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Manuel Regalado del Viejo · Montijo | 327
Viernes, 16 de Noviembre de 2012

Mi agradecimiento a personas voluntarias y solidarias · Manuel Regalado del Viejo · Montijo

Hay una frase que dice: “Es de buen nacido el ser agradecido”. A primeras horas de la mañana del 4 de noviembre comenzó a llover con tal fuerza, que dio lugar a que mi casa se viera inundada en menos de dos minutos. Cada vez que lo hace de manera tan intensa, me hecho a temblar, pues en un momento el agua sube por arriba de la acera, y las aceras con estas reparaciones tan “perfectas” le quedaron a ras del umbral, con la particularidad de que siempre hubo que bajar en lugar de subir; ahora no es que esté bajísimo el nivel adónde estuvo siempre , se le echa un tomo de 8 a 10 cm de espesor arriba del anterior, y después a subir aceras de nuevo, alzar rejillas de desagüe, a dejarlo todo como ciertos medicamentos con efectos secundarios, lo que arreglan por un lado lo perjudican por otro. Se dice que el rebajar las calles supondría una notable subida de los costes. ¿Acaso el destruir aceras antiguas, construirlas de nuevo mucho más altas sale gratis? Estas obras están dejando un pueblo estéticamente “divino”, tanto los edificios de pisos como las casas particulares parecen mutiladas por abajo, ventanas al nivel de las aceras, y aceras por arriba de las ventanas. Después esas subidas y bajadas para remediar en parte lo irremediable, se le ha dado en llamar no sin cierta ironía “la ola”. Tampoco se han librado los escasos edificios históricos que poseemos, como el convento de las Clarisas en el que nos e ha respetado su altura original.

Hay en la calle Jacinto Benavente una casa en la que sus dueños no han hecho ninguna transformación permaneciendo en el mismo sitio que estuvo siempre. Ahí se puede adivinar dónde estuvo la altura de la calzada y adónde se encuentra ahora. Si se circula por la acera te encuentras que hay que bajar unos peldaños y después volverlos a subir. Para mí esto son chapuzas y atropellos, pues si los responsables de estas obras tuvieran la desgracia de ocurrirles algo semejante pensarían de distinta manera.

Ante esta desventura, sintiéndome impotente, no dudé en ponerme en contacto con los bomberos que tardaron poco tiempo en presentarse, más tuvieron que marcharse ante problemas aún más graves que los que a mí me afectaban. Sin embargo, vecinas que se percataron de la situación tan embarazosa en la que me encontraba, les faltó tiempo para acudir en mi ayuda desinteresadamente.

Se comenta con cierta frecuencia, que en los tiempos que corren estamos faltos de humanidad y sólo pensamos en nuestros propios intereses y no es totalmente cierto, pues tanto en estos tiempos como en los pasados, siempre existió a pesar de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, gente indeseable y gente maravillosa, habiendo yo topado con estas últimas.

El agradecimiento más sincero para Juana Carretero, que se descalzó remangándose los pantalones hasta las rodillas sin hacer caso a mis consejos y recomendaciones para que no lo hiciera. A María Antonia Serrano, Tere López, por supuesto miembro de la Policía Municipal y, como no, mi sobrina, Marina Regalado. A todas ellas, repito, mil gracias de todo corazón.

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