El Gobierno de Extremadura explica en un cómic y un cartel la enfermedad del fuego bacteriano de los frutales
La Dirección General de Agricultura y Ganadería ha elaborado un cómic y un cartel explicativo para divulgar en qué consiste la enfermedad del fuego bacteriano que sufren los frutales. El objetivo es dar a conocer esta enfermedad, recordar las medidas a tomar para prevenir la aparición de la misma, así como difundir algunas medidas de control cuando se presenta la enfermedad.
El fuego bacteriano es la enfermedad más grave de los frutales de
pepita (peral, membrillero y manzano) causada por la bacteria Erwinia
amylovora, y afecta básicamente a plantas de la familia de las rosáceas,
provocando importantes pérdidas económicas por daños directos en los
frutales de pepita, en especial en peral y mebrillero, así como en el
sector de las plantas ornamentales de dicha familia.
La enfermedad se detectó por primera vez en Extremadura en la
primavera del año 2009 y se considera establecida en la región. La
gravedad de los daños que produce se ve incrementada por su facilidad de
diseminación a través del material vegetal de reproducción o
multiplicación, de los instrumentos de corte y poda empleados en la
explotación, y de vectores naturales como los pulgones, insectos
polinizadores, incluso cualquier animal que entre en contacto con un
árbol afectado.
El fuego bacteriano es la enfermedad más grave de los frutales de pepita (peral, membrillero y manzano) causada por la bacteria Erwinia amylovora, y afecta básicamente a plantas de la familia de las rosáceas, provocando importantes pérdidas económicas por daños directos en los frutales de pepita, en especial en peral y mebrillero, así como en el sector de las plantas ornamentales de dicha familia.
La enfermedad se detectó por primera vez en Extremadura en la primavera del año 2009 y se considera establecida en la región. La gravedad de los daños que produce se ve incrementada por su facilidad de diseminación a través del material vegetal de reproducción o multiplicación, de los instrumentos de corte y poda empleados en la explotación, y de vectores naturales como los pulgones, insectos polinizadores, incluso cualquier animal que entre en contacto con un árbol afectado.






















