La historia de “Amapola” cautivó al público el pasado fin de semana en el teatro de Puebla de la Calzada
Con una puesta en escena puramente clásica y una historia sencilla y emotiva, “AMAPOLA”, el último montaje de los alumnos de la Escuela de Danza Nuria Lozano de Puebla de la Calzada, bajaron el telón de este curso.
Los chicos y chicas
de la Escuela recrearon al más puro estilo del ballet clásico la historia
alegórica de una amapola enamorada de una espiga de trigo bajo los compases de
“Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi. Una hora de danza donde espectadores y
bailarines, en perfecta armonía, cargaron de emoción el aire que se respiraba
en el teatro de Puebla de la Calzada durante las dos noches en las que nació y
murió tan bella flor.
Una combinación de
inocencia y alegría, mientras danzaban los más pequeños; y de sentimiento y
profundidad cuando las evoluciones corrían a cargo de las mayores de la
escuela: ¡La vida misma! plasmada, en esta ocasión, sobre las tablas de un
escenario por unos chicos y chicas que hacen de la danza una forma de entender
la vida.
Ahora toca descansar, sin dejar de cuidarse, para regresar en el otoño
con energías renovadas, y volver a calzarse sus zapatillas y puntas e intentar
alcanzar, un año más, la Perfección.
Los chicos y chicas de la Escuela recrearon al más puro estilo del ballet clásico la historia alegórica de una amapola enamorada de una espiga de trigo bajo los compases de “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi. Una hora de danza donde espectadores y bailarines, en perfecta armonía, cargaron de emoción el aire que se respiraba en el teatro de Puebla de la Calzada durante las dos noches en las que nació y murió tan bella flor.
Una combinación de inocencia y alegría, mientras danzaban los más pequeños; y de sentimiento y profundidad cuando las evoluciones corrían a cargo de las mayores de la escuela: ¡La vida misma! plasmada, en esta ocasión, sobre las tablas de un escenario por unos chicos y chicas que hacen de la danza una forma de entender la vida.
Ahora toca descansar, sin dejar de cuidarse, para regresar en el otoño con energías renovadas, y volver a calzarse sus zapatillas y puntas e intentar alcanzar, un año más, la Perfección.







































