Teniente Yucalogas
Mira que eres traicionera, jodía y puñetera. Sí, eres canalla
y desvergonzada. Te lo digo a la cara como los hombres suelen decir las cosas.
Nunca a escondidas. Nada de traición, ni anonimato cobarde. Con firma, nombres
y apellidos, sin ocultarme. Te lo digo muy alto, claro y despacio, para que lo
entiendas. Me da igual que te cabrees y que vengas a por mí. Aquí estaré
esperándote, aguardándote, muerte cabrona.
Al mediodía de hoy, víspera del Día del Libro, has pasado
la piedra esmeril sobre la hoja de tu guadaña. Te ha importado muy poco, nada,
absolutamente nada, que nos visitará la amargura de la derrota. Porque la
muerte, se quiera o no, siempre es derrota, siempre.
Compañero, camarada, amigo, hermano… Un gesto sencillo, una
entrega generosa… y siempre la vida. La vida que movió pieza, bajo el noble y
bello oficio en la diagonal del alfiz, el salto del caballo, la rápida carrera
de la torre, la esbelta reina o el rey poderoso. ¡Jaque mate! ¿Por qué? ¿Por
qué se va la buena gente?
Tus nervios, tus pasiones, tus aficiones… La hermosa,
artesana y bien cuidada presentación de la revista “Peón”. ¡Cómo olvidar aquel
programa en la radio! Desde San Sebastián, pasando por Madrid y Valencia
conectados desde Montijo. Qué bien supiste engancharnos y entusiasmarnos con el
ajedrez. Antes, siempre y ahora.
No hace mucho te entrevisté para Crónicas de un Pueblo. Disfrutamos
y nos reímos durante aquellos días del mes de febrero del año pasado, en la
complicidad secreta de preguntas y respuestas. Jugamos varias partidas en el
tablero de querer, saber, averiguar y ahondar para dar a conocer. “Ese tío es
un fenómeno, un fuera de serie, ¡bravo!”, dijiste.
Me diste una primicia informativa: Calandria quiere actuar
de nuevo, vuelve, regresa. Aparece a las sensaciones que produce el escenario,
al juego de luces, los camerinos… los nervios, la sensación que transmite y da el
público… los aplausos.
Recuerdo que sonreíste ante las buenas sensaciones de un
agradecido vino de pitarra guardado en la cuba ¡Coño, camarada, ahora tenemos
un Teatro Municipal, antes no! Pero no ha habido tiempo para ello. Seguro que
junto a Ana González Zoido, Anita, planificas bajo una legión de nubes, el
reestreno de “Olvida los tambores”.
Alto, espigado, rubio, sonriente, puro nervio, extrovertido,
excelente conversador, alegre… Todo un portento en el saludable y amigable
trato, en el generoso oficio sobre el mostrador, viejo, hermoso y antiguo de “La Valenciana ”. La mejor
herencia de su padre, Manuel Polo Onteniente, del gremio bueno y honrado de los
comerciantes.
Se nos ha ido un hidalgo bueno y noble que supo saborear
los duelos y quebrantos de los sábados, bajo el mejor trago de tinto noble y
espirituoso que le fue proporcionando poco a poco los quehaceres que nos
produce la vida. Se nos ha ido un tío cabal y bueno. Se nos ha ido la “Araña
negra”. Un guardameta, un cancerbero alto y espigado, vestido de negro que
quiso parar una enfermedad que le penetró por bajo, imparable, junto al poste
izquierdo de su portería.
Pluralizo los sentimientos y las ausencias. Desde casa lo
sentimos amiga Juani Cabezas. Juana, Manolo y Cayetano, lo sentimos. Se ha
marchado una gran persona, una excepcional persona.
Mañana 23 de abril, en la conmemoración del Día del Libro,
el rito silencioso en el desahogo que producen las páginas, nos proclamará que allá,
en los altos andamios de las estrellas, Juan Cayetano Polo de Vargas hará el
primer enroque sobre el tablero que le enhebrará a la otra vida.
Teniente Yucalogas, amigo, hermano, camarada, compañero… qué
buena gente. Hasta siempre.
Mira que eres traicionera, jodía y puñetera. Sí, eres canalla
y desvergonzada. Te lo digo a la cara como los hombres suelen decir las cosas.
Nunca a escondidas. Nada de traición, ni anonimato cobarde. Con firma, nombres
y apellidos, sin ocultarme. Te lo digo muy alto, claro y despacio, para que lo
entiendas. Me da igual que te cabrees y que vengas a por mí. Aquí estaré
esperándote, aguardándote, muerte cabrona.
Al mediodía de hoy, víspera del Día del Libro, has pasado
la piedra esmeril sobre la hoja de tu guadaña. Te ha importado muy poco, nada,
absolutamente nada, que nos visitará la amargura de la derrota. Porque la
muerte, se quiera o no, siempre es derrota, siempre.
Compañero, camarada, amigo, hermano… Un gesto sencillo, una
entrega generosa… y siempre la vida. La vida que movió pieza, bajo el noble y
bello oficio en la diagonal del alfiz, el salto del caballo, la rápida carrera
de la torre, la esbelta reina o el rey poderoso. ¡Jaque mate! ¿Por qué? ¿Por
qué se va la buena gente?
Tus nervios, tus pasiones, tus aficiones… La hermosa,
artesana y bien cuidada presentación de la revista “Peón”. ¡Cómo olvidar aquel
programa en la radio! Desde San Sebastián, pasando por Madrid y Valencia
conectados desde Montijo. Qué bien supiste engancharnos y entusiasmarnos con el
ajedrez. Antes, siempre y ahora.
No hace mucho te entrevisté para Crónicas de un Pueblo. Disfrutamos
y nos reímos durante aquellos días del mes de febrero del año pasado, en la
complicidad secreta de preguntas y respuestas. Jugamos varias partidas en el
tablero de querer, saber, averiguar y ahondar para dar a conocer. “Ese tío es
un fenómeno, un fuera de serie, ¡bravo!”, dijiste.
Me diste una primicia informativa: Calandria quiere actuar
de nuevo, vuelve, regresa. Aparece a las sensaciones que produce el escenario,
al juego de luces, los camerinos… los nervios, la sensación que transmite y da el
público… los aplausos.
Recuerdo que sonreíste ante las buenas sensaciones de un
agradecido vino de pitarra guardado en la cuba ¡Coño, camarada, ahora tenemos
un Teatro Municipal, antes no! Pero no ha habido tiempo para ello. Seguro que
junto a Ana González Zoido, Anita, planificas bajo una legión de nubes, el
reestreno de “Olvida los tambores”.
Alto, espigado, rubio, sonriente, puro nervio, extrovertido,
excelente conversador, alegre… Todo un portento en el saludable y amigable
trato, en el generoso oficio sobre el mostrador, viejo, hermoso y antiguo de “
Se nos ha ido un hidalgo bueno y noble que supo saborear
los duelos y quebrantos de los sábados, bajo el mejor trago de tinto noble y
espirituoso que le fue proporcionando poco a poco los quehaceres que nos
produce la vida. Se nos ha ido un tío cabal y bueno. Se nos ha ido la “Araña
negra”. Un guardameta, un cancerbero alto y espigado, vestido de negro que
quiso parar una enfermedad que le penetró por bajo, imparable, junto al poste
izquierdo de su portería.
Pluralizo los sentimientos y las ausencias. Desde casa lo
sentimos amiga Juani Cabezas. Juana, Manolo y Cayetano, lo sentimos. Se ha
marchado una gran persona, una excepcional persona.
Mañana 23 de abril, en la conmemoración del Día del Libro,
el rito silencioso en el desahogo que producen las páginas, nos proclamará que allá,
en los altos andamios de las estrellas, Juan Cayetano Polo de Vargas hará el
primer enroque sobre el tablero que le enhebrará a la otra vida.
Teniente Yucalogas, amigo, hermano, camarada, compañero… qué
buena gente. Hasta siempre.





















