El Ayuntamiento de Lobón adquiere el libro “Los penúltimos inquilinos del Congreso” de Luis Chorot
Hijo de Ángel Chorot Prieto y María Coca Pizarro. Nació en Lobón el 18 de abril de 1876, contrajo matrimonio en Puebla de la Calzada, el 3 de febrero de 1899, con Magdalena Castillo Pozo. Un año antes, Luis Chorot se había licenciado en Derecho.
Al
iniciar estudios universitarios sus hijos marchó de su Puebla de La Gutibamba a
Madrid. En la capital de España participó en las más importantes tertulias
literarias, artísticas y políticas del momento. Publicó dos libros “Hilvanes y
zurcidos” que fue prologado por López Prudencio, su amigo, y “Los penúltimos
inquilinos del Congreso”, versos satíricos sobre los diputados de las
constituyentes de la II República. Chorot firmaba sus escritos con dos
seudónimos el “Abad Metomeentodo” y el “Bachiller Cantaclaro”.
Luchó por la construcción del
“Puente de los Suspiros”
Luís
Chorot luchó en Madrid denodadamente por los pueblos y la comarca que le vio
nacer, consiguiendo que Rafael Benjumea Burin, conde de Guadalhorce y Ministro
de Fomento en la Dictadura primoriverista (1926-1930), aprobase el proyecto
para la construcción del esperado “Puente de los Suspiros”, uniendo las
poblaciones de las orillas del río Guadiana, ya que desde Mérida a Badajoz no
había ningún otro puente, impidiendo el progreso y el avance de la economía de
los pueblos.
También
reivindicó la construcción de la carretera hacia La Roca de la Sierra, que
desembocaría en la de Badajoz-Cáceres, pasando cerca de Montijo y Puebla de la
Calzada, en dirección hacia la nacional de Madrid-Badajoz-Lisboa, aunque su
intención es que llegase desde Lobón hasta Solana de los Barros en dirección
hacia Almendralejo, para enlazar con la carretera de Sevilla. Su objetivo era
dar salida a través de las comunicaciones a los productos de las explotaciones
agrícolas y ganaderas.
Los penúltimos inquilinos del
Congreso
Cuando
el “Bachiller Cantaclaro”, Luis Chorot de Coca, publicó la obra que ahora ha
adquirido el Ayuntamiento de Lobón, tenía en preparación, “Refritos en prosa”,
“Quisicosas”, “Lo que se llama perder el tiempo”, “Melancólicas y Románticas” y
“Chinitas y chinatazos”.
En
“Los penúltimos inquilinos del Congreso”, Luis Chorot desgrana en verso su
sátira sobre personalidades de la vida pública de la II República como
Romanones, Castelar, Unamuno, Azaña, Prieto, Besteiro, Gil Robles, Lerroux, de
los Ríos, Marañón, Martínez Barrios, Albornoz, Clara Campoamor, Companys, Largo
Caballero y Casares Quiroga, entre otros muchos, apareciendo también algunos
diputados extremeños del momento.
Hacía
varios meses que la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Lobón estaba
tratando de localizar algunas de las obras publicadas por Luis Chorot, con el
objetivo de incrementar así su fondo bibliográfico y poder estudiar mejor la
producción literaria de este preclaro lobonero, hasta que, afortunadamente ha
dado con esta obra en una de las librerías de Zaragoza.
Un
hijo de Luis Chorot, Juan Chorot Pozo (1919-2006), fue comediógrafo, articulista,
director y autor teatral. Utilizó el seudónimo de “Juancho”. Fue colaborador de
periódicos como Arriba y ABC. Su mayor fama la alcanzó en la revista “La
Codorniz”, con secciones fijas como “Coplas a escoplo”, “Luchas matrimoniales”
y “El juego del titular cambiado”.
Al iniciar estudios universitarios sus hijos marchó de su Puebla de La Gutibamba a Madrid. En la capital de España participó en las más importantes tertulias literarias, artísticas y políticas del momento. Publicó dos libros “Hilvanes y zurcidos” que fue prologado por López Prudencio, su amigo, y “Los penúltimos inquilinos del Congreso”, versos satíricos sobre los diputados de las constituyentes de la II República. Chorot firmaba sus escritos con dos seudónimos el “Abad Metomeentodo” y el “Bachiller Cantaclaro”.
Luchó por la construcción del “Puente de los Suspiros”
Luís Chorot luchó en Madrid denodadamente por los pueblos y la comarca que le vio nacer, consiguiendo que Rafael Benjumea Burin, conde de Guadalhorce y Ministro de Fomento en la Dictadura primoriverista (1926-1930), aprobase el proyecto para la construcción del esperado “Puente de los Suspiros”, uniendo las poblaciones de las orillas del río Guadiana, ya que desde Mérida a Badajoz no había ningún otro puente, impidiendo el progreso y el avance de la economía de los pueblos.
También reivindicó la construcción de la carretera hacia La Roca de la Sierra, que desembocaría en la de Badajoz-Cáceres, pasando cerca de Montijo y Puebla de la Calzada, en dirección hacia la nacional de Madrid-Badajoz-Lisboa, aunque su intención es que llegase desde Lobón hasta Solana de los Barros en dirección hacia Almendralejo, para enlazar con la carretera de Sevilla. Su objetivo era dar salida a través de las comunicaciones a los productos de las explotaciones agrícolas y ganaderas.
Los penúltimos inquilinos del Congreso
Cuando el “Bachiller Cantaclaro”, Luis Chorot de Coca, publicó la obra que ahora ha adquirido el Ayuntamiento de Lobón, tenía en preparación, “Refritos en prosa”, “Quisicosas”, “Lo que se llama perder el tiempo”, “Melancólicas y Románticas” y “Chinitas y chinatazos”.
En “Los penúltimos inquilinos del Congreso”, Luis Chorot desgrana en verso su sátira sobre personalidades de la vida pública de la II República como Romanones, Castelar, Unamuno, Azaña, Prieto, Besteiro, Gil Robles, Lerroux, de los Ríos, Marañón, Martínez Barrios, Albornoz, Clara Campoamor, Companys, Largo Caballero y Casares Quiroga, entre otros muchos, apareciendo también algunos diputados extremeños del momento.
Hacía varios meses que la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Lobón estaba tratando de localizar algunas de las obras publicadas por Luis Chorot, con el objetivo de incrementar así su fondo bibliográfico y poder estudiar mejor la producción literaria de este preclaro lobonero, hasta que, afortunadamente ha dado con esta obra en una de las librerías de Zaragoza.
Un hijo de Luis Chorot, Juan Chorot Pozo (1919-2006), fue comediógrafo, articulista, director y autor teatral. Utilizó el seudónimo de “Juancho”. Fue colaborador de periódicos como Arriba y ABC. Su mayor fama la alcanzó en la revista “La Codorniz”, con secciones fijas como “Coplas a escoplo”, “Luchas matrimoniales” y “El juego del titular cambiado”.





















