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Fuente del Maestre | 361
Lunes, 15 de Octubre de 2012

Estudiantes del antiguo colegio seráfico Francisco Cano vuelven a reencontrarse después de más de 50 años

En el pueblo eran conocidos como “los frailinos” y han vuelto a reunirse gracias a las redes sociales


En Fuente del Maestre eran conocidos como “los frailinos”; aquellos que, durante los años 50 y los 60, estudiaban en el Colegio Seráfico del Convento Franciscano. El pasado día 13 volvieron a reunirse en el citado municipio, algunos no se veían desde hace más de 50 años, cuando después de terminar tercero de Bachiller aquí, se dispersaron. Hasta que el 2007, un grupo de ex – colegiados de “Los Frayles” se pone en contacto a través de las redes sociales y hasta crean una asociación. Tomás Chaves es uno de ellos: “ Después de cincuenta y tantos años, volvemos con gozo a Fuente del Maestre, somos aquellos frailinos, y no hemos cambiado tanto, reconocemos el pueblo, aunque es una lástima que se cerrara ese Colegio que imagino tanto significó para Fuente”. 


Otro de los organizadores del encuentro, Alberto Cordero, recuerda cómo era la educación en esa época: “Fuimos hermanos en la infancia, porque fuimos casi arrancados del calor de nuestros padres y familias, y entonces esos 120 alumnos que éramos nos encontramos por el 1960 con unos profesores que fueron padres, aquello fue una suplantación de la figura paterna. Y hay que decir que nos dieron todo el cariño y bondad que pudieron,  aunque también  se escapaba algún capón para los más traviesos, pero queremos agradecer infinitamente la labor paciente de aquellos padres”.


Padres que tenían nombres, y bien que los recuerdan Alberto Casero e Ismael Santos: “Estaba el Rector que era el Padre Augusto, y estaban el Padre Ceferino, el Padre Arcángel, el Padre Jimeno, Fray Cifuentes, el Padre Pedro que era Maestro de Disciplina o el Padre Torres, que era el cocinero. Le recordamos cocinando y, como a  través de la ventana, le pedíamos una pringá, que era pan frito, un desayuno fuera de serie entonces”. Santos, cuyo padre Laurentino fue quién construyó el Casino y el Salón de Bailes en el pueblo, dice sentirse “profundamente agradecido” por la labor de aquellos franciscanos: “Nos formaron como personas y hoy somos lo que somos, maestros, psicólogos o médicos, gracias a su empeño”.


Acompañados por los sacerdotes fontaneses D. Teodoro López y D. Francisco Javier Moreno, recorrieron ilusionados los lugares de su infancia. Todos ellos hicieron aquí hasta tercero de Bachiller; después en Córdoba, de tercero a sexto, en Guadalupe el noviciado , y terminaron su formación en distintas Universidades españolas.

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