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Francisco García Pajuelo | 307
Viernes, 26 de Marzo de 2010

A mi hermana María · Francisco García Pajuelo

La vida te ha dado otro golpe. El accidente en el colegio que hizo que te tuvieras que jubilar anticipadamente y no poder dedicarte a lo que verdaderamente te gustaba que era la enseñanza; el pasar por varias operaciones perdiendo toda la movilidad de la articulación del tobillo, con limitaciones físicas y persistiendo los dolores; la muerte de tu suegro a la que tuviste que hacer frente casi sola; el mover todo para que tu suegra, con alzheimer, estuviera bien cuidada y lo más cerca de vosotros; el infarto de tu marido hace ahora tres años, hace un año el diagnóstico de la maldita enfermedad y ahora su muerte.

Esta carta empezó a fraguarse en la soledad de la habitación de la Unidad de Cuidados Paliativos del hospital que los dos compartimos en la noche que murió Dionisio. Nace desde los sentimientos, que es lo más grande que puede tener una persona. Y con el único propósito de ser un pequeño homenaje por LA GRAN LECCIÓN QUE NOS HAS DADO A TODOS. Por tu entereza y saber estar, por la paz y tranquilidad que le has proporcionado y que era lo que necesitaba en esos momentos, por darle siempre esperanzas, por el cariño con que lo has tratado, por no separarte jamás de la cabecera de su cama, por tantas noches en vela, porque aún en los momentos más difíciles dabas ánimo a su hermana, tía e hijos, por aceptarlo y no venirte nunca abajo y por tantos y tantos detalles que serían interminables de nombrar.

Pero todavía te quedan dos TESOROS, tus hijos Antonio y María, con los que estoy seguro te vas a volcar. La familia, como hasta ahora, estaremos ahí para arrimar el hombro cuando lo necesites.

Que Dios te bendiga y te recompense con creces por todo el dolor y el sufrimiento que has tenido que soportar.

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