Ecologistas en Acción Extremadura, asistirá a las puertas del Palacio de Congresos de Cáceres a repartir esta información a los asistentes a la reunión anual de la sociedad Nuclear Española en Cáceres
“Sobre el embalse de Arrocampo, afluente del Tajo, se asientan los dos reactores nucleares de la central de Almaraz, puesta en funcionamiento a principios de los ochenta.
En el embalse de Arrocampo, gracias al agua eternamente templada por la refrigeración de los reactores, proliferan carpas y peces gato, garzas y calamones. En este ambiente subtropical, las aguas de Arrocampo caen al Tajo, justo un poco por encima del Salto del Corzo, puerta de entrada
al Parque Nacional de Monfragüe, donde a guisa de bienvenida te reciben dos reactores nucleares. Eso lo tenemos en la provincia de Cáceres, junto a Navalmoral de la Mata, a 70 km de Talavera de la Reina, a 175 de Madrid, y a 100 km de Portugal”.
Señalan desde Eclogistas en Acción que “sólo a siete kilómetros
escasos de donde crían y vuelan cigüeñas negras, águilas imperiales y buitres
negros.
Estas pantallas están sufriendo procesos de corrosión, habiendo
cedido como es fácilmente observable
desde el muro de la presa. Este deterioro provoca una menor eficiencia en la
refrigeración de la central nuclear, proceso imprescindible para garantizar su
seguridad. El supuesto objetivo de estas pantallas, que son muros de hormigón,
era evitar la mezcla aguas calientes procedentes de la refrigeración de los
reactores nucleares con el agua que se bombea del Tajo para refrigerarla y
reponer tanto la que se pierde por evaporación como la que se expulsa por los
aliviaderos que van a parar al Tajo.
El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha tomado la decisión de
prolongar la vida de la central nuclear de Almaraz I por 10 años, cuando ésta
cumple casi 30 años de funcionamiento. Esta decisión es un preludio de lo que
sucederá con Almaraz II, dos años menor. No por esperado este dictamen es
admisible. Tras todos estos años de funcionamiento y diversas vicisitudes, los
dos reactores deberían cerrarse tras cumplir los 30 años. Se trata de no tentar
a la suerte y de no dejar que progresen problemas que aumentan la inseguridad. Era obvio que el CSN
aceptaría la prolongación del permiso de funcionamiento y que el Ministerio de Industria lo refrendaría,
dado que los propietarios de la central han invertido esfuerzos y dinero en una
ampliación de potencia de las dos unidades. En el dictamen sobre Almaraz, al
igual que ya hizo en el caso de la central de Garoña (Burgos), el CSN introduce
un concepto nuevo que no deja de ser inquietante. Se trata de la llamada
“autorización condicionada”. Ésta consiste en imponer a la central una serie de
condiciones (13 en el caso de Almaraz I) que deberá cumplir en el futuro para
seguir funcionando.
Cabe preguntarse aquí: si la central funciona a la perfección,
¿por qué se le imponen mejoras
a realizar?; y si no, ¿por qué se permite que siga funcionando? Si
se detectan anomalías, la planta debería paralizarse al menos cautelarmente.
Almaraz ha presentado un problema endémico de refrigeración,
puesto que el Tajo no tiene el caudal
suficiente para garantizar el enfriamiento del núcleo en caso de
accidente. La forma de solucionar
este problema era bajar potencia cuando bajaba el caudal del Tajo,
hasta que se instalaron irrigadores, para disminuir la temperatura ambiente.
También fue necesario cambiar los seis generadores de vapor de las
dos centrales hace 3 años, con un coste de unos unos diez millones de euros,
que repercutieron en el recibo de la electricidad. Se dijo en aquel momento que
los generadores nuevos no presentarían los mismos fenómenos de corrosión que
los antiguos y que se había resuelto el problema. Sin embargo la realidad es
tozuda y muestra, una y otra vez, que existen multitud de factores en torno a
la energía nuclear que no se conocen a la perfección: los nuevos generadores de
vapor presentan ya problemas de corrosión y agrietamiento, lo que no ha impedido que el CSN permitiera la
ampliación de potencia y la prolongación de la vida de la central. CSN Las pruebas de estrés de la Unión Europea Las seis centrales nucleares que funcionan ahora en España sufren
hasta cinco “deficiencias” en sus sistemas de seguridad, según advierte el
informe que la Comisión Europea ha redactado con los resultados de las pruebas
de resistencia que se han realizado tras el grave accidente de la central
japonesa de Fukushima.
Este informe denuncia que los reactores españoles no
tienen una sala alternativa para el control de emergencias (algo imprescindible
porque la única que existe ahora podría volverse inhabitable por la acción de
un fuego) y advierte también que todas las plantas de nuestro país tienen que implantar o mejorar sus equipos contra
los terremotos.
Además, la Comisión también asegura que 5 centrales nucleares
(Ascó, Cofrentes, Garoña, Almaraz y Vandellós) no disponen tampoco de “sistemas pasivos para
prevenir una explosión de hidrógeno, un problema que agravó las consecuencias
del accidente de la central japonesa de Fukushima.
Pero Trillo tampoco se salva porque el informe señala que su
procedimiento de gestión de emergencias no incluye todas las posibilidades de
accidente.
Estos sucesos vienen a sumarse a otros muchos. En abril del año
pasado dos sucesos simultáneos dispararon las alarmas en la central. Por un
lado, falló la turbobomba que se encarga de extraer el calor del reactor,
permitiendo obtener energía y evitando el daño grave al reactor y, por otro, se
produjo una enorme vibración de las barras de control que sirven para detener
la reacción nuclear. Además de estos problemas técnicos, hay que tener en
cuenta que la central genera residuos radiactivos de complicada gestión.
Las nuevas torres de refrigeración de Almaraz que ya han entrado
en funcionamiento en julio, no funcionan como debieran, la prueba ha sido los
miles de peces muertos en el pantano de Arrocampo. Cabe recordar que esta obra,
que ha supuesto la construcción de unas veinte torres de 15 metros de altura,
se ha ejecutado para rebajar la temperatura del agua del embalse.
Con estas torres se pretendía mejorar el vertido térmico al río
Tajo sobre todo en los años de mucha sequía, de manera que el agua que el
embalse de Arrocampo vierte al Tajo llevaría una temperatura inferior en
aproximadamente 2 ó 3ºC a la que actualmente arroja y como se ha demostrado no
ha servido para nada.
Si ocurriera un movimiento símico del que no estamos libres (ver
los ocurridos actualmente en Moraleja y Coria) El agua retenida artificialmente
por las pantalla de separación o muros de hormigón del embalse de Arrocampo, el
cauce del agua volvería al Tajo y dejaría sin refrigeración los dos reactores
nucleares y residuos radiactivos de alta actividad que llevan almacenándose en las piscinas 30 años.
Exigimos un calendario de cierre urgente que ya ha comenzando por Garoña, además de la retirada del actual
proceso de selección del emplazamiento del ATC, Almacén Temporal Centralizado,
con apertura de un verdadero proceso democrático de participación pública. La
energía nuclear ha demostrado ser un fracaso
económico, tecnológico, medioambiental y social y es incompatible
con un modelo energético ambientalmente sostenible.
• La energía nuclear es muy peligrosa. Las tragedias de
Chernóbil y Fukushima demuestran su capacidad para generar catástrofes. Algo
totalmente injustificable habiendo alternativas.
• La energía nuclear es muy sucia. Las centrales nucleares generan residuos radiactivos cuya peligrosidad
permanece decenas de miles de años y cuya gestión, tratamiento y/o eliminación
son cuestiones aún no resueltas.
• La energía nuclear es muy cara. Necesita fuertes subsidios estatales de forma continua para poder
existir, no paga el coste real de la responsabilidad civil en caso de
accidente, es un obstáculo a las energías renovables y aumenta el coste del
recibo de la luz.
Es el momento de abandonar la energía nuclear. Es exclusivamente una
cuestión de voluntad política pues no hay ningún problema técnico, energético o
económico que lo impida. Es lo más deseable desde el punto de vista de la
seguridad y de la protección del medio ambiente y la salud.
Por un futuro sin nucleares, Por todo esto estaremos en las
puertas del Palacio de Congresos de Cáceres el día 17 a las 13 horas, para
repartir esta información a los asistentes al congreso y al público en General”.
En el embalse de Arrocampo, gracias al agua eternamente templada por la refrigeración de los reactores, proliferan carpas y peces gato, garzas y calamones. En este ambiente subtropical, las aguas de Arrocampo caen al Tajo, justo un poco por encima del Salto del Corzo, puerta de entrada
al Parque Nacional de Monfragüe, donde a guisa de bienvenida te reciben dos reactores nucleares. Eso lo tenemos en la provincia de Cáceres, junto a Navalmoral de la Mata, a 70 km de Talavera de la Reina, a 175 de Madrid, y a 100 km de Portugal”.
Señalan desde Eclogistas en Acción que “sólo a siete kilómetros escasos de donde crían y vuelan cigüeñas negras, águilas imperiales y buitres negros.
Estas pantallas están sufriendo procesos de corrosión, habiendo cedido como es fácilmente observable desde el muro de la presa. Este deterioro provoca una menor eficiencia en la refrigeración de la central nuclear, proceso imprescindible para garantizar su seguridad. El supuesto objetivo de estas pantallas, que son muros de hormigón, era evitar la mezcla aguas calientes procedentes de la refrigeración de los reactores nucleares con el agua que se bombea del Tajo para refrigerarla y reponer tanto la que se pierde por evaporación como la que se expulsa por los aliviaderos que van a parar al Tajo.
El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha tomado la decisión de prolongar la vida de la central nuclear de Almaraz I por 10 años, cuando ésta cumple casi 30 años de funcionamiento. Esta decisión es un preludio de lo que sucederá con Almaraz II, dos años menor. No por esperado este dictamen es admisible. Tras todos estos años de funcionamiento y diversas vicisitudes, los dos reactores deberían cerrarse tras cumplir los 30 años. Se trata de no tentar a la suerte y de no dejar que progresen problemas que aumentan la inseguridad. Era obvio que el CSN aceptaría la prolongación del permiso de funcionamiento y que el Ministerio de Industria lo refrendaría, dado que los propietarios de la central han invertido esfuerzos y dinero en una ampliación de potencia de las dos unidades. En el dictamen sobre Almaraz, al igual que ya hizo en el caso de la central de Garoña (Burgos), el CSN introduce un concepto nuevo que no deja de ser inquietante. Se trata de la llamada “autorización condicionada”. Ésta consiste en imponer a la central una serie de condiciones (13 en el caso de Almaraz I) que deberá cumplir en el futuro para seguir funcionando.
Cabe preguntarse aquí: si la central funciona a la perfección, ¿por qué se le imponen mejoras
a realizar?; y si no, ¿por qué se permite que siga funcionando? Si se detectan anomalías, la planta debería paralizarse al menos cautelarmente.
Almaraz ha presentado un problema endémico de refrigeración, puesto que el Tajo no tiene el caudal
suficiente para garantizar el enfriamiento del núcleo en caso de accidente. La forma de solucionar
este problema era bajar potencia cuando bajaba el caudal del Tajo,
hasta que se instalaron irrigadores, para disminuir la temperatura ambiente.
También fue necesario cambiar los seis generadores de vapor de las
dos centrales hace 3 años, con un coste de unos unos diez millones de euros,
que repercutieron en el recibo de la electricidad. Se dijo en aquel momento que
los generadores nuevos no presentarían los mismos fenómenos de corrosión que
los antiguos y que se había resuelto el problema. Sin embargo la realidad es
tozuda y muestra, una y otra vez, que existen multitud de factores en torno a
la energía nuclear que no se conocen a la perfección: los nuevos generadores de
vapor presentan ya problemas de corrosión y agrietamiento, lo que no ha impedido que el CSN permitiera la
ampliación de potencia y la prolongación de la vida de la central. CSN Las pruebas de estrés de la Unión Europea Las seis centrales nucleares que funcionan ahora en España sufren
hasta cinco “deficiencias” en sus sistemas de seguridad, según advierte el
informe que la Comisión Europea ha redactado con los resultados de las pruebas
de resistencia que se han realizado tras el grave accidente de la central
japonesa de Fukushima.
Este informe denuncia que los reactores españoles no tienen una sala alternativa para el control de emergencias (algo imprescindible porque la única que existe ahora podría volverse inhabitable por la acción de un fuego) y advierte también que todas las plantas de nuestro país tienen que implantar o mejorar sus equipos contra los terremotos.
Además, la Comisión también asegura que 5 centrales nucleares (Ascó, Cofrentes, Garoña, Almaraz y Vandellós) no disponen tampoco de “sistemas pasivos para prevenir una explosión de hidrógeno, un problema que agravó las consecuencias del accidente de la central japonesa de Fukushima.
Pero Trillo tampoco se salva porque el informe señala que su procedimiento de gestión de emergencias no incluye todas las posibilidades de accidente.
Estos sucesos vienen a sumarse a otros muchos. En abril del año pasado dos sucesos simultáneos dispararon las alarmas en la central. Por un lado, falló la turbobomba que se encarga de extraer el calor del reactor, permitiendo obtener energía y evitando el daño grave al reactor y, por otro, se produjo una enorme vibración de las barras de control que sirven para detener la reacción nuclear. Además de estos problemas técnicos, hay que tener en cuenta que la central genera residuos radiactivos de complicada gestión.
Las nuevas torres de refrigeración de Almaraz que ya han entrado en funcionamiento en julio, no funcionan como debieran, la prueba ha sido los miles de peces muertos en el pantano de Arrocampo. Cabe recordar que esta obra, que ha supuesto la construcción de unas veinte torres de 15 metros de altura, se ha ejecutado para rebajar la temperatura del agua del embalse.
Con estas torres se pretendía mejorar el vertido térmico al río Tajo sobre todo en los años de mucha sequía, de manera que el agua que el embalse de Arrocampo vierte al Tajo llevaría una temperatura inferior en aproximadamente 2 ó 3ºC a la que actualmente arroja y como se ha demostrado no ha servido para nada.
Si ocurriera un movimiento símico del que no estamos libres (ver los ocurridos actualmente en Moraleja y Coria) El agua retenida artificialmente por las pantalla de separación o muros de hormigón del embalse de Arrocampo, el cauce del agua volvería al Tajo y dejaría sin refrigeración los dos reactores nucleares y residuos radiactivos de alta actividad que llevan almacenándose en las piscinas 30 años.
Exigimos un calendario de cierre urgente que ya ha comenzando por Garoña, además de la retirada del actual proceso de selección del emplazamiento del ATC, Almacén Temporal Centralizado, con apertura de un verdadero proceso democrático de participación pública. La energía nuclear ha demostrado ser un fracaso
económico, tecnológico, medioambiental y social y es incompatible
con un modelo energético ambientalmente sostenible.
• La energía nuclear es muy peligrosa. Las tragedias de Chernóbil y Fukushima demuestran su capacidad para generar catástrofes. Algo totalmente injustificable habiendo alternativas.
• La energía nuclear es muy sucia. Las centrales nucleares generan residuos radiactivos cuya peligrosidad permanece decenas de miles de años y cuya gestión, tratamiento y/o eliminación son cuestiones aún no resueltas.
• La energía nuclear es muy cara. Necesita fuertes subsidios estatales de forma continua para poder
existir, no paga el coste real de la responsabilidad civil en caso de
accidente, es un obstáculo a las energías renovables y aumenta el coste del
recibo de la luz.
Es el momento de abandonar la energía nuclear. Es exclusivamente una cuestión de voluntad política pues no hay ningún problema técnico, energético o económico que lo impida. Es lo más deseable desde el punto de vista de la seguridad y de la protección del medio ambiente y la salud.
Por un futuro sin nucleares, Por todo esto estaremos en las puertas del Palacio de Congresos de Cáceres el día 17 a las 13 horas, para repartir esta información a los asistentes al congreso y al público en General”.





















