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Miércoles, 09 de Enero de 2013

Los propósitos para el Nuevo Año

Cuando empezamos un nuevo año y nos vemos con todo el calendario en blanco por delante, a todos nos entran ganas de llenarlo de éxitos y ponernos las pilas para conseguir una serie de objetivos que siempre tenemos pendientes: algunos relacionados con la salud, como hacer más deporte, adelgazar, dejar de fumar; otros profesionales, como estudiar idiomas, buscar empleo, mejorar el que tenemos, emprender un negocio; y otros personales como mejorar relaciones con los demás y con nosotros mismos. Sin embargo, en la mayoría de los casos  no damos ni un paso adelante o lo damos pero perdemos fuelle enseguida y a otra cosa mariposa. El próximo año lo volveremos a intentar. Siempre  trato de comprender porque caemos una y otra vez  en esta trampa china que solo nos lleva a perder seguridad en nosotros mismos y convencernos de que nuestra fuerza de voluntad es más bien escasa.  Y creo que he dado con un par de claves interesantes.

En primer lugar,  cuando fijamos un objetivo,  nos entra la euforia pensando en lo que vamos a ganar, pero pasamos por alto lo que vamos a perder y no valoramos si estamos dispuestos a hacerlo.  Si quiero aprender idiomas pero no a asistir regularmente a unas clases y a estudiar; si quiero adelgazar pero nada de  renunciar a comer y beber lo que me gusta; si quiero tener buenas relaciones pero no quiero  controlar mi temperamento….entonces es que no estoy dispuesto a pagar el precio del cambio. Es decir, que en muchas ocasiones, anunciamos nuestro propósito esperando que el objetivo nos caiga encima como el gordo de la lotería, sin esfuerzos por nuestra parte. Lo que no sabemos es que todos tenemos capacidad de sobra para superar todas esas limitaciones que en nuestra cabeza se hacen insalvables. Si confiáramos  en nuestras posibilidades, veríamos que no es tan difícil cambiar un rato al día el paseo por el sofá, la tele por el estudio, el bocadillo por la lechuga, el chicle por el cigarro o la conversación por la discursión. Poco a poco  nuestros hábitos irán mejorando  y pasado un tiempo nos asombraríamos de lo que estamos consiguiendo. El secreto de avanzar siempre es comenzar  y así provocamos que ocurran cosas. Nuestro peor error es quedarnos quietos esperando  ese toque divino que, lógicamente, nunca llega. Si valoramos “qué” estamos dispuestos a perder, conoceremos el grado de compromiso que tenemos con la causa en cuestión.

Decía Steve Jobs: "Cuando te dedicas a construir algo tan grande como Apple tienes que dejar de vivir otras vidas que podrías estar viviendo. Vivir es elegir y elegir es descartar”. En este año 2013, con todas las dificultades que se presentan, ojalá individualmente sepamos elegir el camino más productivo. Muchos pequeños aciertos podrían, con suerte, cambiar el rumbo de nuestra trayectoria.

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