' o 'peleles' de paja –el típico compadre- con atributos sexuales muy marcados, atributos fálicos de forma exagerada. Ello demuestra el carácter atávico de este festejo a la vez que tiene un sentido de llamamiento a la fertilidad y a la primavera. Ya por la noche, todos los grupos de compadres con sus respectivos peleles regresan al pueblo, donde se reúnen para quemar el 'compadre', al invierno, junto con los pecados y los males. Estos muñecos participarán en el concurso de compadres para después ser quemados próximos al Arroyo Valdemedel en torno a las 19 horas será la cita, para ello la fiesta será amenizada con la música a cargo de Serafín Campos. Como cada edición se les obsequiará a todos los compadres participantes con un detalle. Se trata de un buen motivo para pasar una jornada campestre con la familia y amigos en definitiva.
Para concluir, Silvia Pérez nos apunta: “recordaremos que algunas de estas prácticas se han perdido, otras se han recuperado, otras se han reinventado o adaptado y las que se mantienen, no nos engañemos, tampoco son lo que fueron.”
“Las fiestas populares marcaban el paso de las estaciones: las romerías de febrero a mayo llegaban con la primavera, el verano con San Juan y San Pedro y el invierno acababa con el Carnaval. Las fiestas populares no eran las más numerosas (abundaban las de parroquias y cofradías) pero eran las que incluían a más lugareños, porque sin más organización que la de la costumbre, todos eran bienvenidos a ellas.” Apunta de La Cruz.
“En un Madrid, o cualquier pueblo de España en aquella época, finales del S. XVI o principios del XVII repleto de analfabetos las representaciones teatrales -en teatros o en las calles, por profesionales o vecinos- eran una importante forma de comunicación. Eran frecuentes en carnavales aquellas que invertían las imágenes del mundo oficial, que por unas jornadas representaban el mundo al revés, como el hecho de mantear al pelele vestido de “petimetre”, o las gentes disfrazadas de religiosos, que recibían las más variadas burlas.” Nos detalla Luis de la Cruz.
En Ribera del Fresno, este tipo de burlas no duraban los pocos días que dura el carnaval, sino que se alargaban mucho más: tres semanas antes del carnaval se celebraba por los hombres casados el “jueves de compadres”; al que seguía la fiesta de las casadas, el “jueves de comadres”.
Igual que en la actualidad son los comerciantes y vecinos quienes organizan las fiestas populares más auténticas, ya en el XVII eran los artesanos quienes representaban sus propias comedias y bailes con los vecinos. Pio Baroja cuenta en sus memorias como pudo aún presenciarlos: “dos o tres veces vi el manteamiento del pelele como en uno de los tapices de Goya.
Jueves de Compadres
Para intentar comprender la fiesta como inercia socio-cultural y al mismo tiempo expresión de procesos y conflictos históricos, sociales y políticos, sobradamente son conocidas y reconocidas las fiestas en torno a una efigie que se convierte en ídolo festivo y chivo expiatorio capaz de aglutinar de modo catártico a vecinos y turistas en torno a sí. Son así llamados los Compadres en Ribera del Fresno. Habría que decir, que a lo largo del día, las pandillas, dispersadas por diferentes parajes del término municipal, ya sean locales, cortijos o naves, para degustar los típicos vinos de pitarra del pueblo; así como los primeros productos de chacina, se dedica a realizar unos 'monigotes' o 'peleles' de paja –el típico compadre- con atributos sexuales muy marcados, atributos fálicos de forma exagerada. Ello demuestra el carácter atávico de este festejo a la vez que tiene un sentido de llamamiento a la fertilidad y a la primavera. Ya por la noche, todos los grupos de compadres con sus respectivos peleles regresan al pueblo, donde se reúnen para quemar el 'compadre', al invierno, junto con los pecados y los males. Estos muñecos participarán en el concurso de compadres para después ser quemados próximos al Arroyo Valdemedel en torno a las 19 horas será la cita, para ello la fiesta será amenizada con la música a cargo de Serafín Campos. Como cada edición se les obsequiará a todos los compadres participantes con un detalle. Se trata de un buen motivo para pasar una jornada campestre con la familia y amigos en definitiva.
Para concluir, Silvia Pérez nos apunta: “recordaremos que algunas de estas prácticas se han perdido, otras se han recuperado, otras se han reinventado o adaptado y las que se mantienen, no nos engañemos, tampoco son lo que fueron.”




















