El Club de Lectura de Montijo ofrece la lectura como placer · Ana Rodríguez. Lectora. Miembro del Club de Lectura “El Atrio”
El placer que se obtiene en la lectura no está tan ligado a los temas que se tratan, ¡qué también!, este aspecto quizás puede ser la puerta de entrada. Pero el motivo de la permanencia en “ese país” espléndido, que todo lo ofrece sin exigir nada a cambio, está en las palabras, en el lenguaje, en la manera de ensamblar unas palabras con otras, que cada libro nos ofrece y que puede llegar a nuestro cerebro como los sonidos perfectos de una gran composición musical. Yo no tengo conocimientos de música, de hecho soy absolutamente incapaz de reproducir dos sonidos musicales, pero entiendo, salvando las distancias, que la escucha mental que pudieran desarrollar las personas con buena capacidad para la música les debe producir un goce parecido al que me produce a mí la lectura de un buen texto.
¡Leed a los niños! Cuando un adulto lee a un niño, está compartiendo con él tiempo, que es lo que realmente quiere un niño, porque es lo que necesita.
Un libro para un niño es el más rentable de los juguetes. Dura y dura, aun sabiéndoselo de memoria, querrá que se lo sigas leyendo, y así querrá comprobar si su “partitura”, esa partitura que ha ido grabando en su memoria y que le ha producido tantas recompensas, coincide con la que escucha. Y no oses a modificar ninguna de las notas. Inmediatamente, como un gran director de orquesta te dirá: “así no es”.
Y es en esos momentos, mucho antes de los inicios de la lectura, cuando nos hacemos grandes lectores. Y ya un libro no es un grupo de páginas en las que podemos hablar sobre algo, es un cofre lleno de emociones. ¡Hecho nada despreciable y muy a tener en cuenta!
La lectura nos pasea por ese campo inmenso, inestable y contradictorio que nos lleva, sobre todo, a conocernos a nosotros mismos. Con lo que, a mi modo de ver, nos prepara para gestionar nuestras emociones en las relaciones que establezcamos en el mundo real.
Otros aspectos a tener en cuenta es que muchos componentes del desarrollo de la inteligencia, también se ven potenciados con la lectura y, especialmente, con una lectura, tal vez, más meditada y reflexiva, que nos va a permitir obtener ideas e impresiones para poner en común y/o contrastar con los compañeros del club de lectura. No tiene sentido ir a un club de lectura si no se comparte lo que se piensa sobre lo que se lee, como no tiene sentido ir a un club de lectura si por sistema no se lee lo que toca leer. Estos son los aspectos que, por lo general, más inhiben para participar en los clubes, pero es, probablemente, el único y pequeño depósito, que no tiene precio, que tenemos que aportar. ¡Insignificante a mi modo de ver! ¡Leamos! Con un club de lectura o fuera de él.
Leer no nos hace más felices, pero ayuda a soportar momentos infelices. La frase no es mía, pero comparto su sentido.
¡Leed a los niños! Cuando un adulto lee a un niño, está compartiendo con él tiempo, que es lo que realmente quiere un niño, porque es lo que necesita.
Un libro para un niño es el más rentable de los juguetes. Dura y dura, aun sabiéndoselo de memoria, querrá que se lo sigas leyendo, y así querrá comprobar si su “partitura”, esa partitura que ha ido grabando en su memoria y que le ha producido tantas recompensas, coincide con la que escucha. Y no oses a modificar ninguna de las notas. Inmediatamente, como un gran director de orquesta te dirá: “así no es”.
Y es en esos momentos, mucho antes de los inicios de la lectura, cuando nos hacemos grandes lectores. Y ya un libro no es un grupo de páginas en las que podemos hablar sobre algo, es un cofre lleno de emociones. ¡Hecho nada despreciable y muy a tener en cuenta!
La lectura nos pasea por ese campo inmenso, inestable y contradictorio que nos lleva, sobre todo, a conocernos a nosotros mismos. Con lo que, a mi modo de ver, nos prepara para gestionar nuestras emociones en las relaciones que establezcamos en el mundo real.
Otros aspectos a tener en cuenta es que muchos componentes del desarrollo de la inteligencia, también se ven potenciados con la lectura y, especialmente, con una lectura, tal vez, más meditada y reflexiva, que nos va a permitir obtener ideas e impresiones para poner en común y/o contrastar con los compañeros del club de lectura. No tiene sentido ir a un club de lectura si no se comparte lo que se piensa sobre lo que se lee, como no tiene sentido ir a un club de lectura si por sistema no se lee lo que toca leer. Estos son los aspectos que, por lo general, más inhiben para participar en los clubes, pero es, probablemente, el único y pequeño depósito, que no tiene precio, que tenemos que aportar. ¡Insignificante a mi modo de ver! ¡Leamos! Con un club de lectura o fuera de él.
Leer no nos hace más felices, pero ayuda a soportar momentos infelices. La frase no es mía, pero comparto su sentido.




















